Término, sweet término

No cabe duda que para los senderistas el Alto Palancia es un paraíso, hay tantas rutas apetecibles que a veces es difícil decidirse. Nos pasa a nosotros, les pasa a nuestros huéspedes cuando les aconsejamos – la lista de preciosas caminatas es larguísima: el inmenso parque natural Sierra Espadán con sus monumentales alcornoques, la vecina Sierra Calderona y sus vistas hasta el Mediterráneo, el paraje natural alrededor de los Clotícos y la Peñaescabia en Bejís, los paseos de ribera en Teresa, las rutas por ríos y montañas en Montanejos -con baño termal incluido- o la peculiar Dehesa de Soneja…

Hay tantos tesoros que muchas veces no nos acordamos de lo más cercano y ahora hacía años que no caminábamos por tierras de Jérica. Hasta que llegó el día 2 de mayo de 2020, el día que millones de corona-confinados por fin pudimos salir de casa, dar un paseo, hacer deporte al aire libre… Eso sí, dentro del término municipal. Un micro-paraíso en todo su esplendor primaveral que volvió a sorprendernos. Pasen y vean…

Escapada virtual

Ll-E-G-A-R-Á. Y pronto. Ese gran momento cuando se levante la cuarentena y vuelva la vida “normal”. Esa vida que ahora después de tantas semanas “encerrados” en casa resulta ser una joya que nos brindaba un sinfín de momentos de alegría. Cuando llegue ese esperado momento de no sólo abrir la puerta para salir a llenar el frigorífico, sino para disfrutar sin límites de la naturaleza que nos rodea, habrá que estar preparados, listos… y allá va: la primera caminata primaveral. Una caminata que después de semanas de lluvia nos llevará a un mundo con un verdor intenso, con un sinfín de flores, aromas y sensaciones…

Ya han caído palabras mágicas… “2 de Mayo”… “paseos”…, así que preparémonos para que piernas, pulmón y pupilas no se asusten. Os proponemos una breve  -y de momento virtual- escapada para iniciarse de nuevo en el placer de recorrer montes, montañas y valles,

disfrutando de vistas espectaculares. Os proponemos un bonito recorrido circular alrededor del Cerro de la Moratilla en la Sierra Calderona.

Se trata de una ruta en el término de Segorbe que empieza en la conocida Masía de Tristán que en su día dependió de la Cartuja de Portacelli. Un lugar idílico en el cual los monjes en su camino de Portacelli a la Cartuja de Vall de Cristo seguro paraban muy a gusto. Luego se convertió en albergue para caminantes y como muchos otros fue sentenciado al abandono. Mientras la Masía se esfuerza para dar idea de lo que era, las numerosas mesas alrededor sí que están intactas e invitan a un picnic o incluso a pasar todo el día en ese paraje encantador.

La caminata arranca por el GR-10 para luego seguir por pista a los pies de la Moratilla que con 836 metros de altura intenta hacerle competencia al famoso Monte Mayor. No hay que dejar la pista, no hay posibilidad de equívoco, así que se puede disfrutar de pleno de las maravillosas vistas hacía el valle de Olocau y el Mediterráneo. En mitad de un mar verde de olivos, almendros, pinos y relucientes arbustos se divisa el Castillo del Real ubicado entre Marines y Olocau. Aún en ruinas se le ve la importancia que tenía esa fortificación musulmana del siglo XI frente a los ataques de Aragón.

Paseando entre alcornoques y madroños se vuelve a la Masía de Tristán que gracias a su bonito reloj de sol nos confirma que sólo hacían falta una hora y un par de kilómetros para llenarse de aire, naturaleza y bonitos pensamientos.

En busca de la magia

¿Puede haber mejor paseo para estrenar el año nuevo que disfrutando debajo de un pequeño mar de muérdagos? ¿Lanzando deseos y no parando de besarse? Basta con ver esa planta mágica para entender que desde tiempos remotos ha fascinado al hombre, ha tejido a su alrededor una densa red de creencias y leyendas y para mucha gente es una acompañante muy especial durante las navidades y el cambio de año.

