La otra Jérica

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Callejuelas bañadas en una suave luz ámbar, sombras difuminadas, bonitos contrastes y detalles resaltados. Olor a chimenea, aire fresco y un silencio que afina los oídos. En invierno, cualquier paseo por un pequeño pueblo de noche es un placer, un paseo  por la Jérica nocturna es una experiencia muy, muy especial.

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jerica22_casa rural shariquaCuando el cielo oscurece y se encienden las viejas farolas, las calles del pueblo parecen estrecharse aún más, los rincones se vuelven misteriosos y la fantasía se permite escapadas hacia siglos pasados cuando las noches se iluminaban tan sólo por las estrellas y alguna que jerica9_casa rural shariquaotra antorcha.

Callejeando por la Jérica nocturna, los restos de las murallas medievales, los bonitos torreones y portales empiezan a contar sus historias de tiempos vividos bajo diferentes mandatarios. Las modestas y diminutas casas abandonadas hace tiempo, de noche se visten de rústicas fachadas pintadas de cal como última defensa ante el olvido.

casa rural shariqua jerica4_casa rural shariqua jerica16_casa rural shariqua jerica12_casa rural shariquaVale la pena querer descubrir el pueblo subiendo sus pronunciadas cuestas, bajando escalones, dejarse seducir por la cambiante imagen de su casi omnipresente torre mudéjar y perderse en ese laberinto de callejuelas que nos llevan a lugares con mucha magia. A la pintoresca calle San Roque con sus mil y una macetas adornando las entradas a las casas, a la imponente Ermita del mismo santo que en su día fue construida sobre una mezquita, o al “barrio caliente”, supuestamente antiguo arrabal y barrio árabe del pueblo. 

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¿Habrá mejor momento para este paseo nocturno que ahora entre fiesta y fiesta? Un bonito momento para dejar deambular a los pensamientos, despedirse del año y soñar con los deseos para el que viene.

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Caminata curativa

montanejos_casa rural shariqua montanejos2_casa rural shariquaQuién no sueña de vez en cuando con días relajantes en un balneario, con masajes, parafangos y parafinas, con aguas que curan y calientan, con sonidos que seducen y calman. Pues bien, como no siempre hay tiempo (y dinero) para largas curas, ¿qué tal con una caminata curativa que tiene un poco de todo lo anterior descrito?

Os proponemos un bonito paseo por el balneario -natural- de Montanejos, un paseo, que nos lleva por el río Mijares y sus aguas con unas reconocidas propiedades mineromedicinales para finalmente adentrarnos en un imponente desfiladero. ¿Los únicos acompañantes? El sonido del agua, el canto de los pájaros y quizás, si hay suerte, el chillido enfadado de algún que otro animal no muy acostumbrado a visitas de forasteros. Al final llegaremos a un pequeño paraíso natural que impresiona por su biodiversidad y su estado salvaje.

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montanejos5_casa rural shariqua montanejos12_casa rural shariqua montanejos11_casa rural shariquaImprescindible para mentalizarse al inicio de esta caminata curativa: meter la mano en el río Mijares a su paso por Montanejos. Ahora, en invierno, sus aguas con una temperatura constante de unos 25 grados sorprenden aún más y parece increíble que gracias a unas fuentes termales todo un río se convierta en una agradable bañera. No sólo calentita, sino también muy aconsejable para sanar enfermedades relacionadas con el aparato digestivo, el riñón o la piel. Propiedades curativas que convencieron ya a romanos y árabes y finalmente -hace ahora ya 150 años- hicieron declarar las aguas de las Fuentes de los Baños de Montanejos de utilidad pública. 

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Rodeado de varios picos de casi 1.000 metros de altura, Montanejos es tierra de manantiales, montanejos17_casa rural shariquabarrancos y profundos precipicios. Caminando desde las Fuentes de los Baños en dirección a los Estrechos, también llamados “Congosto de Chillapájaros”, se puede disfrutar de unos paisajes  montanejos15_casa rural shariquacon paredones de caliza de varios cientos de metros, una naturaleza exuberante, aguas de río cristalinas -a veces azules, a veces turquesas- y un seductor silencio. Es terreno de pocos caminantes y de escaladores intrépidos que vienen de toda Europa para disfrutar de las vías con nombres tan sugerentes como “Sobredosis de pasión”. 

