Exportamos

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El caqui no es un fruto de medias tintas. O te gusta o no te lo comes ni regalado. Y es que su pulpa dulce y blanda no sólo exige ciertas habilidades para comérsela sin que manos, platos, manteles e incluso camisas se lleven lo suyo, también extraña al paladar por su textura algo gelatinosa y pegadiza. Peor aún, si pillas un caqui no del todo maduro, su carácter astringente dejará huellas perpetuas en cada uno de los nervios gustativos.

Lo dicho, o gusta o repugna. Y probablemente el porcentaje de la población “caqui repelente” sea el mayor.

Nuestro cliente, llamémoslo M., claramente no pertenecía a este último grupo. Ya podíamos ofrecer para el desayuno pera, melón, piña, uva… M. sólo quería caquis. Y no dudaba en afirmar que eran “los mejores que había comido nunca” y que en su país, Alemania, jamás había visto unos frutos tan rojos, tan sabrosos…

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Evidentemente nuestro huésped había llegado en el momento justo para poder comerse todos los caquis que quería y más: El Alto Palancia está en plena cosecha y también el árbol de nuestra huerta demuestra una asombrosa, por no decir alarmante, productividad. Conociendo los caquis sólo en bandejas de supermercado, M. casi no se podía creer que los brillantes ejemplares que le endulzaban los desayunos habían sido cogidos poco antes de nuestra huerta. Aún menos se lo podía creer cuando le invitamos a abastecerse de caquis – aún no del todo maduros – para llevárselos a su país natal.

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Dicho y hecho. Con una sonrisa de oreja a oreja, escalera en hombro y ayudado por su compañera, M. se puso manos al árbol. Rápidamente los dos hanseáticos llenaron una caja para llevarse un sabor muy altopalantino a más de 2.000 kilómetros en dirección norte. Si esto no es una perfecta colaboración “alemán-española”…

M. se llevó un recuerdo muy dulce de su estancia en Jérica y en Sharíqua, nosotros hicimos felices a nuestros huéspedes y, todo hay que decirlo, nos liberamos de una pequeña parte de la producción de nuestro caqui fuera de control ;-).

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La primavera, el apetito…

 

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Pues sí. Se supone que en estos momentos deberían emplearse a fondo para comerse el pulgón que estos días acapara nuestras habas. Pero, por lo visto, las mariquitas no siempre están por la labor. Comprensible. Bien es sabido que la primavera… altera…, y porqué iba a ser una excepción éste apreciado y querido insecto.

En fin, los coccinélidos, coloquialmente y según país conocidos como mariquitas, vaquitas de San Antón, chinitas, sarantontones o catarinas, se lo pasan pipa. Normal, la copulación puede tardar hasta ¡¡18 horas!! Desde luego nos alegramos por ellos, pero en nuestra lucha biológica contra las plagas significa un duro revés. Hay que saber que estos pequeños y simpáticos depredadores son capaces de comerse hasta 50 pulgones al día, varios miles en toda su vida… Si se suma que aunque con un solo emparejamiento, en principio, la descendencia estaría garantizada, pero los bichos, por si acaso, lo repiten -con otras parejas- unas 20 veces más… Fácilmente llegamos a dos semanas de baja por amor… ¡Aaayyy!

Pero bien, así es la primavera… altera… Y con tal que las mariquitas sigan volando, alegrándonos el día y trayendo suerte… ¿qué más queremos? 😉

Invierno…hivern…winter

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Invierno, una estación que no sólo despierta emociones agridulces, más de uno siente un verdadero amor-odio hacía estos meses del año. Una relación ambigua causada por dilemas cotidianos con difícil solución. Viene la primera nevada -¡genial!- pero con ella también un frío que pela… Apetece pasar largas horas al lado de la chimenea -¡perfecto!- pero hay que cortar un montón de leña… Disfrutamos de impresionantes amaneceres y atardeceres -¡qué bonito!- pero oscurece tan temprano… ¡¡Aaayyy!!

