Paseo con poesía

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Pavías, un pequeño pueblo en medio de la Sierra de Espadán, lo tiene todo para unir dos bonitos momentos: disfrutar de un paseo y de la poesía. Así que en este rincón perdido con apenas 60 habitantes, unas cuantas calles empinadas, un bar y una imponente iglesia se ha pensado en la creación de algo muy especial: Un agradable paseo de un par de kilómetros acompañado de ilustres poetas de varias épocas. ¿Qué mejor excursión contemplativa se puede uno imaginar entre fiesta y fiesta?

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El camino arranca en el mismo pueblo, en el frontón, y atraviesa una bonita parte del barranco de Pavías. En este paseo no sólo las vistas a las montañas y a la silueta del pueblo, no sólo las impresiones invernales con sus últimas hojas de colores, extraños frutos del bosque y relucientes musgos y hongos requieren una pausa y una mirada más detallada. En estesharíqua paseo cada cientos de metros como parada obligatoria se presenta un poema y se hace recordar un ilustre intelectual, una apasionada poetisa o un lejano literato. Es un paseo entre poesías de Alberti, Guillén, Lorca, Aleixandre, Darío, Cernuda…

sharíquaPero es igualmente un paseo que nos recuerda que también el mundo literario es – o mejor dicho era – un mundo de hombres. Entre la  docena de autores apenas se encuentran dos escritoras, De Castro y Santa Teresa… Que por otro lado esto brinda una bonita posibilidad de alargar el paseo algún día.

Una vía, dos destinos

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Durante 70 años desde el inicio del siglo XX entre Teruel y Valencia se solía oír un estruendoso traqueteo, seguido de un quejido que a los vecinos les anunciaba el paso de un transporte particular y muy pesado: El tren minero cargado hasta arriba con mineral de hierro se abría camino entre sierras, colinas y valles, superaba viaductos y túneles para llevar su carga desde la zona de Ojos Negros en Teruel hasta Sagunto. Casi 225 kilómetros atravesando llanuras, bosques mediterráneos, los valles de Alfambra y Jiloca, teniendo como telón de fondo a las Sierras de Gúdar y Javalambre, entrando en la región de Valencia a través de la meseta de Barracas y los altos del Ragudo para finalmente atravesar el precioso Valle del Palancia. Resoplando durante casi siete decenios desde la apertura de la mina en el año 1907 hasta la suspensión del tráfico ferroviario en 1972.

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Los que en aquel entonces doblaban el lomo en las minas de Ojos Negros, sudaban al vapor de la locomotora o se fatigaban al descargar en el puerto de Sagunto difícilmente podían imaginarse que un siglo más tarde la misma vía sharíquaminera iba a ser lugar de divertimiento y disfrute de la naturaleza, una vía de vistas memorables y momentos muy felices.

Cierto, a veces también se suda un poquito, pero la Vía Verde Ojos Negros hoy en día  es conocida, sobre todo, como una de las vías verdes más apetecibles de toda España, como un cómodo paseo en bici por parajes de mucha belleza.

Aun cuando en los años 70 se desmanteló la vieja vía hubo que esperar casi tres decenios más hasta que en 1997 se empezara con la recuperación del antiguo trazado de la vía minera de Ojos Negros como vía verde por la Comarca del Alto Palancia. Hoy la “Ojos Negros” con sus 184 kilómetros de recorrido es la vía verde más sharíqualarga de España y atraviesa el Alto Palancia a lo largo de casi 70 kilómetros. Pasa por diez pueblos (entre ellos Jérica :-)), uniendo Barracas con Torres-Torres, ya en la provincia de Valencia. Lo más llamativo: En todo su trayecto tiene un cómodo desnivel medio del 6,25 %.

La Vía Verde Ojos Negros lleva al ciclista – o caminante – por ocho túneles de entre 120 y 440 metros de longitud, por cinco viaductos de hasta 22 metros de altura y 73 metros de longitud. Además se pasa por 17 puentes,  tres embalses, numerosos miradores y áreas de descanso. Por no hablar de los paisajes desde el altiplano de Barracas a una altura de 960 metros y al pie de la Sierra de Javalambre hasta los intensos verdes del valle del Palancia con sus campos de olivos y almendros, sus ricas huertas, sus imponentes montañas y la singular Sierra de Espadán en el fondo.

