Vistas de invierno

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Cierto que las temperaturas invernales aún se hacen esperar, no obstante el aire sí que se ha convertido ya en más limpio, más claro y sano. Es el momento de emprender caminatas que prometen vistas panorámicas y bonitos contrastes de colores. Una fantástica opción es la ruta por el barranco de Ajuez en Chóvar que estos días no sólo nos obsequió con vistas kilométricas, sino también con muchas impresiones de tiempos pasados. Tiempos de duros trabajos en plena montaña, luchando contra las inclemencias.

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La ruta -bien marcada por señales del propio parque natural Sierra Espadán e indicaciones sobre distancias y tiempos- arranca cerca del embalse de Ajuez, construido en el siglo XII por los árabes, ampliado en varias ocasiones, usado como piscina municipal y hoy bastante maltrecho. El PR 138 en dirección a la imponente Nevera de Castro rápidamente nos adentra en el paisaje emblemático de la sierra, un paisaje caracterizado por vetustos alcornoques, helechos y rocas de rodeno. Es naturaleza en colores que van desde todo tipo de tonos rojizos, verdes, amarillos, grises y beige café. Un impresionante cuadro que estos días de invierno parece brillar aún más y compite con el azul intenso del cielo.

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barranco-de-ajuez11_casa-rural-shariquaDespués de haber pasado por la famosa Fuente Fresca, todo un símbolo para la tan apreciada agua de Chóvar, nos espera otra curiosidad que nos acerca a la historia del pueblo. Bajando una pequeña senda se encuentran los restos de la mina del “Socavón” que hablan de la barranco-de-ajuez12_casa-rural-shariquaextracción del cinabrio y su posterior fundición en hornos para obtener el mercurio. Una faena despiadada que dio empleo hasta los años 60 del siglo pasado y de la cual hoy en día sólo quedan los restos de raíles, herramientas retiradas y un par de vagonetas. Sin duda un inhóspito lugar que podría contar mucho sobre destinos poco felices.

En busca del sol subimos cómodamente hasta encontrarnos a una altura ya de unos 800 metros con la estrella de esta caminata: la Nevera de Castro, un imponente testigo de los inicios de la industria de la refrigeración. Fue construida en el siglo XVIII como depósito para la nieve y su posterior compactación. Así de apretada y además protegida por gruesos muros y tierra congelada, la nieve convertida en hielo aguantó hasta bien entrado el verano y poco a poco fue transportada hacia la costa o a cualquier otro lugar donde el calor apretaba y se buscaban formas para conservar los alimentos o enfriar las bebidas…

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Es una nevera preciosa que después de su restauración en los años noventa del siglo pasado da una perfecta idea de su funcionamiento y de la importancia de ese trabajo.

 

Y no sólo impresiona por su tamaño y las vistas que ofrece de su estructura interior, sino también  por su ubicación.

Difícil encontrar un mejor mirador del Mediterráneo que desde aquí tiña el horizonte de infinito.

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Falta un pequeño esfuerzo más para subir hacia el vértice geodésico desde donde la panorámica de nuevo es fantástica. El camino de vuelta nos lleva por las antiguas minas del Hemblar e invita a echar un último vistazo al barranco de Ajuez desde la Peña del Castellet. Han trascurrido tres horas, el viaje al pasado ha abarcado varios siglos.

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360 grados de hermosura

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Hay cosas que no se pueden rechazar. Un cucurucho de almendras recién tostadas en una feria, “Tatort” el domingo por la palancia-amador1_casa-rural-shariquanoche, pararse ante una puesta de sol de película… O disfrutar de una tarde de otoño en los valles de Bejís.

Así que lo hemos vuelto a hacer. Caminar por esas tierras tan bonitas, sin embargo, esta vez por territorios aún desconocidos: Nuestra caminata de otoño nos ha llevado a las Peñas de Amador, la vecina “pequeña” de la Peñaescabia.

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El cómodo camino por el PR275 nos lleva por pistas forestales, siempre acompañados por densos pinares, preciosos ejemplares de carrascas y enebros y una sanísima alfombra de plantas silvestres aromáticas. Siempre observados por unos buitre_casa-rural-shariquaimponentes buitres y águilas. Llegados a la cima de las Peñaspalancia-amador2_casa-rural-shariqua de Amador, a una altura de 1.135 metros y recibidos por la casa-vigilancia de los forestales, las vistas quitan el aliento: 360 grados de hermosura. Enfrente la poderosa Peñaescabia, seguida por las montañas de El Toro y el inmenso altiplano de Barracas con la Peñagolosa al fondo. En la otra dirección se asoman los preciosos picos de la Sierra Espadán, acompañados al otro lado de las montañas de la Sierra Calderona.

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¿Se puede pedir más? Pues sí. Las vistas al valle del Río Palancia desde las Peñas son espectaculares. Reducida a tamaño maqueta delante de nosotros vemos la aldea de El Molinar, acomodada entre grandes riscos. El valle estos días lleva uno de sus vestidos más bonitos, colorido y onírico.