Para los mortales en busca de sosiego, el paseo invita a una pequeña pausa en el mirador natural de las Faldas de Rufino con su peculiar cueva, a disfrutar de las vistas hacía los Estrechos desde la misma presa o simplemente montanejos13_casa rural shariquabuscarse un bonito rincón para observar la flora y fauna. Es el momento para seguir el rumbo de los cormoranes, captar unos instantes en la vida de unas huidizas cabras montesas, ponerse ojo a ojo con un sapo gigante, admirar el vuelo de unas águilas… 

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Y ya está. Efecto curativo cumplido. Relax gratuito, pulmones llenos de aire fresco y la mente despejada. Y si ahora, camino de vuelta, el sol bañara las aguas del río Mijares con esa luz tenue de una tarde de invierno…

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Doblemente bonito

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En esta época del año en el valle del río Palancia en Bejís se unen dos cosas que lo hacen doblemente bonito: Un paisaje otoñal de ensueño y un fascinante desfiladero teñido de colores que abre camino hacia el Nacimiento del Río Palancia. Así que no sorprende que el Centro Excursionista Alto Palancia y la concejalía de juventud del ayuntamiento de Segorbe hayan organizado una excursión que el domingo 17 de noviembre lleva a este mágico lugar. 

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Un lugar que hechiza a cualquiera con la naturaleza exuberante en el tramo del río a su paso por Los Cloticos y el Barranco del Cascajar, con las altas paredes que estrechan el camino hasta que la Rambla Seca envuelve al visitante en un mundo creado a lo largo de cientos y cientos de años. Impresionantes formaciones rocosas cambian con estampas de una vegetación que desafía a esta árida garganta llena de fósiles, bichos escondiéndose detrás de las rocas y pequeñas plantas trepadoras en busca del sol. Un lugar especial, inolvidable e inspirador. Quién no se imaginará unos gnomos andando por ahí…, unos seres mágicos viviendo entre las rocas y observando al visitante…

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Pero antes de perderse en este mundo maravilloso habrá que apuntarse a la caminata: Hay tiempo hasta el 15 de noviembre llamando a uno de estos dos teléfonos: 964 132 020 (ext. 2075) ó 662 650 271. 

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La excursión saldrá a las 8.00 horas desde la fuente de la avenida Constitución, el regreso está previsto sobre las 14.00 horas. Eso sí, sin haberse olvidado del equipamiento básico del buen caminante: mochila pequeña, botella de agua, almuerzo, botas o zapatillas de montaña, ropa de abrigo y chubasquero.

La Bojera – un clásico

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Para su primera caminata con agradables temperaturas otoñales, el Club Excursionista Alto Palancia para este viernes, 1 de noviembre, ha elegido todo un clásico: La Bojera en Montanejos. Es una caminata igual de popular que preciosa que lleva por las paredes abruptas del barranco de Maimoma, ofrece vistas hasta la lejana Peñagolosa y adentra al caminante en un paisaje caracterizado por bosques de pinos, arbustos como pistacheros y madroños, por arces y carrascas.

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Como colofón una visita a la imponente Cueva Negra y, para los más valientes, un refrescante chapuzón en aguas de 24 grados en los Baños de la Reina. 

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La salida para la excursión será a las 8.00 horas en Segorbe, a las 8.30 en Caudiel. Para más información dirigirse al teléfono de contacto 630 362 018 o email info.ceap@gmail.com

Aparte de un buen calzado y el imprescindible almuerzo, el club anima a llevar lo siguiente: 

“Propuestas añadidas son:
– Llevar las acuarelas para dibujar los paisajes.
– Llevar las guías de árboles y arbustos para aprenderse de una vez las plantas principales de nuestra tierra. Con o sin prueba de evaluación final.
Lo que no hay que traer es la bolsa con las prisas.”

