Término, sweet término

No cabe duda que para los senderistas el Alto Palancia es un paraíso, hay tantas rutas apetecibles que a veces es difícil decidirse. Nos pasa a nosotros, les pasa a nuestros huéspedes cuando les aconsejamos – la lista de preciosas caminatas es larguísima: el inmenso parque natural Sierra Espadán con sus monumentales alcornoques, la vecina Sierra Calderona y sus vistas hasta el Mediterráneo, el paraje natural alrededor de los Clotícos y la Peñaescabia en Bejís, los paseos de ribera en Teresa, las rutas por ríos y montañas en Montanejos -con baño termal incluido- o la peculiar Dehesa de Soneja…

Hay tantos tesoros que muchas veces no nos acordamos de lo más cercano y ahora hacía años que no caminábamos por tierras de Jérica. Hasta que llegó el día 2 de mayo de 2020, el día que millones de corona-confinados por fin pudimos salir de casa, dar un paseo, hacer deporte al aire libre… Eso sí, dentro del término municipal. Un micro-paraíso en todo su esplendor primaveral que volvió a sorprendernos. Pasen y vean…

En busca de la magia

¿Puede haber mejor paseo para estrenar el año nuevo que disfrutando debajo de un pequeño mar de muérdagos? ¿Lanzando deseos y no parando de besarse? Basta con ver esa planta mágica para entender que desde tiempos remotos ha fascinado al hombre, ha tejido a su alrededor una densa red de creencias y leyendas y para mucha gente es una acompañante muy especial durante las navidades y el cambio de año.

Al muérdago, dicen, no se encuentra, sino que te encuentra él a ti. Sea como sea, para dar con esa curiosa planta -en realidad es un semiparásito- hay que andar con la mirada hacia el cielo. Es que las llamativas bolas con sus ramificaciones, sus finas hojas de color amarillo verdoso y sus blancas bayas en forma de perla suelen crecer en lo alto de los árboles.

Y no en cualquier árbol. Tienen sus preferencias -árboles frutales, pinos, chopos- y cuando se agarran a su nuevo hogar empiezan a chupar agua y sales del anfitrión y a crecer lentamente durante años y años hasta formar tallos de más de medio metro.

Siempre y cuando nadie tope con ellos y quiera aprovecharse de sus múltiples cualidades. El muérdago ya fue utilizado en la antigüedad como remedio universal y sus usos medicinales son indiscutidos hasta hoy en día – al igual que su toxicidad. Así que nada de experimentos.

Como primer acercamiento a los poderes mágicos puede servir una costumbre ancestral que consistía en tallar un pequeño amuleto de una rama de muérdago para sentirse a salvo de cualquier desgracia o enfermedad. Según viejas creencias, tener un tallo de muérdago en casa protegía de brujas, calamidades, espíritus malignos y cualquier mal en general. También los celtas le tenían un especial amor y bien es conocido -no sólo por los lectores de Asterix y Obelix- que los druidas eran especialistas en convertir la planta en pócimas mágicas.

Sin tener que beber brebajes sospechosos, cualquiera puede sentir la magia del muérdago siguiendo otra vieja costumbre: Colgar un tallo encima de la puerta de casa y besarse debajo de él. Promete suerte y un amor eterno… En realidad, la costumbre, originariamente de Inglaterra, da vía libre a cualquiera que se encuentre bajo el marco con otro/otra para dar un beso sin permiso. Eso sí: La tradición también dice que con cada beso hay que quitar una de las bayas de la ramita de muérdago. Y cuando ya no queden bayas, se acabó el beso robado… De ahí el dicho: “No mistletoe, no luck“ – No hay muérdago, no hay suerte.

Suerte que a nosotros nos quedan un montón de bayas…

 

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Ha sido una caminata didáctica. Una caminata que muchos años antes nos había encantado y que no nos atrevimos a repetir por miedo. Miedo a lo que íbamos a ver después del horrible incendio que un día de marzo se comió cientos y cientos de hectáreas de bosque y matorral en la Sierra Espadán y amenazó con tragarse a Gaibiel entero. Han pasado diez años y por fin hemos vuelto… para ver las dos caras de un paisaje devorado por las llamas.

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gaibiel_casa-rural-shariquaUna mañana gélida, al inicio, la caminata nos lleva al pequeño barranco de la Costaleta. Aún en la sombra, la escarcha ha convertido muchas hojas y bayas en minúsculas obras de arte.

Hay que cruzar el río Regajo -no sin antes haber visitado la vistosa fuente del Vicario- que a estas horas parece echar humo. Al emprender la subida, somos nosotros los que “vaporeamos” el aliento al aire fresco de invierno.

