Prunus spinosa

La endrina es un fruto estupendo. Al menos cuando has podido sacarlo de su arbusto enmarañado y lleno de espinas. No es de extrañar que en algunas zonas del país se llame arañón porque de la lucha con Prunus spinosa nadie sale ileso.

Pero lo dicho, una vez cosechado a finales del verano, la endrina es más que agradecida. Dado que por su sabor agridulce necesita pasar por temperaturas bajo cero para perder su amargor, lo más fácil es hacerle un hueco en el congelador y sacarla poco a poco cuando se necesite. Así habrá endrina durante todo el año. Para hacer, por ejemplo, una maravillosa jalea de endrina – un manjar capaz de endulzar cualquier desayuno. Eso sí, a la hora de preparar la jalea Prunus spinosa de nuevo saca su lado más espinoso ya que para elaborarla hay que invertir algo de tiempo.

Los ingredientes:
– 1 kg de endrinas
– 0,5 kg de manzanas
– 1 kg de azúcar
– 3 cucharas de zumo de limón
– 1 cucharita de canela

Primero hay que lavar las endrinas. Pelar las manzanas, quitar el corazón -¡reservarlos!- y cortar en trocitos. Meter toda la fruta, el zumo de limón y la canela en 1,5 litros de agua y poner a hervir. Dejar que hierva a en temperatura media durante 1,5 horas.  Aplastar las endrinas con una maza. Verter todo a través de un colador y un paño a otro recipiente y dejar escurrir muy bien.

Ahora se calienta el zumo con el azúcar y los corazones hasta que empiece a espesar. Meter en recipientes bien esterilizados y dejar enfriar. La jalea tardará en espesar del todo… pero para entonces estará irresistible.

Cocina cítrica

¿Cuál es el resultado de una despensa llena de frutos cítricos y unos días nublados con mucha lluvia? La respuesta: Un frigo lleno de Lemon y Orange Curd. ¡Hmmmmmmmm! Y antes de eso, una cocina oliendo la mar de bien a limones y naranjas.

Quien haya probado esa crema una vez entiende perfectamente la adición que sufren ingleses y americanos -los artífices de tal manjar- por ella. Huele que alimenta, entra a cucharaditas aunque lo suyo es servirla acompañando tostadas y scones. Los adictos la usan para rellenar tortas y muffins, enriquecer un yogur o como topping de una ensalada de fruta. En fin: Una crema que no sólo despierta la vena golosa, sino también la fantasía.

Y lo mejor: Está hecha en un plis plas.

Los ingredientes para 2 frascos:
150 g de mantequilla
500 g de azúcar
6 limones (o 4-5 naranjas)
6 huevos
cáscara de limón (o naranja) rallada en caso de disponer de fruta ecológica

Tanto para hacer Lemon Curd como Orange Curd el proceso es el mismo. A continuación vamos a preparar la variante lemon:

Se exprime 300 ml de zumo de limón. Se derrite la mantequilla y una vez líquida se añade el azúcar y el zumo de limón (y en caso de disponer de ello, la cáscara rallada) y se calienta a fuego suave hasta que el azúcar se haya diluido.

Se baten los 6 huevos ligeramente y a continuación se añade a la crema pasándolos por un colador. Hay que mover continuamente y la crema no debe llegar a hervir en ningún caso. Después de unos 10-15 minutos debe empezar a espesarse notablemente. Es el momento de verterla en botes bien esterilizados.

Como contiene huevos y mantequilla hay que guardarla en el frigorífico y tampoco aguantará más de unas dos semanas. La solución para no pegarse un atracón a la primera: Se puede congelar en pequeñas raciones y tenerla siempre a mano cuando entra el “mono” lemon curd…

Aceite que alimenta

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Basta con abrir el tapón y dejarse seducir por esa mezcla de aromas entre un buen aceite de oliva -el de Jérica, claro está ;-)- y uno de los cítricos más irresistibles, la mandarina. Sí, hemos hecho un aceite con aroma a mandarina y romero y, todo hay que decirlo, realmente mandarina4_casa-rural-shariquanos encanta. El resultado es un aceite afrutado con un ligero sabor a cítrico que a partir de ahora va a acabar en ensaladas, sobre unas lonchas de jamón, aromatizando sopas y entradas…

Los ingredientes:

0,5 l de aceite de oliva
200 g de mandarina ecológica
3 ramitas de romero

Lavar las mandarinas y cortarlas enteras en trocitos muy finos. Meter en el bote con el aceite y añadir las ramas de romero. Dejar macerar durante unas 3 semanas en un lugar oscuro y fresco. Filtrar y a disfrutar.

