Lilo a la Cazuela

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Antes que nada que conste: No cocinamos gatos. No se cocina en esta cazuela desde hace años. Y Lilo, la bella durmiente, no es amiga de ofrendas. Simplemente, es nuestra gata que más se empeña en buscar sitios especiales para echar la siesta.

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Y de estos sitios lógicamente encuentra un montón a lo largo de la finca – y sospechamos que fuera de ella también. Preferentemente deben ser lugares donde ella apenas cabe, lugares “modelo cueva camuflada”, lugares cómodos y fresquitos o lugares con aires de altura. Vamos, felizmente felina y capaz de sorprendernos – o asustarnos – cada vez de nuevo.

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Y claro, si la despiertas mal, tiene un genio…

No, tranquilos, es broma. Los dientes tipo león sólo se deben a la lentitud de nuestra cámara. El bostezo, sin embargo, es de verdad. 

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El más mimado

Hoy toca hablar del lado oscuro de Edu (o Edu Jr.). Y es que al ver una ardilla con esos ojazos ardilla1_casa rural shariquadulces y ese pelo tan suave, sedoso, brillante, y con lo graciosas que son… uno se olvida de que Sciurus vulgaris es un omnívoro. Es decir, aparte de la idílica imagen reinante de unas patitas agarrando nueces y bayas, está su otro plato favorito: insectos, caracoles y… ¡polluelos!. Esto último lo tuvo que vivir de forma dolorosa el protagonista de esta pequeña historia. Nuestro diminuto verderol que al verse arrinconado por Edu (o Edu Jr.) no vio otro remedio que lanzarse al vacío y con ello adelantar su momento volantón emancipatorio unos cuantos días. El resultado no pudo ser más desastroso: Desde un gran pino logró planear salvando apenas un bancal aterrizando de forma brusca debajo de un olivo en la entrada de la casa. ¿La cara que se te pone al vivir una caída libre con aterrizaje forzoso? Pues esta: 

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Claro que  en ese momento, el polluelo aún no sabía que no hay caída que por salvador no venga – o con otras palabras, no pajaro1_casa rural shariquahay daño que no tenga apaño. Eso sí, hay que tener la suerte de que te recojan unos verdaderos expertos en asuntos de pájaros. Como lo son nuestra cuñada y cuñado que, de visita en Sharíqua, tomaron las riendas en el asunto. Y quien mejor para tratar con polluelos que dos que tienen en casa un Yaco y un canario y saben de lo delicado que son las aves… Así que: “a mimar”. 

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Pollico fue alojado en una jaula bien equipada y alimentado con pan mojado. De día, estaba viviendo – bien vigilado – en pajaro3_casa rural shariquael olivo delante de casa y no tardaron mucho en venir sus padres para alimentarlo a través de las barritas. De noche a casa, al calentito. Y así casi una semana hasta que sus evidentes ganas de volver a probar sus alas hicieron que abriésemos su puerta. Y voló. Esta vez sin problemas, ni aterrizajes bruscos, ni persecuciones. Y eso a pesar de pesar un par de gramos más… 

P.D.: ¿Por qué pensamos que no ha sido Edda? Pura intuición femenina ;-).

P.P.D.: ¡Muchas gracias por las fotos, Tina!

Permisoooo! Edu Jr.

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Más bien bola, algo punky, ojazos increíbles y sumamente curioso. Así se presentó estos días Edu Jr. en nuestra finca. Exacto, suponemos que es hijo de nuestra pareja-ardilla que ya conocéis. Pero mientras Edu y Edda tienen su coto particular entre los pinos alrededor de la casa, Edu hijo se abre nuevos caminos. Lógico, es joven. Le encanta explorar, ya ha bajado varios bancales y se pasa el día en los almendros.

Hay varias razones que hablan en favor de esa posición estratégica: De ahí puede observar la casa y los pinos (con los padres) – ¿con unos ojos así se supone que las ardillas ven de lejos, no? –, puede gozar de las vistas hacia Jérica y nos puede otear preparando la huerta de cara a la primavera. Y de paso controlar los progresos de las almendras, no vaya a ser que maduren sin probarlas. Simplemente ideal. 

PD: ¿Por qué pensamos que es macho? Pura intuición femenina. 

PDD: ¿No conocéis a Edu y Edda? Pinchad aquí 😉

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Allium a la vista

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Es una presa fácil. Siempre aparece en grupos, donde hay uno habrá más y además no se camufla en absoluto. sharíquaHablamos del Allium ampeloprasum, alias ajipuerro, que estos días crece en estado salvaje en campos soleados y con buena tierra. Después de las lluvias otoñales está sacando sus fuertes y largas hojas verdes por encima del resto de la vegetación más bien en estado invernal. Es una “caza campestre” sumamente sana y – si cabe – aún más deliciosa.