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Perderse en lo perdido

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Que mejor forma de perderse por los montes que en búsqueda de un pueblo perdido. Ese fue nuestro propósito el otro día, una bonita caminata por los bosques de Alcudia del Veo y  un interesante encuentro con Jinquer, uno de los pueblos abandonados más fascinante de nuestra geografía. En nuestro camino primero seguimos al GR 36, para más tarde disfrutar de pequeños senderos por medio de bosques de alcornoques y pinos, subiendo hacia lomas que nos recompensaron con preciosas vistas de los valles de la Sierra de Espadán. 

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Cuando al final aparecen las ruinas de Jinquer delante de nuestros ojos empieza el viaje en el tiempo y retrocedemos varios siglos para imaginarnos el lugar creado por los árabes. casa rural shariqua

En una página de Turismo antes de partir habíamos leído que Jinquer (también llamado Xinquer) fue una “antigua alquería islámica cuyo nombre significa ‘cabaña’ o ‘granero’. Fue abandonada por los moriscos tras su expulsión en 1609 y ocupada por repobladores cristianos. El castillo perteneció a la casa de Jérica, fue conquistado tardíamente y formaba parte del Alcadiazgo de Eslida que comprendía los castillos de Eslida, Ahín, Sueras, Veo y Xinquer. Domina desde los riscos de un cerro el despoblado morisco del mismo nombre y el valle del río Veo. Se trata de un castillo roquero que conserva algunas de sus estructuras, como lienzos almenados y algunos de sus vanos”. 

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En su libro “Pobles abandonats”, Agustín Hernández cuenta que Jinquer en sus mejores momentos llegó a tener un centenar de habitantes y cerca de 30 casas. De eso hace exactamente un siglo, fue en el año 1913. El idilio no duró mucho más. Unos 20 años más tarde fue abandonado definitivamente durante la Guerra Civil. No sin dejar muchas huellas de las luchas por un país en libertad. Alrededor del pueblo fantasma aún hoy en día se pueden ver numerosas trincheras y cuevas naturales que servían como cobijo.

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Hoy Jinquer fascina por sus casas en ruinas, conquistadas por hiedras, vides, árboles frutales silvestres y un sinfín de arbustillos. Los restos de la pequeña iglesia aún conservan el altar y el hueco que en su día alojó a la imagen de una santa.

Todo un mundo perdido que hace perder el sentido del tiempo. Una experiencia especial.

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Paseo con Provisiones

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Ya no es preciso ni madrugar ni esperar hasta que el sol haya desaparecido detrás de los picos de El Toro y la Javalambre. Con el mes de septiembre han vuelto las agradables temperaturas que invitan a dar un paseo desde Sharíqua a Jérica en cualquier momento del día. Y aunque no requiera ningún esfuerzo, es un paseo con recompensa. Paseando por nuestra finca ya se puede empezar a rellenar el bolsillo con moras, uvas, manzanas, peras…

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Las provisiones pueden incluso llegar más lejos de lo propiamente comible durante estos escasos 20 minutos hasta llegar al pueblo: También queda alguna que otra almendra en los árboles que se puede guardar por si el invierno se alarga 😉 Además ya están en marcha los siguientes abastos, más propios del otoño como nueces, membrillos, granadas…

Claro que así aún da más gusto emprender el breve camino hacía Jérica que por si sólo es muy agradable, ofrece preciosas vistas al pueblo, nos lleva por huertas cuidadas unas, abandonadas y salvajes otras y de paso nos presenta a nogales, higueras y cerezos vetustos. Un paseo que estos días además tiene otra irresistible recompensa: En Jérica estamos de fiesta y las próximas dos semanas hay programa todos los días y noches.

“Los 9 Miles”

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¡Abstenerse caminantes domingueros! Para el 5 de mayo, el “Club Excursionista Alto Palancia” invita a una ruta sólo apta para senderistas experimentados. Eso sí, promete. Y mucho. Bajo el lema “Los 9 Miles de Espadán” este domingo quieren coronar nueve cimas de la Sierra Espadán que compensan el esfuerzo para alcanzar sus 1.000 metros con miles de impresiones inolvidables.