Normal que el invierno levante pasiones, discusiones, discrepancias. Pero tiene muchas caras bonitas de las que muy poco se habla. Es la estación que trae el silencio, la naturaleza dormida, el desnudo de los árboles y con ello nos descubre paisajes fluviales o rincones normalmente escondidos. Son días con un aire cristalino y un cielo despejado que abre nuevos horizontes. Días para disfrutar de paseos por calles desiertas, impregnadas con el olor a estufa encendida. Es tiempo para asombrarse ante una pequeña flor intrépida y brotes esperando su gran momento. En fin, es la estación para disfrutar de un ritmo ralentizado llena de infinitos detalles.

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Formicidae formidable

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Dos antenas, seis patitas, una cintura de envidia, feromonas que siempre causan efecto y encima unos cerebros. Son el tipo de animal que fascina, sorprende y… te puede sacar de quiciooooooo!, mantenerte en alerta durante días, semanas, meses, años… Sí, hablamos de las hormigas, en concreto de “nuestras” hormigas que pueblan la finca, trabajan sin parar y alguna que otra vez nos hacen visitas igual de inesperadas que algo incómodas. Pero, seguimos adorándolas.

hormiga6_casa rural shariquaEs todo un espectáculo rural poder observar cómo no se resignan nunca a llevarse su trofeo aunque sea el doble o el triple más grande que ellas y tengan que emplear un real sentido común. Si una sóla no puede cosa que sucede pocas veces ya que son capaces de mover objetos del deseo hasta ¡50 veces más voluminosos que su propio peso!- se juntan para “tirar del mismo carro”.

Con impresionantes velocidades recorren distancias equivalentes a una buena caminata y de paso airean con sus pasillos hormiga_casa rural shariquasubterráneos la tierra. A lo largo de toda la finca las mini colinas, resultado de sus incansables excavaciones, les desvelan. Trabajo en equipo a lo grande.

Cierto que no siempre causan fascinación. Basta con pedir ayuda al mundo y googelear “remedios contra hormigas” para verse confrontado con 135.000 resultados que abarcan desde duchas con agua caliente pasando por chorros de aceite de lavanda hasta barreras de escayola. Aparte de que algunos consejos no parecen muy atractivos -¿quién quiere la cocina llena de yeso? -, más vale hacerse la idea que de poco servirán. Porque “formicidae” no sólo es un insecto formidable, además es enormemente inteligente. Y encima, estimando que existen entre mil y diez mil billones de ejemplares, el “enemigo” siempre nos sacará ventaja.

hormiga5_casa rural shariqua Así que intentamos no darles lugares apetecibles para visitar dentro de casa y ofrecerles terreno a remover a lo largo de la finca. Eso sí, esperando que  no formemos parte de algo parecido a lo que descubrió el biólogo suizo Laurent Keller: la colonia de hormigas más grande del mundo. Se extiende a lo largo de unos 5.700 kilómetros desde la costa de Italia hasta el noroeste de España y Portugal  y está formada por millones de nidos y miles de millones de animales. En este caso concreto, se trata de una hormiga argentina del tamaño de tan sólo 2 milímetros que corre camino a convertirse en el depredador “más grande” del mundo amenazando hormigas autóctonas y ecosistemas enteros – pasando de formidable a feroz.

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Fruto de la fantasía

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Ya está en marcha una maravillosa transformación que convierte una delicada y preciosa flor en uno de los frutos más resistentes de la tierra: la granada, originaria de Asia y hoy presente en toda la zona mediterránea. Sus flores tipo campana y de un rojo intenso no tardan mucho en descubrirse y dejar claro en qué se quieren convertir. Cuando empiezan a formar el fruto, su aparente fragilidad se transforma en una piel curtida que sirve como perfecta armadura para su delicado interior: pequeñas semillas o granos de color púrpura con una finísima piel y un sabroso, jugoso y refrescante interior.