Al muérdago, dicen, no se encuentra, sino que te encuentra él a ti. Sea como sea, para dar con esa curiosa planta -en realidad es un semiparásito- hay que andar con la mirada hacia el cielo. Es que las llamativas bolas con sus ramificaciones, sus finas hojas de color amarillo verdoso y sus blancas bayas en forma de perla suelen crecer en lo alto de los árboles.

Y no en cualquier árbol. Tienen sus preferencias -árboles frutales, pinos, chopos- y cuando se agarran a su nuevo hogar empiezan a chupar agua y sales del anfitrión y a crecer lentamente durante años y años hasta formar tallos de más de medio metro.

Siempre y cuando nadie tope con ellos y quiera aprovecharse de sus múltiples cualidades. El muérdago ya fue utilizado en la antigüedad como remedio universal y sus usos medicinales son indiscutidos hasta hoy en día – al igual que su toxicidad. Así que nada de experimentos.

Como primer acercamiento a los poderes mágicos puede servir una costumbre ancestral que consistía en tallar un pequeño amuleto de una rama de muérdago para sentirse a salvo de cualquier desgracia o enfermedad. Según viejas creencias, tener un tallo de muérdago en casa protegía de brujas, calamidades, espíritus malignos y cualquier mal en general. También los celtas le tenían un especial amor y bien es conocido -no sólo por los lectores de Asterix y Obelix- que los druidas eran especialistas en convertir la planta en pócimas mágicas.

Sin tener que beber brebajes sospechosos, cualquiera puede sentir la magia del muérdago siguiendo otra vieja costumbre: Colgar un tallo encima de la puerta de casa y besarse debajo de él. Promete suerte y un amor eterno… En realidad, la costumbre, originariamente de Inglaterra, da vía libre a cualquiera que se encuentre bajo el marco con otro/otra para dar un beso sin permiso. Eso sí: La tradición también dice que con cada beso hay que quitar una de las bayas de la ramita de muérdago. Y cuando ya no queden bayas, se acabó el beso robado… De ahí el dicho: “No mistletoe, no luck“ – No hay muérdago, no hay suerte.

Suerte que a nosotros nos quedan un montón de bayas…

 

Espadán esplendorosa

Parece que vivimos uno de los últimos fines de semana con  temperaturas templadas y cielos algo encapotados, en fin, días apetecibles para emprender una bonita caminata. Será una de las últimas antes de que el calor del verano apriete, y mucho.

Así que vamos a explorar la Sierra Espadán desde el sur. Esta vez nos acercamos al bonito barranco de la Mosquera desde Azuébar, pequeña localidad del Alto Palancia. Desde el pueblo sale un camino en dirección al área recreativa Las Carboneras -bonito sitio para una pausa al volver- que nos lleva un par de kilómetros hasta un pequeño parking al lado de la primera maravilla de la naturaleza que nos vamos a encontrar hoy: un monumental algarrobo que evidentemente está a gusto en este rincón del parque natural.

La caminata empieza por la pista que sube hacía la Mosquera, pero pronto nos dirigimos por una pequeña senda en dirección al monte Carrascal. Es ahí donde la sierra muestra su gran diversidad, una riqueza vegetal que alberga preciosos ejemplares de carrasca y alcornoque, pero también es hogar de olmos, imponentes pinos, de espliego y romero. Huele que alimenta y así la subida casi se hace corta.

Una vez llegados arriba se abre una fantástica panorámica hacía las montañas de las Sierras Espadán y Calderona. Al fondo el Mar Mediterráneo que nos va a acompañar un buen rato. Avanzando por la loma, la presencia de alcornoques cada vez es mayor y se anuncia la llegada a la Mosquera y su abandonada casa donde en su día trabajaron el corcho cosechado en los bosques de los alrededores. Como aún hoy se sigue pelando a los alcornoques, nos esperan curiosas imágenes de árboles vetustos, arrugados, majestuosos y con una corteza coloreada con tonos grises pasando por rojizos hasta anaranjados. Todo un espectáculo.