Vitamina C

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El cielo gris, la temperatura templada, el ánimo correspondiente. Es hora de darle la vuelta al ambiente y ponerle energía al cuerpo. Nada más fácil estos días en que nos han regalado toda una caja de mandarinas ecológicas -¡gracias cuñado!- que a partir de hoy se van a convertir poco a poco en mermelada, aceite aromatizado, postres, pasteles, sopas con toque picante… mandarina2_casa-rural-shariquaSólo de pensarlo ya se hace notar ese aroma irresistible que desprende ese cítrico que lleva siglos reforzando la salud de los humanos con una buena dosis de vitamina C, con potasio, calcio y magnesio.

Empezamos con una seductora mermelada de mandarinas con clavo y canela… Una bonita mezcla entre los aromas del invierno y la frescura de un día de primavera.

Los ingredientes:

1 kg de mandarinas
800 g de azúcar
3 clavos
1 rama de canela

Pelamos las mandarinas -¡que no quede nada de la piel blanca que amarga!- y las cortamos en trocitos. Añadimos el azúcar, los clavos y la canela y lo ponemos a hervir en un cazo de metal. Mover a menudo para que no se pegue. Cuando empiece a hervir, calculamos unos 5 minutos y hacemos la primera prueba del espesor. Si una gota caída en un plato bien frío se queda quieta, ya está la mermelada lista para rellenar los recipientes.

Dejar los botes 5 minutos boca abajo y listo. Ya sé que ahora toda la cocina huele que alimenta, pero, al menos, dejad que la mermelada se enfríe antes de abrir el primer bote ;-).

Programa contraste

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Después de varios días de lluvia -¡qué bien!- y con el campo más que feliz, toca alegrarnos los tonos grises con algo divinamente dulce. ¿Qué tal con unas almendras garrapiñadas hechas en casa? Ya sólo el olor mientras se cuecen llena la cocina de buen ambiente. Si encima se les da un toque navideño y picante…, ya no se puede pedir más. Además, sólo hacen falta un par de ingredientes.garrapinadas_casa-rural-shariqua

– 200 gramos de almendra con piel
– 125 g de azúcar
– 1 cucharadita de especias navideñas
– 1/2 cucharadita de copos de chile

Para empezar hay que calentar 100 ml de agua con el azúcar y las especias añadidas. ¿Qué especias le dan ese toque navideño? Pues, desde canela pasando por anís estrellado, jengibre, macis, cardamomo hasta clavo o pimienta de Jamaica. Así que hay un sinfín de combinaciones según gustos y preferencias.

Una vez caliente el agua azucarada y condimentada, se añaden las almendras y ya toca mover sin parar. A fuego lento, poco a poco desaparecerá el líquido, las almendras primero se cubren de una capa blanquecina, luego el caramelo se vuelve líquido y envuelve de nuevo a las almendras. Todo este proceso durará unos 10 minutos. Acto seguido hay que separar las almendras en papel de cocina y dejarlas enfriar. Si hace falta guardarlas -muy poco probable- lo mejor es un bote de cristal.

 

La agradecida

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No las cuidamos, no las podamos, no les hablamos. Y aún nos lo agradecen así. Nuestras uvas, fiel testimonio de que también en Sharíqua en su día se dedicaban al cultivo de “vitis vinifera”, este año nos han parecido especialmente grandes y dulces. Son pocas, es verdad, pero suficientes para alegrarnos las mañanas con un zumo de uva buenísimo y además convertirse en un gelée que tan sólo por su intenso color se hace irresistible.