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Quien se atreva a una caminata de unos 21 kilómetros, un recorrido con una duración aproximada de 7 horas y un desnivel acumulado de subida de 1.527 m (!!) vivirá momentos únicos: la Sierra de Espadán a vista de pájaro, impresionantes panorámicas hasta el mar en un lado y las montañas (¿aún nevadas?) de la Sierra de Javalambre en el otro… Pasará por cimas y cordales, abruptas crestas y amigables lomas, verá profundos barrancos y ramblas con un sinfín de fuentes y una vegetación exuberante. Disfrutará de bosques únicos de alcornoques, pinares de pino rodeno, encinas, pino carrasco, castaños, tejos, acebos, arces, madroños… Y con algo de suerte se habrá encontrado con águilas, lagartos, culebras, búhos, zorros, ginetas o una de las 16 especies de murciélagos que viven en la Sierra Espadán. Es que 31.180 hectáreas de parque natural – el segundo más grande del País Valenciano – dan para mucho.

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Y como si flora, fauna, vistas y aromas no fuesen suficiente, la sierra obsequia con sus extraordinarias formaciones geológicas, caracterizadas por sus colores rosados-rojizos de los paisajes silíceos o los blanquecinos de los calcáreos.

Está claro, hay que sacar fuerzas como sea para hacer cumbre en Peña Pastor, Guru, Pico Espadán, Cerro Gordo, Peñas Blancas, Alto del Bovalar Pico Bellota, Puntal de Aljibe y el Pico Batalla.

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El punto de encuentro y salida es la Plaza de la Constitución de Segorbe. A  las 7:30 horas de ahí se va a Aín para emprender ruta hacia las cimas.

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Un kilómetro de felicidad

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La “Vuelta de la Hoz”, un agradable paseo a orillas del Río Palancia, es sin duda una de las excursiones más bonitas y al mismo tiempo más cortas de Jérica. Partiendo del pueblo, se camina por una senda semicircular que se adentra en un meandro del río, siempre acompañada de una densa y variada vegetación, abrigada por impresionantes paredes casi verticales en medio de las cuales el agua se abrió  paso. Y en tan sólo media hora, de vuelta al pueblo. En teoría. Porque casi nadie se puede resistir a sentarse un rato en uno de los bancos, a curiosear y conocer detalles del sistema de acequias, a observar los restos de viejos molinos o simplemente a descansar y disfrutar.

Es un bonito paseo durante todo el año, pero en un día llovioso primaveral tiene un encanto aún más especial.

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El aroma de hierbas silvestres  y flores se intensifica al igual que los colores. El silencio sólo admite las charlas de los pájaros y el murmullo del agua. Y las paredes de la Peña Tejada, que a los árabes les sirvieron como muro natural para su castillo con su Torreta en lo alto de la colina, parecen aún más inabordables.hoz20_jerica_casa rural shariqua

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Es el momento de dejarse fascinar por unas gotas de agua, por el paseo “slow” de un caracol o el brillo de una piedra.

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Es el momento para parar y disfrutar poco a poco de ese kilómetro de felicidad. 

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Disfrutando del “charco”

“Regajo – Charco que se forma de un arroyuelo” (RAE).

Bueno, bueno, bueno. Tampoco hay que despreciar a nuestro embalse de forma tan borde. Cierto que el año pasado el pantano jericano debido a la sequía se había empequeñecido de manera estrepitosa. Pero ya se ha recuperado casi del todo después de estos días de lluvia, nieve y cielos grises. Y son especialmente estos días que vale la pena visitarlo y disfrutar de un ambiente muy particular.

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Cuando el cielo blanquecino se extiende como un manto gigante, parece dispuesto a amortiguar cualquier sonido, a calmar la atmósfera – y el ánimo – y a envolver el paisaje en unos relajantes tonos suaves. Más calmadas aún están las aguas del casa rural sharíquaRegajo que sólo se mueven cuando un enfadado pato se levanta precipitadamente, quejándose vehemente de la llegada del intruso.