Es aquí donde retomamos la pista del inicio que cómodamente nos lleva de vuelta al parking.

O’ otoño

Son los aromas a tierra y leña húmeda, los colores entre ocres, dorados y pálidos verdes, las luces misteriosas y tenues, el aire limpio y los sonidos nítidos que lo hacen tan especial: El otoño es sin duda una de las estaciones más encantadoras y variopintas del año, el momento cuando la despedida del verano ya parece lejos y el invierno se está abriendo paso sin compasión.

Pero antes de que lleguen los días más cortos del año y con ellos las ganas de pasar largas horas al lado de la estufa, antes hay que aprovechar el “momento colorín colorado” y disfrutar del espectáculo. De los extraterrestres colores de los caquis, de las hojas doradas de chopos, arces y granados, los frutos silvestres con su rojo brillante y la tierra vistiéndose con una alfombra de hojas, piñas, musgos, nueces y castañas.  ¿Y si todo eso además se reflejara en el agua convirtiendo su superficie en un baile de colores como si de magia se tratara?

Pues todo eso y más lo encontramos durante nuestro último paseo por tierras de Teresa. En concreto, por el PR-CV 80 que nada más saliendo del pueblo se dirige a Ventas de Bejís y para ello elige el mejor recorrido posible: siempre al lado del río Palancia, siempre acompañado por una gran acequia que mezcla su sonido con el continuo burbujeo del arroyo. ¿Su puede pedir algo más para disfrutar y relajarse?

Quizás. Por ejemplo, topar con una culebra bebé tomando el sol en mitad del camino. O escuchar el canto de los muchos y distintos pájaros que han elegido ese bello paraje como hogar. Y ¿qué tal con sentirse aventurero por momentos y cruzar uno de los puentecitos colgantes sobre el río?

Poco antes de llegar al destino, la senda prepara otra sorpresa. Gana altura, ofrece espléndidas vistas del valle y de pronto abre el telón para un panorama de lo más bello: A nuestros pies Ventas de Bejís y en lo alto Bejís con la imponente Peñaescabia al fondo.

 

Días especiales…

… días de lluvia son bien escasos a finales de la primavera, pero pillamos uno de ellos y no nos arrepentimos en absoluto haber cogido las botas, ignorando las “oscuras” previsiones meteorológicas y echando a andar. Elegimos una caminata en una de nuestras zonas preferidas: los alcornocales de la Sierra de Espadán entre Almedíjar y Aín y en concreto el mágico Barranco de la Mosquera.

Durante los primeros pasos por este precioso barranco el sol aún se abría camino, pero poco a poco las nubes se agrupaban cada vez más, cambiando sus colores grisáceos a tonos más oscuros. Ya al inicio de la caminata y gracias a un cartel, interesados en la historia del valle se pueden informar sobre la explotación del alcornoque, las funciones de sus gruesos corchos y sobre la Casa de la Mosquera donde antiguamente se trabajaba la difícilmente cosechada piel del alcornoque.

Y justamente ese árbol en días de lluvia es un acompañante muy especial. Cuando se mojan, sus troncos recién pelados lucen un sinfín de tonalidades desde gris pasando por anaranjadas hasta rojizas y berenjenas.  Todo un monumento de belleza y fuerza. Pero el Barranco de la Mosquera no sólo obsequia con imponentes ejemplares de alcornoque, la flora se caracteriza además por carrascas, pinos, pequeños bosques de helechos, jaras y brezos.

