Entomofilia

Se pelean por un trozo de pétalo, se relajan encima de un colchón de lo más blando y aromático, se tiran de cabeza para dentro y – cómo no – se meten uno encima del otro. Por no dejar lugar y posición sin probar, hasta se cuelgan de la cuerda de tender. Es primavera y si solemos fijarnos sobre todo en la variedad de flores que inundan prados y huertas, vale la pena acercarse un poco más. Casi en la clandestinidad dentro de las flores se pueden observar verdaderos espectáculos: Insectos de lo más variopinto que se aprovechan de su aroma atractivo, de sus colores hechiceros, su dulce néctar  su seductor diseño.

 

Y tampoco hay que preocuparse de las flores así tratadas. Al contrario. Les gusta. Son las así llamadas “amantes de los insectos” y hasta hay explicaciones científicas para ese “síndrome floral” también denominado “entomofilia”. Una simbiosis perfecta que desde hace millones de años une moscas, avispas, mariposas, polillas o escarabajos con el mundo construido de preciosos pétalos. Una simbiosis entre insectos polinizadores y flores que vale la pena mirarla detalladamente…

   

Sin amigos

Ya están a la vista y falta poco para poder disfrutar de los primeros frutos de nuestras higueras: las brevas. Porque ese árbol tan fantástico no sólo se conforma con una producción frutal al año. Primero, por junio-julio, vienen las brevas, luego, más hacia septiembre, toca la segunda cosecha, la de los higos.

Para tenerlo más claro, nada mejor que acudir a viejos refranes que a su vez se ayudan de los santos y dicen así: “Por San Juan brevas y por San Pedro, las más buenas”. O “Por San Miguel los higos son miel”. Pero, para entender mejor que hay que estar al loro para no perderse la corta temporada de este delicioso fruto, dejemos los santos atrás y concentrémonos en lo esencial y práctico – que además demuestra sin tapujos la  crueldad de la vida del campo: “En tiempo de higos, no hay amigos”.

Al revés

Cuando cada día más gente camino a casa lleva consigo un mal pensamiento, teme que algún día le hayan entrado a robar en su casa, vivir en el campo te sorprende con un mundo al revés: En vez de quitarte cosas te las dejan.  Y qué cosas.  Me refiero a los regalos de los vecinos, agricultores que toda su vida han repartido lo que les sobraba.  Y así  llegamos a casa y nos encontramos de todo: patatas, cerezas, calabazas, nísperos o, como estos días, un manojo gigante de sabrosos ajos tiernos.  Puestos sin más delante de la puerta.  Qué lujo, no?

Sólo nos queda por decir: ¡¡Gracias, Luis!!

Y adiós

Ya sólo su nombre “Thaumetopoea pityocampa” no promete nada bueno y así que cuando en estas épocas se esfuma (al menos de la vista) nadie lo lamenta. Nosotros tampoco. Por fin desaparecen los nidos de la temida procesionaria del pino. No es que se hayan ido, simplemente las orugas se han convertido en crisálidas para luego hacerse mariposa y de nuevo a empezar…

Pero bien, de momento al menos se ha acabado la “caza” de los nidos creados por estos tremendos bichos que compensan la falta de inteligencia con bastante maldad, por no decir venenosidad. Y es que cuando por las tardes estos devoradores de pino bajan de los árboles para darse una vuelta, van en fila india estricta y firme detrás de la hembra más lista. Bueno lista. El naturalista Jean Faber consiguió atraer una procesión al borde de una maceta. Y ahí se quedaron. Cerraron el círculo, culo a culo, y siete días dando vueltas hasta que se murieron de hambre y agotamiento…

Malas sí que son. Basta con el mínimo contacto con su uno de sus 600.000 (!) pelos para sentir las consecuencias del veneno llamado Thaumatopoein. Si sólo notas picor estás de suerte, porque puede provocar horribles reacciones alérgicas… Horror de todo “cuatro patas” que suele meter su hocico en el suelo…

En resumidas cuentas: Aunque los pelos pueden sobrevivir durante años en el suelo, al menos a partir de ahora ya no los vemos.

“Sufrimiento gourmet”

Las manos arañadas, los ojos cansados, piernas y espalda agotadas de tanto agacharse. No hay duda, yo,  por mis espárragos trigueros … sufro!. Y no sólo yo. Decenas, cientos, quizás miles de sufridos gourmets  se echan al campo en búsqueda de la “primavera en tallos”, de la “verdura real”, del “manjar de los dioses”, del “ébano comestible” – bueno, en este caso ébano verde. O sea: Aspáragus acutifólius, el espárrago salvaje que estos días se asoma por nuestros campos y atrae a todos los que les gusta buscarse la comida y, sobre todo, disfrutar de un plato de los más exquisitos.

Ya los viejos egipcios sabían del fino sabor de los tallos herbáceos, una pasión que también la sintieron los griegos y los romanos que a la vez aprovechaban las cualidades medicinales de la planta.