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Al otro lado de la montaña nos esperan el sol… y las primeras huellas de aquel incendio. Hoy, un decenio más tarde, una densa gaibiel16_casa-rural-shariquaalfombra verde ha reconquistado el alto, recubierto de coscoja, romero, jaras, brezo blanco y lentisco. Pero también nos encontramos con los esqueletos de árboles grandes, tumbados y aún ennegrecidos. Testigos de un incendio, convertidos en monumentos exhortatorios… y rodeados de jóvenes pinos y arbustos que demuestran que la naturaleza es más fuerte que las llamas y las estupideces humanas. La historia de los bosques mediterráneos es también la historia de sus incendios. Así que decidimos quedarnos con las impresiones de una naturaleza fuerte e invencible.

Y no sólo impresiona la naturaleza viva, sino también la petrificada. De tiempos mucho más gélidos que esa misma mañana, hablan formaciones rocosas, comprimidas, agujereadas, fileteadas y esculpidas por las fuerzas del hielo y la tierra.

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gaibiel8_casa-rural-shariquaAl llegar al cruce con el PRV-63.7 no podemos resistir la tentación, nos desviamos del camino previsto y caminamos por el altiplano en dirección al Pantano El Regajo. Las vistas son espectaculares, abarcan desde los pueblos en los alrededores hasta las montañas de la Sierra de Espadán o los picos de Bejís.

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gaibiel18_casa-rural-shariquaCamino de vuelta y pasando por una zona llamada Majadal, pronto llegamos al “Mirador de la Carrasca” que ofrece unas bonitas vistas del pueblo y del valle al que se ha acoplado Gaibiel. El camino va descendiendo de forma rápida y pronto aparece el restaurado castillo. gaibiel19_casa-rural-shariqua

Desde allí una senda lleva de vuelta al río y, teóricamente, por un pequeño puente a la fuente Los Caños. Teóricamente. Porque como al puente le falta un metro para alcanzar la otra orilla, si el río lleva bastante agua, toca quitarse las botas. Sin duda el momento más refrescante de la ruta. ¿Hay un final mejor para una caminata con reencuentro feliz? gaibiel20_casa-rural-shariqua

 

Ampliando horizontes

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Si te encantan las vistas panorámicas de 360 grados, hay una caminata que no te puedes perder. Es una sierracaudiel_casa rural shariquaruta circular por la Sierra de Caudiel que pasa por muchas fuentes, viejas masías e impresionantes llanuras. Una ruta que arranca en el Collado de Arenillas y que se puede disfrutar gracias a los esfuerzos del Club Excursionista Alto Palancia que la recuperó el año pasado dejándose la piel y muchas gotas de sudor. Sólo pocos meses después uno puede hacerse una idea del trabajo realizado porque ya empiezan a volver a crecer los arbustillos, la maquia y las flores al borde del camino, demostrando una impresionante fuerza y salud.

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Y es que todo el recorrido nos lleva por una naturaleza exuberante caracterizada por carrascas, pino rodeno, romero, sierracaudiel14_casa rural shariquasierracaudiel8_casa rural shariquaquejigos y aliagas, pero también por algún que otro arce, acebo o tejo. Vetustas hiedras convertidas en árboles abrazan a las rocas y frágiles líquenes y musgos pintan preciosos contrastes con la piedra rojiza de la sierra. A lo largo de la “Senda El Vergel”, también conocida como “la ruta de las cinco fuentes”, vale la pena fijarse en la gran variedad de la vegetación, pero uno tampoco se cansa de admirar las impresionantes vistas.

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En la lejanía saluda la majestuosa Peñagolosa, mucho más cerca quedan las montañas de la Sierra Espina, la Espadán y la Calderona. Una panorámica completada por el precioso valle de Montán y las bien esculpidas Canteras de Gullirno en la misma Sierra de Caudiel. Después de haber pasado por debajo de esa pequeña cordillera se llega a la llanura del Alto de la Covarada.

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A partir de ese momento el camino ya casi discurre al mismo nivel, nos lleva por masías abandonadas, campos medio trabajados y poco más tarde se abren las vistas hacía Higueras y Pavías. A través del “Cordal de los Contrabandistas” finalmente se alcanza el punto más alto de la ruta y de la sierra, el famoso “Alto desierracaudiel18_casa rural shariqua la Palomas” con sus 1.156 metros de altura.

Falta poco para completar los 14 kilómetros de esa ruta circular que pasando por el Pórtico de la Ventisca nos lleva al punto de partida. Cinco horas llenando los pulmones de aire puro y abriendo nuevos horizontes.

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