Ganando altura nuestro camino se desvía hacia el Collado de Peñas Blancas. Y se abren otras panorámicas con el Monte Carrascal en frente y el Mediterráneo al fondo. La tierra y las rocas rojizas se prestan como fondo ideal para que reluzca la flora colorida… amarillo, lila, blanco, azul…

Llegados arriba se divisa Almedíjar en el otro valle y se abren varias posibilidades de seguir la marcha: hacia el pico La Bellota, en dirección al Cerro Gordo o -nuestra elección- bajando de vuelta a la Mosquera por el Barranco de la Falaguera.

Adentrándonos de nuevo en el mundo mágico de los alcornoques ya caen las primeras gotas y pronto el bosque está brillando de alegría. Llueve sin parar, las piedras con sus variopintos líquenes y las cortezas de los árboles relucen, las hojas secas en el camino bailan al ritmo de las gotas que caen. Síííííí, vale la pena salir a caminar cuando anuncian lluvias…

 

 

Entrañas extrañas

¡Ya era hora! Tantos años aquí, tantas caminatas y hasta ahora ninguna nos había llevado hasta uno de los tesoros naturales más bellos del Alto Palancia: la cueva Cerdaña, una cavidad sorprendente en terrenos entre Caudiel y Pina de Montalgrao que ha visto muchas historias, atraído a un sinfín de exploradores-turistas y a un número igualmente importante de ilustres amantes de la naturaleza como Santiago Ramón y Cajal, Cavanilles o el juez e historiador castellonense, Carlos Sarthou Carreres (1876-1971).

Este último quedó tan fascinado por la inmensa cueva, sus estalagmitas y estalactitas que a principios del siglo pasado publicó un artículo sobre ella en la revista La Esfera. Una descripción, cómo no, magistral:

Al asomarse por la ancha boca de entrada, que amenaza tragarse al atrevido explorador, la impresión es de sorpresa ante la fantástica oquedad. Una anchurosa claraboya, tragaluz o ventanal que, naturalmente, se abre en el monte junto a la bóveda rocosa de la cueva, alumbra en su interior gigantescas estalactitas y estalagmitas de muchos metros de elevación, remedando caprichosas columnas góticas y churriguerescas que unen el desnivelado piso con la alta y majestuosa peña de la techumbre. ¿A qué comparar la cueva? ¿A una rústica catedral, o a una visión dantesca? Esparcidos los hombres por entre el laberinto de columnas, semejan figuritas animadas de fantástico juguete. Es, en fin, aquello un maravilloso capricho del Supremo Artista.”

Una cueva como una gigante sala de teatro que según expertos ya sirvió como refugio en la Edad del Bronce, más tarde en Época Ibérica se convirtió en Cueva-Santuario y hasta hoy día se entiende la fascinación que ella irradiaba.

Impresiona no sólo por sus dimensiones – 60 x 35 x 15 metros – sino también por la gran variedad de figuras y formaciones que han sobrevivido a los desgastes intrínsecos de una vida de miles de años y a las estupideces del ser humano en busca de souvenirs y desahogos destructivos.

Vale la pena tomarse tiempo para descubrir este tesoro natural, dejar espacio a la fantasía que pronto descubrirá bustos, caras, una rapaz o un león marino entre las rocas, pliegues y columnas milenarias.

Eso sí, hay que leer al experto Sarthou Carreras para volver a la realidad:

Se cuenta de esta gruta que no tiene fin o, por lo menos, que está a muchos kilómetros de profundidad. Lo primero lo inventó la ignorancia; lo segundo, el miedo. Esta cueva, como todas, tiene su fin, y no lejos de la entrada. Lo que ocurre y engaña al inexperto visitante es que medio kilómetro de marcha subterránea, salvando los continuos obstáculos que se oponen al paso, cuesta, a veces, muchas horas de avanzar, haciendo equivocar todo cálculo.”

Lo que es más fácil para cualquier senderista es calcular el tiempo para llegar a la cueva. O desde Pina o desde el Mas de Noguera en tierras de Caudiel, se llega en menos de una hora, aprovechando el PR 62 que además de bonitas cavidades tiene muchas más maravillas que ofrecer.