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La granada se hace dura de pelar y muchas manchas acérrimas en paredes de cocina, en blusas y blusones dan cuenta de ello. Para arrebatarle sus granos no sólo conviene protegerse, sino también armarse de paciencia. Se dice que una granada cuenta con 613 semillas – tantas como leyes tiene el viejo testamento. Y no es la única leyenda que se ha hilado alrededor de esta fantástica fruta. Así se contaba que Hipócrates recomendó el jugo contra la fiebre, mientras los babilonios creían que bastaba con masticar los granos para convertirse en invencibles en cualquier batalla. Los viejos egipcios no sólo enterraron sus muertos acompañados de granadas, sino también conocían las cualidades gustativas del fruto y lo convirtieron en un seductor vino con sabor a frambuesa.

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Hasta hoy día, a la granada se le atribuyen múltiples efectos saludables y un enorme potencial como antioxidante. Demostrado científicamente hay muy poco – pero si desde hace siglos y milenios se cree en el poder de un alimento no puede ser puro fruto de la fantasía, ¿o sí? Así que habrá que seguir de cerca esa maravillosa transformación para en otoño hacerse con unas cuantas granadas y disfrutar de sus semillas, su jugo o simplemente de su belleza. ¿Lo mejor? Para ello en el Alto Palancia no habrá ni que acudir a la frutería, hay muchos, muchísimos árboles y arbustos abandonados que sin embargo no se resignan a seguir sacando flores y frutos. Pero ojo: También hay muchísima competencia a la hora de la cosecha, desde minúsculos insectos hasta grandes abejorros…

 

A la reconquista de Jérica: Jaime, el Pensativo, o la historia de 800 moros valientes

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Vista desde la Cruceta al pueblo. Aquí acamparon las tropas del rey.

Si hubiera sido en estos tiempos, quizás habría optado por alojarse en la cercana Sharíqua. Una habitación acogedora (probablemente doble, pero este picante detalle lo contaremos en otro momento), un baño refrescante, relax en la terraza, una copita de vino, estirando las piernas cansadas y todo ello sin quitarle ojo  al pueblo, tramando el plan perfecto para conquistar Jérica. Pero en aquel entonces por el año 1.234  al rey Jaime I y a sus tropas no les quedó otra que acampar a la intemperie en una pequeña colina frente al pueblo después de haber sido echado bruscamente de su primer campamento en la vega del río Palancia por los entonces moradores mandamáses de Jérica. El monarca, refugiado finalmente en una colina conocida hoy como la Cruceta, se habrá dado cuenta rápidamente de que en su camino hacia Valencia este pueblecito le iba a causar problemas… El historiador Gaspar Juan Escolano (1560-1611) más tarde lo describió así:

“Cuando su glorioso exercito… no tuvo en todo el viaje encuentro estropieço alguno, hasta ponerse delante del castillo de Xerica, en el año mil doscientos treynta y quatro, día de santa Cruz de Mayo. Aunque queriendo alojar en su vega, salieron a estorvarleselo de la villa setecientos o ochocientos Moros que escaramuzaron tan valerosamente, que a botes de lanças y saetazos los echaron della. 

Vistos los cuernos al toro, huvo que buscar el Rey otro sitio mas seguro para su campo, y assentole en frente del castillo, en un montezillo un poco desviado, a quien llamaron la Cruceta, por un padron de calicanto, que pusieron allí con una cruz de hierro encima, por memoria del día de la Cruz, en que havia llegado el exercito…”

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Aunque el objeto del deseo, o sea el Castillo de Jérica, le había sido prometido a Jaime I por el propio Albuceit, rey almohade destronado y exiliado de Valencia, para llegar a ello hubo que superar un gran obstáculo que Escolano describe así: “…para poder entrar los de Xerica en ella, no tenían mas que una angosta entrada, que diez soldados la podían guardar.”

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Vistas desde el pino piñonero a Sharíqua.