Cuando sharíquaal final se llega a Algimia, ya en la provincia de Valencia, se habrá disfrutado de un desnivel de unos 790 metros hasta encontrarse a una altura de tan sólo 174 metros por encima del nivel del mar y a un pequeño paso del Mediterráneo.

Según el momento elegido, se habrá visto la recogida de la oliva, almendros en flor, montañas nevadas, cerezas en todo su esplendor, huertas rebosantes, pantanos brillantes… y mucha gente con una sonrisa de lado a lado, deseando poder revivir esa “experiencia bici” lo más pronto posible. O quizás redescubrir la vía verde a pie y enganchar con un GR en dirección a Delfos (o mejor primero a Montán), o montar a caballo o…

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Caminando juntos

Con una de las rutas más bellas, el Club Excursionista Alto Palancia terminará un año más de caminatas, encuentros y maravillosas experiencias: el ascenso a La Peñaescavia por el Barranco del Resinero en Bejís. Durante la caminata de unas 5 horas os espera un barranco de cuento de hadas con riachuelo, líquenes, hiedras y preciosas flores incluidos. Ganando altura, habrán impactantes vistas que animan a seguir subiendo hasta ese monte mágico que con sus 1.317 metros se alza por encima de sus vecinos y con razón se ha convertido en uno de los emblemas del Alto Palancia.

Así paseando entre pinos negros, tejos, sabinares, carrascas y arces es fácil olvidarse de esos 700 metros de desnivel que hay que superar a lo largo de unos 11 kilómetros. Y sabiendo que al final de la excursión os espera una comida con tapas y paella… seguro que es otro incentivo nada despreciable.

¿Cuándo? El 16 de diciembre, partiendo de Soneja (Plaza España) a las 7.30 horas, de Segorbe (Plaza de la Constitución) a las 7.45 horas. Hay que inscribirse y reservar plaza (15,00 euros) en  info.ceap@gmail.com.

Camino de colores

Barajamos varias opciones: Subir al Pico Espadán, volver a la Calderona, disfrutar de los alcornoques en Almedíjar o de las vistas en las montañas de Montanejos. Pero no pudimos resistirlo. Es otoño y este año aún no habíamos visitado el valle del río Palancia en Bejís. Así que volvimos a uno de nuestros paseos preferidos, bordeando el río Palancia y en esta ocasión siguiendo la ruta de las fuentes, cruzando campos de olivos, orientándonos por el curso de las acequias, pasando por casas de campo restauradas y ruinas luchando contra la gravedad, dejándonos encantar por las cascadas de los cloticos, cruzando el río poniendo en juego el equilibrio y trepando por las bonitas rocas  de la orilla.

En apenas dos horas nos llenamos de colores, del aroma de las hojas recién mojadas por las últimas lluvias, del sonido del río y de esa luz tan especial de estas tardes de otoño. Y, ¿por qué no decirlo? También nos llenamos los bolsillos, porque con sólo mirar al suelo topamos con nueces, madroños… y hojas de todos los colores para secarlas y tener otoño para rato.

Y, ¿cómo no? También os hemos traído un recuerdo. Con los madroños vamos a hacer nuestro primer “Vinagre de madroños”. Si queréis acompañarnos en el experimento, la receta la tenéis en sharíqua presenta.

La primavera de Cavanilles

“Tal espectáculo ofrecía allí la naturaleza en un año seco y en el mes de septiembre. ¿Quánto más hermoso debe ser  aquel recinto en la primavera después de las lluvias?”, se preguntaba Antonio José Cavanilles y Palop (1745-1804) en uno se sus viajes por la zona del río Palancia y la vega de Bejís. Pues, si el famoso botánico valenciano hubiera hecho este viaje estos días después de una de las primaveras más lluviosas desde hace años, seguro que se hubiera quedado maravillado ante la explosión de la naturaleza que se ofrece estos días por nuestra región.

Una experiencia que nosotros vivimos en una de las excursiones clásicas del Alto Palancia: la subida a la Peñaescabia, monte mágico en las estribaciones de la sierra de El Toro, pico imponente que con sus 1.317 metros de altura ya es visible desde lejos y parece ser el guardián de toda la cabecera del Palancia.