Con su suave sabor a ajo y cebolla es el ingrediente ideal para un revuelto o una ensalada de invierno, la base perfecta para una crema, un acompañante genial de otras verduras o setas.  Así que no extraña que se haya ganado el apodo de “espárrago del pobre”. Y sabiendo sharíquaque hasta las bonitas flores lilas que pintan el verano más exótico son comestibles…

Y encima  Allium ampeloprasum sabe hacer aún más cosas. Se dice que ayuda al metabolismo, remedia la arteriosclerosis, protege ante infartos y anima la digestión. Machacado se usaba hasta para calmar picotazos de mosquitos y avispas.

¿Lo mejor de todo? No desaparecerá de los campos hasta bien entrada la primavera. Hmmmm, cuántas sopitas, tortillas…

Demasiado corazón ;-)

Ya está. Hemos terminado nuestra peculiar campaña de la oliva y pronto 215 kilos de aceitunas se van a convertir en ese aceite virgen de oliva tan exquisito de Jérica. Peculiar por la modesta cantidad que cosechamos comparado con los “grandes” del pueblo, pero peculiar también y sobre todo porque – como ya es de costumbre – tardamos mucho muchísimo en llenar estas nueve cajas de oliva…

No, no es por lo que pensáis. La razón no son abundantes almuerzos o extensas charlas disfrutando de las vistas a Jérica. Es más bien cuestión de compasión. También este año hemos quitado las olivas a mano, con cuidado y sin doblar ni una hoja. No les hemos dado a los árboles ni con cañas, ni con el sacudidor de alfombras, ni con esas máquinas que los hacen temblar como gelatina.  Eso sí: Habría que ver quién las lleva más limpias y brillantes que nosotros a la almazara…

Pero no ha sido el único momento de mostrar corazón – y “perder” tiempo en la cosecha. Tuvimos también un momento “salvaje-salvador”. Y es que como ya hemos comentado en otras ocasiones, nuestros gatos tampoco este año han sido de mucha ayuda. Más bien todo lo contrario. Durmiendo encima de la manta, haciendo cabriolas en el árbol o preocupándose de su almuerzo…

Cuando Lilo toda contenta trajo al pájaro, nuestros gritos probablemente se oyeron por todo San Antón. Hasta la gata se asustó, soltó el pájaro, él se escondió debajo de la manta de los olivos, Vicente lo persiguió como pudo … y al final lo salvó. Historias del campo, momentos memorables.

Extraterrestre

Esta fruta gusta o no. Y si no gusta, difícilmente uno se acostumbra a su extrema dulzura, su pulpa gelatinosa y ligeramente astringente, a ese momento cuando la boca se contrae, la lengua no sabe muy bien dónde esconderse y los dientes no saben dónde atacar. Ya te pueden decir que sabe a pera, albaricoque y vainilla, que es deliciosa y además sumamente sana con su provitamina A, C y su potasio… Si el kaki no te gusta, no te gustará jamás.

Sin embargo a lo que nadie puede resistirse es al espectáculo de colores que estos días nos ofrece Diospyros kaki – “Fruto de Zeus” – en el Alto Palancia. Con sus tonalidades desde un fuerte amarillo pasando por anaranjado, un suave rosa hasta un prominente rojo brillante los árboles nos dejan atónitos. Y también la gran variedad sorprende: los hay con hojas aún verdes y frutos coloridos, sin frutos con hojas variopintas, sin hojas pero con frutos… En pocas palabras: No parecen ser de este mundo y convierten cada paseo por los campos de Segorbe, Caudiel, Navajas, Jérica … en una pequeña excursión al paraíso.

Un paseo del cual nos hemos traído un pariente del kaki: El Kaki Persimon, una variedad no astringente y nada gomosa “tipo manzana” hecha para los escépticos. Con ella dentro de unos días prepararemos un “Chutney de Kaki y Ciruelas”. Lo tendréis en “sharíqua presenta”.

Vau de Mau, Wranja y Wudoni

Llevan nombres tan exóticos como Vau de Mau, Gigante de Wranja, Wudoni, Radonia y Cydopom. En primavera son de los primeros que lucen sus flores con pétalos finos en rosa y blanco para, meses más tarde, llamar  la atención con un intenso color amarillo dorado en mitad del campo ya otoñal. Acercándote desprenden una encantadora fragancia y acarician con una piel suave y velluda. Son membrillos – y engañan. Cualquier/a diría que estos frutos tan apetitosos – y símbolo del amor, de la fecundidad, la belleza y la inmortalidad – en su interior esconden una carne áspera, ácida, dura, vamos, simplemente incomestible.