Por ejemplo, las vistas hasta el imponente Pico de Santa Bárbara que en Pina se eleva a unos 1.405 metros sobre el nivel del mar o a la lejana Peñagolosa, con 1.813 metros la segunda cima más alta de la Comunidad Valenciana.

Andando a estas alturas tampoco es raro encontrarse con águilas y buitres o las curiosas cabras montesas demostrando habilidades asombrosas al saltar de roca en roca.

Unas pequeñas gotas de amargura: Quien quiera ver la Cueva Cerdaña se topará con los modernos molinos de viento y su continuo zumbido… Es la otra cara de la búsqueda de un mundo más limpio y sostenible.

 

 

 

 

Qué animalada (de vistas)

Un embalse, imponentes montañas adonde mires y una vegetación frondosa y variada. Qué más se puede pedir para emprender una caminata, y si encima te ofrecen un folleto proponiéndote un bonito sendero local, la decisión está tomada. Había que conquistar los alrededores de Puebla de Arenoso, ese bonito pueblo vecino de Montanejos y fronterizo con la provincia de Teruel.

 

Una caminata que nos llevaría desde el pueblo situado a una altura de 600 metros y con fantásticas vistas al embalse de Arenoso hasta puntos tan emblemáticos como el Mirador de la Carrasquica a unos 1.356 metros sobre el nivel del mar. Antes de llegar hasta ahí, sin embargo, nos esperaba una aventura en absoluto prevista…

En el folleto para el senderista sobre todo se resalta la rica fauna de Puebla de Arenoso. Hay una larga lista de rapaces, reptiles, mamíferos y carnívoros en la cual se pueden encontrar incluso algunos que causan cierto respeto como buitres leonado, cuervos, víboras o culebras bastardas, jabalíes o zorros. Pero nada en comparación con lo que nos íbamos a encontrar. Y eso, que al emprender el camino hacía las alturas algún que otro detalle hubiera podido llamar nuestra atención. Las alambradas (rotas), las huellas notables e inconfundibles… pero ni Sherlock, ni Shatterhand. El instinto nos falló total.

Y ni siquiera cuando vimos el primer ejemplar nos alarmamos: “Mira, una vaca blanca!” Clic, foto para la posterioridad. Pero qué ilusos. Habíamos llegado a la Masía del Chorrico, mejor dicho al poblado que lleva medio siglo abandonado – bueno, casi. Porque hoy en día es el hogar de una vacada considerable de bovinos. Y después de esa vaca maca no tardaron en aparecer sus familiares: negros, grandes y con cara de poca alegría al vernos (al menos eso nos pareció). Y como si se lo hubieran pensado de antemano, todos posicionándose en mitad de nuestro camino. Y no, no hay foto de eso porque cara a cara con la bestia, quien hubiera encontrado el disparador. Rápidamente nos autoconvencimos de que teníamos todas las papeletas para salir perdiendo y preferimos dar una vuelta gigante por detrás de la masía para encontrarnos mucho más adelante con el camino original.

El por qué justo en ese punto un cartel nos animaba a “moderar la velocidad”, hasta hoy sigue siendo un misterio 😉

Del susto, casi olvidamos por momentos las fantásticas vistas que habíamos disfrutado hasta entonces: Mientras el pueblo cada vez se hacía más minúsculo, se agrandaba el panorama hacía el pantano, las montañas que le rodean y hasta la lejana Peñagolosa. En el camino no sólo nos cruzamos con muchas de las bonitas fuentes de Puebla de Arenoso, sino también con una gran variedad de arbustos y árboles -pino rodeno, quejigos, lentiscos, enebros, arces…

Pasado el susto, nuestra caminata iba por caminos aparentemente seguros. Aunque, afinado nuestro sexto sentido sioux, topamos un par de veces con huellas de indudable origen de pezuña hendida.