La ruta nos conducía primero por una pista forestal, más tarde por un sendero zigzageando hasta la cima. Una caminata de lo más agradable y – aunque con un desnivel de unos 500 metros – muy fácil de andar. Eso sí, estos días no habrá quien no se pare cada dos por tres. No sólo por disfrutar de las espléndidas vistas, sino también por el sinfín de flores, plantas curiosas y setas que se asoman entre ese bosque precioso de pino negro, tejos, sabinares, carrascas y arces.  Una diversidad difícil de encontrar en otros lugares, un paraíso que seduce a cualquiera. Oler los distintos aromas a miel, observar el vuelo de las águilas, fijarse en cómo nacen las hojas de los pinos o disfrutar con estos fascinantes dibujos-cara que se divisan en las cortezas de los árboles…

Y, como no podía ser de otra manera, a la vuelta nos acercamos al río Palancia, un paraje que incluso en años de sequía a Cavanilles le había impresionado: “… los vegetales viven alegres en aquellas quebradas y graderías naturales, donde crecen con lozanía los almeces, arces, fresnos, espinos, cornejos, cervales … Enrédanse entre ellos, y no pocas veces los tapizan las parras, madreselvas, clemátides y zarzas…”
¿A qué esperáis?


Aire de altura

No hace falta llegar a la altura de una Edurne Pasabán para experimentar esa bonita sensación de haber llegado muy, muy arriba. Sí hace falta vivir en o visitar a una zona tan bonita como el parque natural de la Sierra Espadán con sus numerosos picos “1.000”, estar bien acompañados y pillar uno de esos días primaverales que te obsequian con vistas inolvidables. Pues, todo esto lo conseguimos el otro día y aún estamos disfrutando de esa caminata por los barrancos de la Mosquera y Almanzor en Almedíjar y por el pico del Cerro Gordo.

Una caminata que aparte de impresionantes vistas que llegan hasta las sierras nevadas, hasta el mar, la monumental Peñagolosa o por encima de los pequeños pueblos de los alrededores, ofrece sobre todo una cosa: el contacto con alcornoques centenarios que con su especial sublimidad impresionan a cualquiera.

En la Sierra de Espadán el Quercus suber es pelado cada 12 o 14 años, cuando su corteza ha llegado a un grosor de unos 30 mm y se puede usar para fabricar corchos – cada vez menos – o aislantes naturales – cada vez más.

Cuando al árbol le quitan su rugoso traje, luce una piel preciosa que brilla según el momento del día con tonos rojizos, violetas y marrones. Un espectáculo especial son los matices después de una lluvia o los preciosos parásitos que se alojan en su tronco.


Ruta panorámica

Menudo día escogimos…

Hace poco nos dirigimos a la Sierra Calderona para disfrutar de una de las muchas caminatas que tiene este precioso parque natural cerca de Valencia. Con las montañas aún nevadas, un aire gélido y saltando charcos congelados, no tardamos mucho en notar las mejillas rojizas, la nariz algo entumecida y las orejas crujientes. Pero ya se sabe, andando…  se calienta el cuerpo.

Nada más aparcar el coche en la Masía de Tristán – término municipal de Segorbe – tuvimos que escoger una de las direcciones marcadas por las numerosas señales de GR y PR. Nos decidimos por la ruta del GR-10 en dirección hacia el collado Roig. Una pista fácil de andar -también muy apreciada como ruta de bici mountainbike- que ofrece unas magníficas vistas y un paisaje caracterizado por rocas rojizas, alcornoques, una gran diversidad de arbustos y preciosos pinos rodeno.

Llegando al Valle de la Jara, el paisaje salvaje se entrelaza con los viejos cultivos y las casas de campo aisladas. Rodeamos las Peñas Altas y las Peñas Blancas para dirigirnos al final hacía el Monte Mayor. Todas ellas montañas de entre 800 y 900 metros que obsequian con fantásticas vistas que llegan hasta el mar. Y ya nos habíamos olvidado del frío, disfrutábamos de una caminata que después de unas 3 horas nos acercaba de nuevo a la Masía de Tristán. No antes de echar otro vistazo al poste con las indicaciones sobre los caminos que otro día nos llevarán a Serra, a Olocau, o a Gátova…

GR o El Gran Respiro

¿A quién no le vendrá bien? Sea entre las fiestas que se nos vienen encima o como buen propósito para el año nuevo, o simplemente como gran respiro entre atracones de pavo, pastelitos y polvorones: una caminata. Como escapada ideal os presentamos un nuevo GR,  perfecto para perderse un par de días en otro mundo. Bajo el título “De Pinares a Sabinares” el gran recorrido GR-231 arranca en Jérica para terminar después de 64 interesantes y variados kilómetros en Sarrión en la vecina provincia de Teruel, concretamente en la comarca de Gúdar-Javalambre.

