A vista de pájaro

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 resinero3_casa rural shariqua resinero13_casa rural shariqua resinero11_casa rural shariqua Hay muchos senderistas que al oír la palabra “primavera” no pueden evitar pensar en otra que empieza con la misma letra: Peñaescabia. Al nombrar esta montaña emblemática de Bejís, otros no se resisten en contestar con un deseo: ¡Qué la vuelta sea por el Barranco del Resinero! Sin duda, una caminata encantadora tanto por sus espectaculares paisajes caracterizados por montañas majestuosas como La Juliana (1.476 m), La Pericona (1.468 m) o la propia Peñaescabia (1.331 m), como por la vegetación tan variada con sus pinos negro, carrascas, arces, tejos y sabinares y, por supuesto, por el impresionante Barranco del Resinero con sus aguas cristalinas y su verde asombroso. resinero_casa rural shariqua resinero1_casa rural shariqua resinero12_casa rural shariqua resinero19_casa rural shariqua  resinero5_casa rural shariqua resinero9_casa rural shariqua Nosotros esta vez empezamos la ruta en la Casa del resinero18_casa rural shariquaForestal que se encuentra al poco de pasar los Clotícos de Bejís en dirección al nacimiento del río Palancia. A unos 40 m de la casa se deja la pista para subir por la izquierda por una cómoda senda entre pinos, romeros y  matorral. resinero7_casa rural shariqua

Unos minutos más tarde se llega a la pista que lleva a la base militar de La Salada y, recorriéndola apenas un kilómetro, hacia la derecha también llegamos a la senda bien señalizada que sube a la cima de la Peñaescabia. El esfuerzo para superar unos 200 metros de desnivel se ve recompensado ya por el camino. Parece ser el paraíso del gamón común que crece en grandes extensiones mezclándose con pequeñas preciosidades en amarillo, lila y rosa. Primavera se mire donde se mire. 

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Una vez llegados a la cima de la Peñaescabia, el panorama se compone de un bonito círculo de sierras como las de El Toro, Espadán y Calderona, de picos como el Pina, La Salada, Peña Juliana y al fondo la Peñagolosa. La diminuta aldea de El Molinar que hace poco vimos “cara a cara” ahora se presenta a vista de pájaro. Sin duda, hemos llegado al lugar ideal para el primer picnic. 

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Desde la Peñaescabia ya se divisa el camino a seguir. La senda nos lleva primero al vértice de la Peña con su marca geodésica y pasando por la cuerda del Alto de la Cruz ya emprendemos camino al Barranco del Resinero. Cruzamos la pista de la Salada y, caminando entre una cada vez más densa vegetación, se anuncia el río Resinero. Un riachuelo idílico, con aguas cristalinas, pequeñas cascadas, peces, un sinfín de insectos y flores que disfrutan de este ambiente sano y húmedo. No habrá que pensárselo dos veces: Ha llegado otro lugar ideal para hacer una pausa y gozar del momento. 

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Después de buscarnos camino siguiendo el cauce del Resinero, el último tramo del trayecto recorre por pista hasta que a lo lejos de divisa la Casa del Forestal. Y con ella el fin de una caminata primaveral que entusiasma cada vez de nuevo.

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Un pico que apasiona

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Con sus 1.099 metros es el segundo más alto de la zona, ha dado su nombre a todo un parque natural y desde cuatro pueblos en sus alrededores se abren caminos hacía él: Estamos hablando del Pico Espadán, una cima emblemática que obsequia con fantásticas vistas no sólo a las casi 32.000 hectáreas del Parque Natural Sierra Espadán, uno de los parques naturales más grandes de la Comunidad Valenciana, sino también a cimas lejanas y horizontes azules.

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Llegados a la cima, se ofrece una panorámica inolvidable: Rodeado de sus hermanos mayores y menores, el Pico de la Rápita (1.106 m) el Alto del Pinar (1.101 m), desde el Pico Espadán la vista abarca hasta la costa mediterránea o el pantano de Onda  y deja ver en el horizonte las dos cimas más altas de la provincia de Castellón: el Pico de Santa Bárbara (1.404 m), aún en tierras del Alto Palancia, y la Peñagolosa (1.813 m).

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Para llegar a este espléndido mirador, no obstante, al senderista se le exige algún que otro esfuerzo. Hay caminos hacia la cima desde Algimia de Almonacid, Almedíjar, Aín o Alcudia de Veo y la elección no es fácil, ya que todos llevan por el parque natural y ofrecen preciosas vistas y una naturaleza exuberante. Al caminante le esperan monumentales alcornoques, imponentes pinos y un sinfín de otros tipos de árboles y arbustos que se sienten a gusto en esa tierra especial, caracterizada por suelos de rodeno -una piedra que destaca por la alta absorción de agua- y agraciado por suficientes lluvias y un ambiente con un gran nivel de humedad. 