Ya que no disponemos de licuadora, recurrimos a otro procedimiento algo más laborioso. Después de haber lavado las uvas a conciencia y haberlas separado del racimo, las colocamos en una olla, añadimos zumo de manzana y de limón. ¿Las uva2_casa-rural-shariquacantidades? Para dos kilos de uva, utilizamos 250 ml de zumo de manzana y el zumo de dos limones. Calentamos las uvas y las dejamos hervir brevemente hasta que todos los granos hayan reventado. Ahora las masa se pasa fácilmente por un colador.

Dulce, con un toque ácido y además cien por cien ecológico. Qué zumo más bueno. Casi no se puede pedir más, a no ser que te guste la mermelada. Como es nuestro caso, convertimos un litro de nuestro zumo en gelée de uva.

Para eso añadimos 700 gramos de azúcar, una vaina de vainilla y la piel de una manzana (para aumentar las pectinas y ayudar a que el gelée espese). Se calienta y se deja hervir hasta que empiece a espesar. Para comprobar la textura, dejar caer unas gotas en un plato recién sacado del congelador. Si la gota se para rápidamente, el gelée ya está perfecto para meterlo en botes bien esterilizados. Dejarlos cinco minutos boca abajo y listo. ¿A que es irresistible?

Con “toque tomillo”

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Sorprende que detrás de un nombre tan poco complaciente como Rubus ulmifolius se esconda una fruta tan apreciada, tan dulce y sana como la mora. Por otro lado hay que admitir que ese arbusto se puede convertir en un huésped muy pesado, invasivo, sanguinario y dispuesto a convertir tu huerta en bosque-zarzal a velocidad vertiginosa. Y tanto a la hora de combatirlo como sea o de cosechar sus apetitosas “polidrupas”, la zarzamora suele defenderse con espinas puntiagudas que se clavan en todo lo que se le pone por delante.

Pero puestos a sufrir un poquito…, hemos ido a dar uno de los últimos paseos cosecheros en busca de moras. Ya quedan pocas, pero vale la pena abastecerse para todo el invierno, no sólo por los múltiples usos que se le puede dar a ese fruto del mora_casa-rural-shariquabosque, sino también por sus cualidades saludables. Es fuente de varias vitaminas, sales minerales, hierro y flavonoides.

Así que ya guardamos varias bolsas en la nevera, pero esta última tanda se va a convertir en un irresistible licor de mora con toque de tomillo.

Los ingredientes:

0,5 l de vodka
300 g de mora
300 g de azúcar cande
3 ramitas de tomillo
1 vaina de vainilla

Meter todo en un recipiente bien esterilizado, cerrar bien y “¡paciencia y barajar!”. Dentro de dos meses podemos brindar.

 

 

Simsalamermelada

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Ha llegado el momento de acudir al acopio de provisiones. Se abre el congelador y sin necesidad de recurrir ni al simsalabim, ni al abracadabra, hocus pocus fidibus y tampoco al sator arepo tenet opera rotas, entramos en el paraíso de las frutas frescas, pero fresquísimas. Ahí están los higos blancos, las cerezas, las moras… invernando para convertirse en mermeladas que hacen soñar con el verano, los días largos y las noches templadas.

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Que no haya que estresarse con las cosechas inmensas de frutas o verduras y poder “criogenizarlas” durante muchos meses para su posterior disfrute, hay que agradecérselo al biólogo marino estadounidense, Clarence Birdseye (1886-1956). Un inquieto naturalista con enormes dotes de inventor que en sus muchos viajes a Terranova había quedado fascinado por la forma fácil de conservar el pescado que practicaban los inuit: Simplemente lo ponían al viento que, con sus gélidos 45 grados bajo cero, lo congelaba al instante. Una vez descongelado, sabía como recién pescado.

Para dar los primeros pasos hacía lo que hoy en día disfrutamos como congelador, al inventor americano le sobró con: el descubrimiento de que los alimentos se mantienen en perfecto estado a una temperatura de -17,7 grados, un par de dólares, hielo, sal y un ventilador eléctrico. Y así en los años 20 del siglo pasado Birdseye montó su primera máquina para la congelación de choque…

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Inventor Clarence Birdseye. Foto: Birdseye
Antes de quedarnos gélidos ante tanta genialidad, volvamos a nuestra faena inicial. Inventar mermeladas. Con nuestra fruta ya descongelándose y con algunas compras de género fresco creamos las siguientes combinaciones: Una mermelada de higo blanco con peras y cardamomo, otra mermelada con moras, plátano y un toque de canela y, como última y algo exótica, una mermelada con cereza, plátano, kiwi y naranja. Hmmmm, toda una tarde de cazuelas con colorines. Y al final una despensa llena de nuevo.

