Buscan refugio en un capullo, aterrizan sobre una diminuta ramita, descansan a la sombra de un hoja, se ponen las botas de néctar y trabajan en el campo sin parar y sin esperar grandes recompensas. Y sobre todo, nos sorprenden con sus filigranas formas, sus colores y sus habilidades. Son “nuestros bichos”, los insectos – y algún que otro mamífero – que han elegido nuestra finca para pasárselo bien. ¿Nombres? Ni idea. Y tenemos excusa: Con millones y millones de especies descritas y no descritas uno puede permitirse alguna que otra laguna en el conocimiento.
A la vista está que alojamos a saltamontes, grillos y mariposas múltiples, a libélulas, moscas y mosquitos, a cigarras, escarabajos, mariquitas, abejas y avispas… y un sinfín de hormigas.
Lo que más sorprende: Representando más del 90 por ciento de formas de vida en todo el planeta … que poco se les ve y con que silencio se mueven.