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Da igual la ruta escogida, una subida al Pico Espadán durará entre 3 y 6 horas y habrá desniveles alrededor de los 500 m. Un atrevimiento sudorífero, así que no extraña que esa caminata es todo un clásico para los meses de octubre e  invierno. Habrá que ir provisto de agua y un buen bocadillo. Y desde luego, con anteojos y cámara. 

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Y no sólo se descubre una vegetación variada, tampoco faltan viejos testigos de tiempos pasados: En esta parte de la sierra hay un gran número de neveras que antaño sirvieron para guardar la nieve hasta bien entrada la primavera y así abastecer de hielo durante los días más calurosos. Son edificios de piedra que datan de los siglos XVIII y XIX, en parte bien conservados o restaurados. 

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Doblemente bonito

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En esta época del año en el valle del río Palancia en Bejís se unen dos cosas que lo hacen doblemente bonito: Un paisaje otoñal de ensueño y un fascinante desfiladero teñido de colores que abre camino hacia el Nacimiento del Río Palancia. Así que no sorprende que el Centro Excursionista Alto Palancia y la concejalía de juventud del ayuntamiento de Segorbe hayan organizado una excursión que el domingo 17 de noviembre lleva a este mágico lugar. 

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Un lugar que hechiza a cualquiera con la naturaleza exuberante en el tramo del río a su paso por Los Cloticos y el Barranco del Cascajar, con las altas paredes que estrechan el camino hasta que la Rambla Seca envuelve al visitante en un mundo creado a lo largo de cientos y cientos de años. Impresionantes formaciones rocosas cambian con estampas de una vegetación que desafía a esta árida garganta llena de fósiles, bichos escondiéndose detrás de las rocas y pequeñas plantas trepadoras en busca del sol. Un lugar especial, inolvidable e inspirador. Quién no se imaginará unos gnomos andando por ahí…, unos seres mágicos viviendo entre las rocas y observando al visitante…

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Pero antes de perderse en este mundo maravilloso habrá que apuntarse a la caminata: Hay tiempo hasta el 15 de noviembre llamando a uno de estos dos teléfonos: 964 132 020 (ext. 2075) ó 662 650 271. 

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La excursión saldrá a las 8.00 horas desde la fuente de la avenida Constitución, el regreso está previsto sobre las 14.00 horas. Eso sí, sin haberse olvidado del equipamiento básico del buen caminante: mochila pequeña, botella de agua, almuerzo, botas o zapatillas de montaña, ropa de abrigo y chubasquero.

La Bojera – un clásico

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Para su primera caminata con agradables temperaturas otoñales, el Club Excursionista Alto Palancia para este viernes, 1 de noviembre, ha elegido todo un clásico: La Bojera en Montanejos. Es una caminata igual de popular que preciosa que lleva por las paredes abruptas del barranco de Maimoma, ofrece vistas hasta la lejana Peñagolosa y adentra al caminante en un paisaje caracterizado por bosques de pinos, arbustos como pistacheros y madroños, por arces y carrascas.

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Como colofón una visita a la imponente Cueva Negra y, para los más valientes, un refrescante chapuzón en aguas de 24 grados en los Baños de la Reina. 

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La salida para la excursión será a las 8.00 horas en Segorbe, a las 8.30 en Caudiel. Para más información dirigirse al teléfono de contacto 630 362 018 o email info.ceap@gmail.com

Aparte de un buen calzado y el imprescindible almuerzo, el club anima a llevar lo siguiente: 

“Propuestas añadidas son:
– Llevar las acuarelas para dibujar los paisajes.
– Llevar las guías de árboles y arbustos para aprenderse de una vez las plantas principales de nuestra tierra. Con o sin prueba de evaluación final.
Lo que no hay que traer es la bolsa con las prisas.”

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Perderse en lo perdido

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Que mejor forma de perderse por los montes que en búsqueda de un pueblo perdido. Ese fue nuestro propósito el otro día, una bonita caminata por los bosques de Alcudia del Veo y  un interesante encuentro con Jinquer, uno de los pueblos abandonados más fascinante de nuestra geografía. En nuestro camino primero seguimos al GR 36, para más tarde disfrutar de pequeños senderos por medio de bosques de alcornoques y pinos, subiendo hacia lomas que nos recompensaron con preciosas vistas de los valles de la Sierra de Espadán. 