A lo largo de todo el trayecto al caminante le espera un apacible desnivel de 1.200 metros y una naturaleza cambiante y sorprendente. Se anda por las vegas de los ríos Palancia, Manzanera y Albentosa, acompañado por un paisaje caracterizado por chopos, sargales, fresnos y álamos. Después de densos pinares y campos de olivos centenarios en los alrededores de Jérica, Viver y Torás, el panorama cambia notablemente al llegar a El Paúl, Manzanera y Sarrión con sus sabinares y carrascales.

El recorrido está divido en tres etapas de unos 20 kilometros y perfectamente señalizado con sus marcas rojiblancas y paneles explicativos sobre la ruta y los sitios interesantes de cada pueblo por donde pasa. El primer día se camina de Jérica pasando por Teresa a Bejís, el segundo día de Bejís por El Toro a Manzanera y, como última etapa, de Manzanera por Albentosa hasta Sarrión. ¿A qué es una escapada ideal? También en invierno. Aunque muchos árboles han tirado hasta la última hoja, las huertas parecen haberse desnudado y muchas hierbas están hibernando, ahora es el momento de fijarse en los pequeños detalles de la naturaleza.


De Hadas y Alcornoques

Cuándo mejor dar un paseo por un bosque encantado si no en estos días de otoño con esa tenue luz tan especial y los colores que parecen sacar nuevos matices aún desconocidos. Y qué bosque mejor que los alcornoques de la Sierra Espadán, estos impresionantes árboles que con sus brazos ramificados y su piel rugosa parecen cobrar vida, dibujar historias, querer agarrar al caminante.

Uno de los barrancos más fascinante de la sierra es sin duda el barranco Almanzor en Almedíjar, que introduce al visitante en una exuberante naturaleza con árboles centenarios, arbustos de todas las formas y colores posibles, helechos, líquenes y setas. Tampoco faltan el murmullo del agua, el canto de los pájaros, el sonido del silencio. Y no es de extrañar que ante tanta belleza uno se siente como en un cuento en el que sólo faltan las hadas para vivir momentos realmente mágicos.

Saliendo de Almedíjar por la rambla del mismo nombre y pasando por campos de cultivo y de olivo, enseguida llegamos al barranco Almanzor que se puede recorrer por una agradable senda que forma parte de muchas caminatas largas y preciosas por la sierra. Nosotros nos conformamos con subir hasta el Collado La Ibola y no pudimos resistir la tentación de volver por el mismo camino, disfrutando del color intenso de los alcornoques recién pelados, de los impresionantes pinos y castaños y del encanto de un lugar que fascina a cualquiera.

Una hora – nada más

Una hora, a veces no hace falta más para olvidarse de un día agotador, una semana ajetreada. Es suficiente para llenarse de energía, aire fresco, aromas y colores. Tan sólo una hora de las 24 que tiene el día, el tiempo que el otro día nos bastó para dejarnos encantar por uno de los paseos más mágicos del Alto Palancia: el sendero por la ribera del río Palancia en el paraje de los Cloticos de Bejís. Ahí, donde nace ese agua tan buena y donde aún se encuentra naturaleza en estado puro. Un pequeño paraíso. El mundo del murmullo continuo del agua, de cascadas y preciosas pozas.


60 minutos para dejarse seducir por los olores y colores del otoño, por las hojas variopintas de álamos, fresnos y avellanos, de sauces, chopos, olmos  y cornejos. Una hora para contemplar las últimas flores de estas plantas valientes dispuestas a desafiar al invierno que viene. Un mundo de colores que hace que una hora se convierta en una des esas pequeñas eternidades.