Pero también pudimos disfrutar de un monumento natural tan hermoso como único: la carrasquica, un árbol gigante de unos 400 años, símbolo especial para la gente de Puebla de Arenoso y clara señal del amor al diminutivo en tierras aragonesas.

De ahí ya había que emprender la bajada hacia la Fuente de Umbría, pero a partir de una masía en ruinas llamada Montico ya no había señales del camino. Improvisando acabamos… en la Masía del Chorrico. Otra vez…. Pero antes de llegar al lugar de las bestias, sin dudar ni un “mu”, volvimos al ya conocido rodeo… sólo que está vez los bovinos estaban pastando por ahí. Sacando pecho y manteniendo el aliento pasamos entre varias reses y logramos “escapar” (no, ¡tampoco hay foto!).

Un final de la caminata no previsto pero en compensación provisto con otras magníficas impresiones de Puebla de Arenoso y su pantano a la luz del atardecer.

 

 

SL-SR por Jérica

Quien quiera emprender una caminata por tierras de Jérica debe saber que es bien posible que no acabe donde pensaba, que vea cosas que no esperaba y que ande más (o menos) de lo previsto. La razón: Aunque existe un folleto oficial con sendas locales y éstas en su día puede que estuvieran debidamente marcadas, hoy día debido a señales confusas, desgastadas o inexistentes, a sendas abiertas posteriormente y a unas explicaciones a veces algo irritantes puede que la caminata tenga su intríngulis. Así que el SL fácilmente se convierte en SR – un sendero sin rumbo. Eso sí, se descubren rincones inesperados, vistas bonitas y a veces incluso más sentido de humor propio que uno mismo pensaba…

Y es que si no eres de Jérica y has mamado desde muy jovencito donde se encuentra el Corral del Quico, la Masía del Topo o el Cordel de las Perdigueras, si ante lugares como el Colladico de la Sursida de Magallán, el Pasico Alemán, el Colladico de la Amargura o el Sendero de la Degüella en tus ojos como platos se reflejan grandes interrogaciones, pues entonces con el folleto senderista en mano lo tienes crudo.

Y si además, frases como “Al coronar la misma, dejaremos a la derecha la pista forestal. Seguiremos por la senda a la derecha…” te dejan algo aturdido… podrías llegar a la conclusión que mejor dar una vuelta por la Hoz y que anden los demás. Más aún cuando hay claros indicios de que no todos en su día regresaron a casa…

 

Pero no hay que asustarse. Vale la pena perderse, poner a prueba el propio sentido de la orientación y subir por ejemplo a la famosa Muela. Así se conoce el otro lado de Jérica con su altiplano y estas estupendas vistas panorámicas hacia el pantano y la impresionante hoz dibujada por el Río Palancia.

 

Son momentos tranquilizantes porque no sólo se disfruta de vistas -poco usuales- de la Torre Mudéjar, la Torreta y los tejados del casco antiguo de Jérica. También se divisa a Sharíqua, inequívoca señal de que la vuelta a casa será posible ;-). Pero, antes vale la pena subir hasta el Alto de Sayas a unos 767 metros sobre el nivel de mar. Y ahí no hay excusa. Aunque si no tienes ni idea por dónde para el Alto de Sayas, lo verás: Es fácilmente reconocible desde todos los lados y desde kilómetros porque ahí se alza la torre de vigía desde donde se procura evitar cualquier desastre que pudiera incendiar estos preciosos paisajes.

   

Ay Aín

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Para empezar: Un paseo, lo que se entiende como paseo, no es. En absoluto. Aunque el ayuntamiento de Aín anuncia esta ruta como tal, es una caminata bastante exigente que pone a prueba la forma física, el sentido del equilibrio y la fortaleza de las rodillas. Eso sí: Es un recorrido sumamente bonito no sólo por llevarnos por lugares históricos, sino también por las impresionantes vistas que ofrece de la Sierra Espadán, sus pueblos y la montañosa provincia de Castellón.