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Cuando al final aparecen las ruinas de Jinquer delante de nuestros ojos empieza el viaje en el tiempo y retrocedemos varios siglos para imaginarnos el lugar creado por los árabes. casa rural shariqua

En una página de Turismo antes de partir habíamos leído que Jinquer (también llamado Xinquer) fue una “antigua alquería islámica cuyo nombre significa ‘cabaña’ o ‘granero’. Fue abandonada por los moriscos tras su expulsión en 1609 y ocupada por repobladores cristianos. El castillo perteneció a la casa de Jérica, fue conquistado tardíamente y formaba parte del Alcadiazgo de Eslida que comprendía los castillos de Eslida, Ahín, Sueras, Veo y Xinquer. Domina desde los riscos de un cerro el despoblado morisco del mismo nombre y el valle del río Veo. Se trata de un castillo roquero que conserva algunas de sus estructuras, como lienzos almenados y algunos de sus vanos”. 

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En su libro “Pobles abandonats”, Agustín Hernández cuenta que Jinquer en sus mejores momentos llegó a tener un centenar de habitantes y cerca de 30 casas. De eso hace exactamente un siglo, fue en el año 1913. El idilio no duró mucho más. Unos 20 años más tarde fue abandonado definitivamente durante la Guerra Civil. No sin dejar muchas huellas de las luchas por un país en libertad. Alrededor del pueblo fantasma aún hoy en día se pueden ver numerosas trincheras y cuevas naturales que servían como cobijo.

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Hoy Jinquer fascina por sus casas en ruinas, conquistadas por hiedras, vides, árboles frutales silvestres y un sinfín de arbustillos. Los restos de la pequeña iglesia aún conservan el altar y el hueco que en su día alojó a la imagen de una santa.

Todo un mundo perdido que hace perder el sentido del tiempo. Una experiencia especial.

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“Los 9 Miles”

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¡Abstenerse caminantes domingueros! Para el 5 de mayo, el “Club Excursionista Alto Palancia” invita a una ruta sólo apta para senderistas experimentados. Eso sí, promete. Y mucho. Bajo el lema “Los 9 Miles de Espadán” este domingo quieren coronar nueve cimas de la Sierra Espadán que compensan el esfuerzo para alcanzar sus 1.000 metros con miles de impresiones inolvidables.

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Quien se atreva a una caminata de unos 21 kilómetros, un recorrido con una duración aproximada de 7 horas y un desnivel acumulado de subida de 1.527 m (!!) vivirá momentos únicos: la Sierra de Espadán a vista de pájaro, impresionantes panorámicas hasta el mar en un lado y las montañas (¿aún nevadas?) de la Sierra de Javalambre en el otro… Pasará por cimas y cordales, abruptas crestas y amigables lomas, verá profundos barrancos y ramblas con un sinfín de fuentes y una vegetación exuberante. Disfrutará de bosques únicos de alcornoques, pinares de pino rodeno, encinas, pino carrasco, castaños, tejos, acebos, arces, madroños… Y con algo de suerte se habrá encontrado con águilas, lagartos, culebras, búhos, zorros, ginetas o una de las 16 especies de murciélagos que viven en la Sierra Espadán. Es que 31.180 hectáreas de parque natural – el segundo más grande del País Valenciano – dan para mucho.

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Y como si flora, fauna, vistas y aromas no fuesen suficiente, la sierra obsequia con sus extraordinarias formaciones geológicas, caracterizadas por sus colores rosados-rojizos de los paisajes silíceos o los blanquecinos de los calcáreos.

Está claro, hay que sacar fuerzas como sea para hacer cumbre en Peña Pastor, Guru, Pico Espadán, Cerro Gordo, Peñas Blancas, Alto del Bovalar Pico Bellota, Puntal de Aljibe y el Pico Batalla.

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El punto de encuentro y salida es la Plaza de la Constitución de Segorbe. A  las 7:30 horas de ahí se va a Aín para emprender ruta hacia las cimas.

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Aventura guiada

Es uno de los barrancos más bonitos de Bejís y también uno de los más peculiares en recorrer: El antiguo camino por el Resinero se ha perdido, así que hace falta cruzar en varias ocasiones el arroyo y también trepar de vez en cuando. Si hasta ahora os ha parecido demasiada aventura, el domingo que viene tenéis la ocasión de hacer esa bonita caminata en compañía: El 27 de noviembre la asociación cultural DETORAS.ES invita a una excursión por el Barranco del Resinero.

Después de un almuerzo a las 10.00 horas en el Camping de Bejís la caminata arranca a las 10.30 en dirección del nacimiento del río Palancia. Después de unas 3 horas y media está previsto el regreso al camping para la merecida comida.

Para más información podéis contactar con joseprao@detoras.es o visitar www.detoras.es

La primavera de Cavanilles

“Tal espectáculo ofrecía allí la naturaleza en un año seco y en el mes de septiembre. ¿Quánto más hermoso debe ser  aquel recinto en la primavera después de las lluvias?”, se preguntaba Antonio José Cavanilles y Palop (1745-1804) en uno se sus viajes por la zona del río Palancia y la vega de Bejís. Pues, si el famoso botánico valenciano hubiera hecho este viaje estos días después de una de las primaveras más lluviosas desde hace años, seguro que se hubiera quedado maravillado ante la explosión de la naturaleza que se ofrece estos días por nuestra región.