Por suerte hay un remedio al alcance de todos. Después de todo un verano al sol, el membrillo tan sólo quiere un poco más de calor y se convierte en un delicioso manjar: Cocido, al horno, estofado, frito… Convertido en el famoso dulce de membrillo, en mermelada, jalea e incluso como acompañante de carnes o en perfecta combinación con patatas y sopas.

Así que vale la pena perderse estos días por el campo en búsqueda de esta bola dorada igualmente perdida y olvidada. Antes de rastrear campos abandonados, nosotros hemos empezado con los arbustos de nuestra finca y ya tenemos toda una cesta de cosecha. ¡Y eso que acaba de empezar la temporada membrillera  y no termina hasta finales de noviembre!

Por si os apuntáis, aquí os damos una de las recetas estrella para conservar el membrillo durante meses: dulce de membrillo un poco variado. Sharíqua presenta.

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Si no te sientes atraído/a por el fruto de la zarzamora y no compartes este enaMORAmiento, casi mejor no nos hagas visitas blogueras en los siguientes días: Es que hemos entrado en el “momento mora” y ya no hay quien nos pare. Tenemos recogidos ya varios kilos en la finca y alrededores y preparadas un montón de recetas para poder con esa avalancha: mermeladas, muffins, zumos, sorbetes… Esperamos que os gusten.

Pero antes queremos presentar nuestro descubrimiento de este verano: el árbol-mora que no sólo demuestra que la zarzamora es una intrépida trepadora sino que además está dispuesta a compartir su belleza.  En un rincón perdido del monte de San Antón -parecido a lo que debe haber sido la cuna de la Bella Durmiente-, una mora ha emprendido el camino hacia el cielo, ya ha llegado a unos 6 metros de altura y desde luego se ha convertido en un fruto inalcanzable. Y mira que son gordas…

Para coronar estas alturas se ha servido de una vieja higuera, medio seca y sin fruto ninguno y que ahora a la vejez puede presumir de apoyar a los jóvenes que quieren llegar muy alto… ¡Qué simbiosis más perfecta!

Efecto compost

Viéndolo fríamente es “humus obtenido por descomposición bioquímica en caliente de residuos orgánicos”. Pero a casi nadie un compost le deja indiferente. A nuestra gata Lilo, por ejemplo, le encanta, ya que no hay forma más fácil para dar con ratoncitos. Al contrario, a otros les aterroriza ver como millones de microorganismos, cochinillas, gusanos y demás se lanzan sin piedad a todo lo que les echamos y lo hacen polvo – bueno, mejor dicho tierra.

Y ¡qué tierra! A nosotros nos  fascina como estos bichos convierten kilos y kilos de restos biodegradables en un abono de lo más exquisito. Y todo esto gratis. Ya les podemos echar, no se cansan: restos de jardín, (malas) hierbas, verdura, hojas, leña triturada, poso de café, cáscaras de huevo… Al cabo de unos nueve meses todo se ha convertido en, ya sabéis “humus obtenido artificialmente …”. Un abono que acaba en nuestra huerta, en macetas, alrededor de árboles…

Y no hace falta ni huerta, ni jardín para poder instalar una de esas cajas mágicas. Sobra con un pequeño balcón o una terracita.

Pero ojo: El “efecto compost” es casi inevitable. Como nunca todas las semillas se conviertan en abono, te encuentras con plantas donde menos te las esperas. Un melón en medio de un montón de paja, unas calabazas entre piedras poco acogedoras, un tomate en una maceta olvidada… Así que también es “humus que produce sorpresas”.

Árbol autodefensa

Son dulces, llamativas e inseparablemente unidas a la primavera. ¡Y ya están aquí! Las cerezas del Alto Palancia – con sus 700 hectáreas de cultivo presume de una producción nada despreciable – se empiezan a asomar. Bueno, no todas. Las nuestras, por ejemplo se muestran bastante reacias. No por ellas mismas – regordetas, rojas y brillantes – sino más bien por el árbol en si. Un ejemplar aún juvenil que como autodefensa se ha cubierto con un entramado de hojas que casi no deja ver ni sus propias ramas. Y claro, enseguida vienen las dudas: ¿Mal plantado? ¿Mal podado, mal alimentado? O es acaso, ¿demasiado joven? ¿Tiene falta de experiencia? Pero no. Es cuestión de variedad, como nos ha comentado un experimentado agricultor del pueblo.

Pues bien. Seguiremos rebuscando (aunque los pájaros parecen tener mucho mejor olfato “cerezón” que nosotros). Y si nuestro “hojudo” no quiere desprenderse de sus frutos, sólo hace falta esperar un poco más: Dentro de nada habrá montones de cerezas, porque en junio nuestro pueblo vecino, Caudiel, celebra su Fiesta de la Cereza.