Así que costará, pero vale la pena hacerlo: el itinerario SLV-27, el “paseo de la Peña Pastor y el Gurugú que nos llevará entre viñas viejas, pedregales y castaños” (Ayuntamiento). Es un precioso sendero local que según las autoridades de Aín se recorre en 1.30 horas. Queremos pensar que sólo se refieren a la ida, porque nosotros empleamos casi 3. Eso ain-sierra-espadan18_casa-rural-shariquasí, con largas y extendidas pausas para disfrutar de los cambiantes panoramas, con picnic en lo alto del Gurugú -con sus 1.014 metros uno de los imponentes picos de la Sierra de Espadán- y con tiempo para visitar los lugares históricos a lo largo del camino.

La ruta sale del pueblo y se puede hacer en sentido contrario a las agujas del reloj -lo recomendado en el folleto de Aín- o al revés. Nosotros nos decantamos por lo último, ya que así nos ahorrábamos la tremenda subida a la Peña Pastor y al Gurugú desde el Barranco del Picaio. Además, durante el agradable paseo por el Barranco de la Caridad en dirección al Collado de Ibola, nos quedaba la ilusión de que la bajada desde el Gurugú iba a ser algo más benévola…

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El paseo 😉 primero nos lleva a un bonito calvario del siglo XVIII con su ermita, sus cipreses y sus imágenes. Es el primer momento para detenerse unos minutos, disfrutar del silencio y las vistas al pueblo. Un lugar con ni siquiera 200 habitantes, casas de cal y toques de azul o turquesa y una ubicación perfecta sobre una pequeña colina a una altura de casi 500 metros, rodeada por varios preciosos picos de la sierra. Es un pueblo con orígenes andalusíes cuyo nombre hace referencia a las múltiples fuentes y manantiales que caracterizan su entorno y que en su día también alimentaron hasta cinco molinos harineros hidráulicos.

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Caminar alrededor de Aín significa adentrarse en una naturaleza exuberante, pasear entre alcornoques y pinos rodenos, ain-sierra-espadan10_casa-rural-shariquaentre brezo, mirto, lentisco y madreselva. Un profundo verdor alimentado por musgos y líquenes, desprende un perfume a tierra fértil y húmeda. Muchos momentos para respirar profundamente, soltar un “ay” de tanto placer.

ain-sierra-espadan31_casa-rural-shariquaA los pocos minutos se llega al L’Arquet, un pequeño acueducto que alimentaba al molino del mismo nombre y ubicado a su lado. Ya falta poco para alcanzar a una altura de 620 metros a la vieja fortaleza también conocida como Castillo de Benialí. Al igual que el pueblo es de la época medieval andalusí y aunque su estado es de ruina uno puede hacerse una idea de la importancia que tenía. Los restos de la muralla y sus dos torres, las dependencias y aljibes vieron llegar en son de reconquistador al rey Jaume I en el año 1238.

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El sendero sigue en dirección Collado de Ibola, donde enganchamos con el sendero PRV 63.6 hacia el Pico Espadán y el Gurugú. Por una agradable senda ganamos altura y disfrutamos de excelentes vistas casi panorámicas.

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El pico del Gurugú se anuncia con la aparición de trincheras, tristes testimonios de la Guerra Civil, y el progresivo endurecimiento del trayecto. Vale la pena impregnarse de las bonitas impresiones de altura desde esta cumbre antes de emprender la bajada por la Peña Pastor. Entre rocas de rodena y vetustos alcornoques nos espera un descenso a veces bastante complicado que nos hace recordar que el hombre a parte de piernas también posee manos para desplazarse.  

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Seguro que se oirá algún que otro “ay”, esta vez motivado por algún que otro susto. Ayudándonos de palos, manos y culo llegamos sanos y felices a la carretera que nos lleva de vuelta al pueblo. Lo dicho. Un paseo no era, pero bonito…

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