En las orillas, la naturaleza aún está hibernando. Pero falta poco hasta que la primavera no sólo pinte de verde el paisaje y llene de hojas a los chopos, higueras y granados que rodean el agua. También llegarán los amantes de la pesca, del picnic con posibilidad de chapuzón, de la casa rural sharíquaacampada y el piragüismo.

Es entonces cuando el pantano El Regajo ya no estará tan tranquilo, pero más refrescante que nunca. Y es que casi siete millones de metros cúbicos de agua fresquita en verano dan mucho de sí.

 

Lagunas, empastes y “ruejos”

sharíquaEs uno de esos paseos inolvidables para un día soleado, claro y fresquito de invierno. Visitar la Laguna de la Dehesa de Soneja no sólo promete una exuberante naturaleza, impresionantes vistas y la posibilidad de escuchar lo que significa el silencio absoluto. También es un paseo educativo, entretenido y único: Y es que esa preciosa laguna, ubicada a una altura de 440 metros y rodeada de una particular meseta, es la laguna natural más alta de la Comunidad Valenciana, un lugar rodeado de un especial microclima y un bonito bosque mediterráneo con sus alcornoques, imponentes pinos, encinas y carrascas.

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No extraña pues que ese idílico lugar fuera ya popular en el Paleolítico, habitado por recolectores y cazadores  en busca de presas y disfrutando de una gran variedad de frutos. Las piezas más viejas, testimonio de lo vivido y encontradas ahí, datan de 11.000 años antes de Cristo. No en vano el sitio fue bautizado “La Dehesa”, ya que sirvió durante mucho tiempo como terreno ideal donde los pastores llevaban su ganado a llenarse las panzas.

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Tanto entonces como hoy, aparte de animales y plantas comestibles, la naturaleza ofrecía muchas cosas que ayudaban en el día a día. Lo cuentan los numerosos carteles explicativos de plantas que acompañan al visitante a su paso por la dehesa19_shariqualaguna y el terreno colindante, llamado Arenal. Se puede leer sobre las cualidades curativas de la zarzaparrilla en caso de gripe o de lo ideal que era la resina del lentisco como empaste dental. Se aprende sobre pinos piñoneros centenarios y madroños del sharíquatamaño de un árbol. Pero la Dehesa de Soneja con su espléndida ubicación entre la Sierra de Espadán y el litoral también es un pequeño paraíso para los animales desde gatos monteses y comadrejas pasando por águilas, zorros, sapos y jabalíes. Ni más ni menos que 6 especies de anfibios, 15 especies de reptiles, 25 de mamíferos, y 91 de aves, 7 de ellas rapaces, están entre los habituales huéspedes.

Así que vale la pena llevarse unos prismáticos- tanto para seguir el vuelo de alguna rapaz como para aún ver más lejos y disfrutar de unas espectaculares vistas hasta el mediterráneo, pasando por la sierra y contemplando el valle del Palancia. Y que no falte la cámara porque dónde si no en la Dehesa se tropieza en medio del monte con gigantescas piedras de molino – perfectamente dibujadas en rocas enormes e incluso ya talladas y listas para su montaje. ¿La razón? En la zona del Arenal hasta bien entrado el siglo XX se explotó una pequeña cantera donde con un esfuerzo inmenso vieron la luz estas piedras conocidas como “ruejos” y empleadas en todas las almazaras del Alto Palancia.

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sharíquaY no fue la única cantera. Durante el paseo por el Arenal se presenta la segunda laguna de la Dehesa, ésta totalmente desecada después de haber servido como cantera para la extracción de arena. Hoy es como un paseo por la playa con su fina arena blanca, sus pequeños arbustillos y sus pinos. Un paseo acompañado de la sharíquasuave luz de una tarde de invierno, de sombras largas y un aire más que sano. Un paseo que hará regresar a cualquiera para volver a ver la Laguna de la Dehesa cuando esté abrazada por la primavera, luciendo nuevos verdes y viejos encantos.