Récord sin comparaciones

Hay momentos en la vida que es mejor NO buscar comparaciones. Es el caso de la campaña de la oliva 2010. Porque cuando uno sabe que en la almazara del pueblo este año esperan recoger un millón de kilos de aceitunas, mejor no mencionar nada. Podría pasar algo desapercibido lo que han dado nuestras oliveras de si – y no sería nada justo.


Hemos terminado la recogida y lejos de buscar comparaciones, lo que importa es que hemos batido nuestro propio récord: Hemos aportado 273 kilos de oliva a la gran campaña jericana de este año. Todo orgullosos. En fin, son unas 13 cajas y la despiadada experiencia de que las olivas son más pequeñas de lo que parecen.

Es cierto que a ningún agricultor jericano se le ocurriría hablar de una cosecha que no contara con tres ceros detrás de la cifra, vamos, probablemente ni extenderían las mantas… Pero también es cierto que pocos tratan sus olivas con tanto mimo y las llevan tan limpias a la almazara como nosotros. Algo es algo.



Hay que confesar que nuestra campaña en el último momento parecía hacerse eterna. Los silos de la almazara estaban a rebosar, y mientras se molían, se pesaban, se limpiaban y se transportaban aceitunas por un sinfín de cintas sin parar, la cola de tractores, camiones y particulares pacientes cada vez se hacía más larga. Todo un rito, nadie se ponía nervioso, nadie se quejaba. Campaña “slow”. Ya se sabe, cuando la cosecha es buena la espera es larga.

Después de siete horas de cola y conversaciones sobre dios y el mundo, llegaba nuestro turno: A las 01.05 horas de la madrugada se pesaban nuestras olivas. No podéis imaginaros qué felicidad pueden producir 273 kilos de aceitunas a altas horas de la noche. Por haber terminado por fin, pero también porque dentro de unos días estos frutos brillantes se habrán convertido en ese gran aceite virgen extra tan aromático, tan suave y con su peculiar toque afrutado que encanta a quien lo prueba.

Con la regla de 1 litro por 5 kilos de oliva, nos llevaremos unos 55 litros a casa. Y esto sí que no tiene comparación.


El gran Olvidado

Que cada vez haya más frutos en el mercado, indiscutiblemente tiene su encanto. Pero no todos están de acuerdo. Hay algunos casi condenados a desaparecer. El membrillo es uno de ellos. Y si no fuese por sus enormes ganas de (sobre)-vivir y su adorable independencia -el membrillero crece sin cuidados en campos abandonados, bordes de caminos y se resiste contra vientos y heladas a admitir que ya es invierno-, seguro que ya no disfrutaríamos de este arbusto-árbol que aún a estas alturas brilla con sus grandes frutos.

Frutos que al sol parecen oro puro.

El membrillo -desde siempre símbolo de amor, felicidad, fecundidad, belleza y perseverencia- atrae con un aroma exquisito, sin embargo… el gourmet lo tiene crudo: El membrillo es difícil de pelar, hay que quitarle su pelusilla y no es comestible en estado natural. Eso sí, aguanta un montón para poder pensar tranquilamente qué hacer con él.

Nosotros este año además de mermeladas y jaleas, hemos probado una nueva receta con el membrillo como protagonista, acompañado de plátano, curry…  ¿El resultado? Un nuevo compañero para el queso.

Si queréis probarlo, encontráis la receta en Sharíqua presenta.


Ya vamos

Quién  hubiera dicho que esperaríamos este momento con tanta inquietud: Empieza la campaña de la oliva 2010, abre la almazara de Jérica y como mínimo durante dos semanas los tractores, el olor a aceituna y el ir y venir del campo determinarán muchas vidas.

No es que tengamos muchos olivos, y los que tenemos tampoco son de los más productivos. Sin embargo, nos hemos enganchado…  Enganchado a la vida del campo. Y eso, cuando todo empezó bien distinto.  Nuestra finca y con ella los olivos habían estado más de 20 años sin cuidar y cuando aterrizamos nosotros, expertos en la materia nos decían:  “¡¡¡Estos árboles necesitan una poda radical!!  Y luego ya veremos.”  Parecía una sentencia con fatales consecuencias.

Es que hay que saber que una poda radical hecha por un hombre del campo es un espanto.  Al final no quedará nada, y también nuestros olivos parecían haberse quedado sin aliento, sin alma, sin defensas.  De ramas y hojas, mejor ni hablamos.  Así que decidimos: Nunca más, de poda nada, a partir de ahora que crezcan y si no hay olivas, no hay.

De eso hace ahora cinco años.  Ya no contratamos podas, no, las hacemos nosotros. Nos sigue encantando como se recuperan y crecen los olivos, pero también nos encanta cada oliva que producen.  Después de la poda, ya en mayo, cuando sacan sus flores miramos – con más interés que conocimiento – si la cosa va bien.  Cuando en verano aparecen unos frutos minimalistas, también seguimos el proceso con la misma cara de entendidos y comentarios al cuento. Y finalmente, cuando las aceitunas ya han cambiado de verde a un brillante negro, llega el gran momento:  Abre la almazara.

No hay que esperar más:  Manos a los olivos.  Ya os contaremos cómo nos ha ido la cosecha.  Y, desde luego, os hablaremos de ese aceite de oliva virgen tan especial que se produce en Jérica y en todo el Alto Palancia.