Cabe esperar que el monarca conquistador durante la elaboración de sus planes de batalla, aparte de la bonita y apetecible vista del pueblo (donde no sólo le esperaba un castillo, sino otro objeto, mejor dicho sujeto del deseo… del cual hablaremos en dicho otro momento) habrá disfrutado al menos de la sombra de árboles tan imponentes como el pino piñonero monumental que hoy se eleva en la Cruceta. Porque al rey le costó lo suyo pensarse la campaña ideal: Nada más ni nada menos que nueve meses más tarde, un embarazo en toda regla, Jaime I y sus tropas capitaneadas por Guillem de Montgrí finalmente lograron conquistar Jérica a los árabes. Fue el 5 de febrero de 1235, hoy día festivo en honor a la patrona del pueblo, Santa Águeda. 

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Vistas desde Sharíqua a la Cruceta con su pino piñonero y el pueblo al fondo.

Unos 800 años más tarde hay otros que emprenden el camino desde la cruceta hasta el pueblo. Las diferencias son notables: Ellos hoy no necesitan más estrategia que una breve descripción del camino por Arenachos para llegar a Jérica. Ahí les suelen esperar con los brazos abiertos y pueden disfrutar del encanto del pueblo, de su gastronomía, de sus fiestas. Es una de las formas más pacíficas de conquistar un pueblo para uno mismo: viajando. Como lo hacen los huéspedes de Sharíqua.

Pequeñas preciosidades

Buscan refugio en un capullo, aterrizan sobre una diminuta ramita, descansan a la sombra de un hoja, se ponen las botas de néctar y trabajan en el campo sin parar y sin esperar grandes recompensas. Y sobre todo, nos sorprenden con sus filigranas formas, sus colores y sus habilidades. Son “nuestros bichos”, los insectos – y algún que otro mamífero –  que han elegido nuestra finca para pasárselo bien. ¿Nombres? Ni idea. Y tenemos excusa: Con millones y millones de especies descritas y no descritas uno puede permitirse alguna que otra laguna en el conocimiento.

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A la vista está que alojamos a saltamontes, grillos y mariposas múltiples, a libélulas, moscas y mosquitos, a cigarras, escarabajos, mariquitas, abejas y avispas…  y un sinfín de hormigas.

Lo que más sorprende: Representando más del 90 por ciento de formas de vida en todo el planeta … que poco se les ve y con que silencio se mueven.

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¿Tomatina? – ¡Ni hablar!

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Es cierto, con lo bien que saben los primeros tomates recién cogidos de la huerta, inevitablemente llega el día de la sobreproducción. Cuando estas bayas rojas viven su momento culmine, las recetas empiezan a agotarse, el estómago se rebela y el organismo corre peligro de sobredosis vitamínica. Pero de ahí a ¡¡¡armarla al estilo Buñol, echarlos a perder y luego tener que arrepentirse durante todo el invierno!!! Ni hablar. La tomatina “à la Sharíqua” más bien se parece a la Matanza Vegetal que se celebra en la aldea de Calabazares en la Sierra de Huelva. Todo un homenaje al fruto rojo originario de México, toda una fiesta alrededor de los productos de la huerta que al final del día acaban donde tradicionalmente lo han hecho desde siglos: embotellados.

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Y exactamente con esta técnica del envasado al vacío estos días también en Sharíqua estamos haciendo acopio. Que no se tiene superproducción o quizás ni siquiera una huerta? Qué más da. Ahora los “poma amoris” están en su mejor momento y encima más baratos que nunca. Así que a comprar, a pelarlos, meterlos en botes bien esterilizados y a sumergir durante una media hora en agua hirviendo. Y ya está: el verano en el bote.

Ah, y metiendo un poquito de albahaca fresca o una hoja de laurel en el bote, ya están aromatizados para que con un sólo chorrito de aceite de oliva (del Alto Palancia ;-)) se conviertan en un verdadero manjar – sobre todo cuando en invierno nos quieren vender bolas rojas, aguadas y sin sabor, por tomates. Vamos, nos ofrecen frutos casi tan sospechosos como los primeros tomates que llegaron a España por allá en el siglo XVI y que con ese rojo vivo y sus formas redondas a los europeos les parecían obra del diablo. Para poco más tarde ser llamados “pomo d’oro” o “manzanas del paraíso”…

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