Sabiendo que a parte de exquisito, el espárrago es diurético, poco calórico y en el caso del espárrago triguero incluso gratis, es normal, que haya tanto aficionado rastreando los campos. Y no sólo los campos de trigo que en su día le dieron el nombre a esta variedad salvaje. Las yemas de las esparragueras también nacen en campos abandonados, bordes de caminos, acequias…

Este año se asoman tarde, y además, parece que van a ser raros. No importa. Porque cada paseo que damos estos días por los campos en búsqueda de esos tiernos manjares también es un paseo por la primavera que se hace notar cada vez más. Se ve a primera vista, no hace falta ni buscarla.


Ni fallas, ni San José

No, no hace falta ni el santo carpintero de Nazareth ni que lleguen las fallas para notar y ver que ya está aquí: La primavera ha llegado y con las últimas lluvias la naturaleza se ha soltado la melena. Así que hoy disfrutamos de un pequeño paseo por nuestra finca, descubriendo los mensajeros de la nueva estación. Imágenes que valen más que calendarios.

PD: No! Os lo juramos! Aquí en Jérica NO hay fallas! Ni mascletás, ni cabalgatas, ni embotellamientos, ni música hasta altas horas de la noche, ni…
Aquí reina la primavera y nada más.

Por fin

Por fin se ha acabado la temporada de caza y ya no se oyen disparos desesperados de cazadores hambrientos de éxito. Aficionados que se acercan demasiado a las casas, disparan donde no deben y a falta de jabalíes, liebres y perdices se matan entre ellos. Por fin entramos en otra época del año, en la época de los recolectores que han reconquistado los campos y prados y van en búsqueda de su particular caza comestible.

Por ejemplo, ajos puerros salvajes que estos días brotan por nuestra finca y por campos abandonados en los alrededores. Basta con equiparse con una buena pica y, con los ojos clavados en el suelo, empieza un paseo muy especial. El objeto del deseo, Allium ampeloprasum, a estas alturas del invierno se distingue muy fácil ya que es de las pocas plantas que ya luce un verde fuerte y primaveral. Mientras el puerro “doméstico” comercializado es totalmente recto, su parentela salvaje termina en un bulbo – bueno, siempre y cuando logramos sacarlo del todo de la tierra.

No tardamos mucho y ya tenemos parte de la cena garantizada. Los ajos puerro salvajes se prestan para una tortilla, una buenísima crema, pero también son exquisitos envueltos en jamón, bañados con nata o preparados como una ensalada ligera. Porque el “espárrago del pobre” no sólo se deja cazar totalmente gratis, sino también carece de calorías. Un “déficit” que compensa con un montón de cualidades sanas como grandes cantidades de vitamina C y E, carotenos, potasio, ácido fólico, calcio, hierro…

O sea, paseando por los prados y campos es fácil convertirse en un “porrophagus” – así bautizaron al emperador Nerón que no podía resistirse a los sabrosos tallos. Pasión que le trajo el sobrenombre de “comilón de puerros”. Bien, podremos soportarlo. Mañana volvemos al campo a “cazar”. Y levantamos la veda. Porque a partir de ahora no nos para nadie. Nos estarán esperando espárragos trigueros, achicorias, blugosas, borraja, collejas, diente de león, lampsana, mostaza… Esto sí que es vivir en el campo y disfrutarlo. ¿Os animáis? Daremos pistas, prometido.

Y se hizo la nieve

Ya la tenemos, esa silueta tan bonita que se presenta después de las primeras nevadas: El horizonte se viste de blanco, y desde Sharíqua se ven las sierras de El Toro y Javalambre con su estampa más invernal, luciendo una fina y delicada capa de nieve. Hoy, además, después de muchos días en tonos grisáceos, Jérica ha amanecido con un cielo brillante y azul, el aire fresco y los campos bien “regados”… ¿qué más se puede pedir?

Almendros en apuros

Ya están aquí y para su debut no hubieran podido escoger peor momento. Justo cuando el mercurio de los termómetros en los pueblos del Alto Palancia emprendió camino hacía abajo, se asomaron las primeras flores de almendro. Después de haberse encontrado con temperaturas nocturnas bajo cero y despertarse algo “arrugadas”, probablemente los miles y miles de capullos se lo pensaran bien antes de abrirse y llenar el campo y el cielo con sus toques rosa y blanco. Es que anoche tuvimos 5 grados bajo cero en Jérica – y aún estábamos de suerte, mirando hacia la vecina Teruel donde tiritaban con unos mínimos de 12 grados bajo cero.

De todas formas, faltará poco y los campos de almendro en flor cambiarán el paisaje y abrirán la temporada de novedades casi diarias en la naturaleza que por fin se está despertando de su sueño invernal. Y enseguida el almendro tendrá competencia. Cuando en otras regiones lamentan la caída de sus últimas flores, en el Alto Palancia ya se visten de blanco los campos de cerezo. Otro espectáculo que no hay que perderse.