Debilidades

Cuando uno tiene una debilidad por algo, lo mejor es reconocerlo. Ya sabéis que una de las nuestras son los calabacines, que este verano nos sobresaltaron con una super-cosecha. Pero no os lo hemos dicho todo. Hay más. No sólo son los calabacines, también las calabazas. Este año las tenemos de todas las formas, colores y tamaños.

Y estamos encantados.

Todo empezó con un campo nuevo y exclusivo para la reina “cucurbita L.”, un campo que Vicente durante días y días había arrebatado a las hierbas, gramíneas y arbustos que ahí habían acampado a sus anchas. A partir de mayo ya fue terreno exclusivo “calabacero” y empezaron a correr y expandirse por ahí las Stripetti y Red Turban, Alladin y Honey Bear, Kamo Kamo y Butternut, African Smaragd y Patisson. No todas crecieron bien, hay que reconocerlo. Black Futsu por ejemplo no fue vista ni siquiera. Y tampoco hemos batido el record mundial, que en estos momentos lo sustenta una calabaza que ronda los 500 kilogramos. Pero las calabazas que crecieron en Sharíqua no defraudaron ni en colores ni en sus formas redondas, ovaladas y hasta extravagantes.

¿Por qué parece que queremos más a las calabazas que a sus parientes pequeños, los calabacines? Fácil. “Cucurbita L.” no sólo es sumamente atractiva, un encanto para los ojos donde esté, también es una de las verduras más duraderas. Le sobra con un rinconcito algo resguardado del sol y de la lluvia y sin problemas pasa todo el invierno esperando qué va a ser de ella. Y ahí se ofrecen un sinfín de destinos: tartas y tortas, pucheros y panes, cremas y quiches, postres, mermeladas…

Una de las recetas que en nuestra cocina-calabacera nunca falta – ni falla – es Mermelada de Calabaza con Guindilla. Un verdadero “despertador” matutino durante el desayuno y un acompañante perfecto para el queso. ¿Lo queréis probar? Los ingredientes están en “Sharíqua presenta”.

Paseo con pausas … y lágrimas

Estos días el pequeño paseo de Sharíqua a Jérica puede durar más de lo normal. Incluso mucho más. En compensación se hace infinitamente más dulce. La “culpa” la tienen las higueras que bordean el sendero y que ahora están a rebosar. Llevan frutos de distintos tamaños, aún verdes, tímidamente morados o con un color violeta que enamora. Ya a distancia seducen con su exótico aroma a paraíso, ese lugar lejano con que quedarán eternamente asociados después del lapsus alimenticio de nuestros antepasados biblicos.

Pero lejos de presentarse como un fruto prohibido, los higos casi caen en la mano, quieren ser degustados aún durante el camino, animan a un improvisado picnic con vistas al pueblo o – una vez de vuelta a casa –  garantizan una excursión culinaria rápidamente preparada: Al higo le sobra con un poco de queso, algo de jamón, unas nueces… y ya se ha convertido en un irresistible manjar.

Para todos aquellos que cara a cara con estas bombas energéticas de procedencia oriental se dan cuenta que están más preparados para ir a  la  frutería de la esquina que saber cuál higo colgado de estos impresionantes arboles ya está listo para ser comido, aquí va un viejo refrán popular que con drásticas comparaciones despeja cualquier duda. Y dice así: “El higo debe tener el cuello del ahorcado, ropa de pobre y ojo de viuda.” Que con palabras algo más amables no quiere decir otra cosa que el rabo del fruto debe estar seco, la piel arrugada y al abrirlo debe desprender una lágrima de almíbar.

Y ante tanta fruta casi caída del cielo, qué tal si probáis una receta que estrenamos el otro día y que en combinación con cualquier queso es todo un descubrimiento: Mostaza de Higo.

Los ingredientes los encontráis en “Sharíqua presenta”.

La Amenaza

Es cierto, ya están en sus últimas, pero no quita que la matutina visita a la huerta se haga algo estresante. ¿El motivo? También este año en primavera nos emocionamos y cometimos un error cuyas consecuencias hemos sufrido a lo largo de todo el verano – probablemente al igual que muchos otros aficionados a la agricultura: Plantamos demasiado calabacín y como era de esperar – o temer – las plantas han dado lo máximo de sí.

Empezaron las tortillas de calabacín, las cremas, los quiches, las flores de calabacín rellenas … Siguieron las mermeladas, los calabacines congelados, los purés. Volvían las tortillas . .. Vamos, llega el momento que cada nuevo calabacín te parece una amenaza. Y atrévete a preguntar en un pueblo agrícola como Jérica a algún vecino si quiere calabacines… También suena a amenaza…

Pero bien, lo dicho: Ya casi se cierra la temporada de “Cucurbita Pepo L.” y lo hemos celebrado con un nuevo chutney de calabacín. Un éxito. Si queréis probarlo, la receta la encontráis en “Sharíqua presenta”.

Momento Mora

Este año son especialmente grandes, hay muchas y es imposible resistirse: Es tiempo de moras. A parte de las distintas mermeladas con mora, este año nos hemos puesto otro reto: Licor de Mora y Jerez de Mora. Si nos ha salido bien, no lo sabremos hasta dentro de 2 ó 3 meses. Si queréis compartir la aventura, la receta la podéis encontrar en Sharíqua presenta.