Una experiencia que nosotros vivimos en una de las excursiones clásicas del Alto Palancia: la subida a la Peñaescabia, monte mágico en las estribaciones de la sierra de El Toro, pico imponente que con sus 1.317 metros de altura ya es visible desde lejos y parece ser el guardián de toda la cabecera del Palancia.

La ruta nos conducía primero por una pista forestal, más tarde por un sendero zigzageando hasta la cima. Una caminata de lo más agradable y – aunque con un desnivel de unos 500 metros – muy fácil de andar. Eso sí, estos días no habrá quien no se pare cada dos por tres. No sólo por disfrutar de las espléndidas vistas, sino también por el sinfín de flores, plantas curiosas y setas que se asoman entre ese bosque precioso de pino negro, tejos, sabinares, carrascas y arces.  Una diversidad difícil de encontrar en otros lugares, un paraíso que seduce a cualquiera. Oler los distintos aromas a miel, observar el vuelo de las águilas, fijarse en cómo nacen las hojas de los pinos o disfrutar con estos fascinantes dibujos-cara que se divisan en las cortezas de los árboles…

Y, como no podía ser de otra manera, a la vuelta nos acercamos al río Palancia, un paraje que incluso en años de sequía a Cavanilles le había impresionado: “… los vegetales viven alegres en aquellas quebradas y graderías naturales, donde crecen con lozanía los almeces, arces, fresnos, espinos, cornejos, cervales … Enrédanse entre ellos, y no pocas veces los tapizan las parras, madreselvas, clemátides y zarzas…”
¿A qué esperáis?


Aire de altura

No hace falta llegar a la altura de una Edurne Pasabán para experimentar esa bonita sensación de haber llegado muy, muy arriba. Sí hace falta vivir en o visitar a una zona tan bonita como el parque natural de la Sierra Espadán con sus numerosos picos “1.000”, estar bien acompañados y pillar uno de esos días primaverales que te obsequian con vistas inolvidables. Pues, todo esto lo conseguimos el otro día y aún estamos disfrutando de esa caminata por los barrancos de la Mosquera y Almanzor en Almedíjar y por el pico del Cerro Gordo.

Una caminata que aparte de impresionantes vistas que llegan hasta las sierras nevadas, hasta el mar, la monumental Peñagolosa o por encima de los pequeños pueblos de los alrededores, ofrece sobre todo una cosa: el contacto con alcornoques centenarios que con su especial sublimidad impresionan a cualquiera.

En la Sierra de Espadán el Quercus suber es pelado cada 12 o 14 años, cuando su corteza ha llegado a un grosor de unos 30 mm y se puede usar para fabricar corchos – cada vez menos – o aislantes naturales – cada vez más.

Cuando al árbol le quitan su rugoso traje, luce una piel preciosa que brilla según el momento del día con tonos rojizos, violetas y marrones. Un espectáculo especial son los matices después de una lluvia o los preciosos parásitos que se alojan en su tronco.


Ruta panorámica

Menudo día escogimos…

Hace poco nos dirigimos a la Sierra Calderona para disfrutar de una de las muchas caminatas que tiene este precioso parque natural cerca de Valencia. Con las montañas aún nevadas, un aire gélido y saltando charcos congelados, no tardamos mucho en notar las mejillas rojizas, la nariz algo entumecida y las orejas crujientes. Pero ya se sabe, andando…  se calienta el cuerpo.

Nada más aparcar el coche en la Masía de Tristán – término municipal de Segorbe – tuvimos que escoger una de las direcciones marcadas por las numerosas señales de GR y PR. Nos decidimos por la ruta del GR-10 en dirección hacia el collado Roig. Una pista fácil de andar -también muy apreciada como ruta de bici mountainbike- que ofrece unas magníficas vistas y un paisaje caracterizado por rocas rojizas, alcornoques, una gran diversidad de arbustos y preciosos pinos rodeno.

Llegando al Valle de la Jara, el paisaje salvaje se entrelaza con los viejos cultivos y las casas de campo aisladas. Rodeamos las Peñas Altas y las Peñas Blancas para dirigirnos al final hacía el Monte Mayor. Todas ellas montañas de entre 800 y 900 metros que obsequian con fantásticas vistas que llegan hasta el mar. Y ya nos habíamos olvidado del frío, disfrutábamos de una caminata que después de unas 3 horas nos acercaba de nuevo a la Masía de Tristán. No antes de echar otro vistazo al poste con las indicaciones sobre los caminos que otro día nos llevarán a Serra, a Olocau, o a Gátova…