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“Frozen Drupa”

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“Frozen Drupa” – ¿a que suena como la nueva bebida de moda? Y puede que lo sea. Abrimos la temporada llamada “elaborando licores” para que todo esté listo, o sea bebible, dentro de unos meses con la avalancha de fiestas que se licor de endrina_casa rural shariquaavecina. Y qué mejor que empezar con un fruto clásico y destinado a convertirse en un licor estupendo: la endrina. Este año el resultado no va a llamarse Pacharán, sino será un licor de endrina menos dulce pero por esto no menos navideño. Para esto los pequeños frutos de color violáceo van a pasar unas semanas en compañía de ingredientes como piel de naranja, clavo, canela y anís estrellado… ¡Sólo oliéndolo…!

Pero antes de poder usar las pequeñas bolitas azuladas hay que superar un par de pasos previos. El más espinoso, sin duda, es la recolección ya que estas apreciadas drupas crecen en un arbusto-arbolito arañonero que hace justicia a su nombre: Prunus spinosa defiende sus frutos con agudos espinos y los dota con una característica que los hace más difíciles de digerir. Las endrinas tienen muchos taninos por lo que se recomienda usarlas sólo después de las primeras heladas que le quitan algo de su astringente sabor.

Como – dependiendo de la región – a veces es algo complicado esperar a noches gélidas, como alternativa se pueden “domar” las drupas metiéndolas entre 24 y 48 horas en el congelador.

licor de endrina3_casa rural shariquaSuperados estos preparativos, las “frozen drupa” ya están listas para su transformación. Aquí vienen los ingredientes de nuestro “Licor de Endrina” con toque navideño:

700 g de endrinas (congeladas)
500 g de azúcar candí blanco y marrón
1 l de vodkalicor de endrina5_casa rural shariqua
2 ramas de canela
3 anís estrellado
10 clavos
1 vaina de vainilla
la piel de una naranja

Llenar un recipiente de cristal con todos los ingredientes y cerrarlo bien. Dejar reposar durante 2 meses y mover de vez en cuando. Pasar el líquido por un filtro y a disfrutar…

 

 

La sal del limón

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Si un buen amigo te regala un montón de limones ecológicos, sin duda, estás de suerte. Pero claro, no basta con alegrarse limon1_casa rural shariquaante una mini montaña de color patito chillón. También hay que usar todos estos brillantes limones y después de haber hecho los pasteles, el licor, la mermelada, el limón en polvo, el zumo, la crema…, te das cuenta de que no hay tantas recetas… a no ser para conservarlos.

Gracias a la cocina global y un viaje virtual a Marruecos ahora tenemos un precioso bote lleno de limones confitados a la sal. Una forma simple de conservarlos durante semanas y poder usarlos en un sinfín de platos con pollo, pescado, couscous, verduras…

Los ingredientes:
– 15 limones
– 100 g de sal gorda marina
– el zumo de 5 limones
– al gusto: especias como clavo, canela, comino, pimienta, laurel…
– aceite de oliva

Primero hay que lavar los limones bajo agua caliente, cortar una punta y blanquearlos durante tres limon2_casa rural shariquaminutos en agua hirviendo. Luego se hacen cuatro cortes a lo largo del fruto en cada limón sin cortarlos del todo. Se pone una cuchara de sal gorda entre los cortes y se guardan los limones en un bote bien esterilizado. Cuando ya no caben más, se echa el zumo de cinco limones, 4 cucharas de sal y se rellena hasta cubrirlos con agua hirviendo. Se cierra el bote y se deja durante 4 días en un lugar oscuro y fresco. Moverlo cada día. Al quinto día se echa una capa fina de aceite de oliva y se dejan reposar como mínimo 3 semanas más.