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De vuelta, el camino nos lleva por tierras rojizas en dirección hacia el Mirador Collado Royo que nos abre impresionantes vistas al valle y la bonita silueta de Bejís.

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Llegando al Río Palancia y a las primeras casas cerca de los Cloticos no cabe duda en qué mes estamos: El sonido de las máquinas vibradoras, las extensas mantas verdes, el olor a aceite, la musiquita de la radio y, cómo no, los picnics para retomar fuerzas son la inequívoca señal de que estamos en plena temporada de la recogida de la oliva.

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Otoño con premio

Esta es de las noticias que damos con una gran sonrisa, con mucha alegría y, por qué no, una pizca de orgullo: Casa Rural Sharíqua está dentro de los diez hoteles y casas rurales mejor valoradas por sus clientes y recomendadas por el portal Trivago para una escapada otoñal. ¿A que es para sentirse premiados? Al fin y al cabo no todos los días nos vemos destacados por un portal que llega a casa de miles y miles de apasionados viajeros, a millones de seguidores dispuestos a elegir el siguiente destino.

En su revista virtual “Room5” Trivago recomienda destinos y hoteles y esta vez, cara al otoño, ha “analizado los datos de Trivago para seleccionar los hoteles y casas rurales mejor valoradas de las diez provincias más populares entre los usuarios…”

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Diez provincias, desde Asturias pasando por Segovia y Cáceres para llegar a Castellón. Diez provincias que estos días se visten más coloridas que nunca, diez hoteles y casas rurales que te acercan a los parajes más bonitos para vivir el otoño y disfrutar de preciosos paisajes.

Y ahí está, la casa rural mejor valorada de Castellón: la nuestra. Perdón, la vuestra :-).

¡Gracias a Trivago por hacer este trabajo estupendo! ¡Y, sobre todo, mil gracias a todos vosotros y vosotras que os habéis molestado en dar vuestra opinión sobre Sharíqua y así hacer posible estos grandes momentos con grandes sonrisas!

Y ahora, a conocer los 10 hoteles y casas rurales mejor valoradas para vuestra próxima escapada otoñal.

Caminata fronteriza

 

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¿Qué mejor para emprender la primera caminata primaveral que pisar tierra de reinas? Así lo hicimos al decidirnos por una preciosa ruta entre Villanueva de Viver, anteriormente llamada Villanueva de la Reina, y su pueblo vecino, Fuente la Reina. Ambas reciben su nombre por su pasado árabe y por las reinas que por esas tierras vivieron, ambos son pueblos fronterizos enclavados entre las provincias de Castellón y Teruel, entre las comarcas del Alto Palancia y el Alto Mijares. Así que no es de extrañar que nos encontremos con unos paisajes especialmente bellos, caracterizados por montañas y ríos, por barranco maimona_casa rural shariquauna enorme diversidad de árboles, arbustos y flores y por sendas que ya hace siglos sirvieron de conexión entre los pueblos.

La ruta empieza en la Ermita de San Martín en las inmediaciones de Villanueva de Viver. Una pequeña ermita que data del siglo XVII y que durante su historia ha sufrido bastantes remodelaciones. Hoy día, quizás, lo más bonito es su ubicación encima de una pequeña colina con vistas al pueblo. Aquí arranca el viejo barranco maimona4_casa rural shariquacamino entre Villanueva de Viver y la vecina Fuente la Reina, perfectamente señalizado con marcas en blanco y amarillo. Es una ruta que empieza como agradable pista entre pinares y bosques mixtos con una gran variedad de arbolado. En esta época del año los bordes del camino están repletos de flores – no parece faltar ni un color. Pronto la pista se convierte en senda y después de haber cruzado el frondoso Barranco de la Graja ya estamos llegando a Fuente la Reina.

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No ha pasado ni una hora, y aún no sitiendo la necesidad de hacer una pausa, en este pueblo eso es un barranco maimona11_casa rural shariquaimperativo. Nunca mejor dicho: Llegados a la plaza del Ayuntamiento, el único establecimiento abierto (¿y existente?) se hace notar: “BAR – ¡PARA!” se lee en letras grandes con fondo rojo. Y teniendo en cuenta que el pueblo cuenta con unos 50 vecinos uno rápidamente entiende que hay que echarles un cable a ellos y a los dueños del bar para que éste pueda sobrevivir.

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Y una vez almorzados, la ruta sigue por el pueblo y sus bonitas “casas colgantes”, su Fuente de Mangraneras y la vieja balsa para el barranco maimona12_casa rural shariquariego de los campos. Pronto empieza la senda que nos llevará – ésta vez marcada en amarillo sólo – hacía el precioso valle del Río Maimona.

Nos adentramos en un auténtico paraíso formado por imponentes rocas, pozas con agua cristalina y una vegetación exuberante.

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Caminamos entre enebros y lentiscos, arces, quejigos y carrascas, rosales silvestres, sabinas y la típica vegetación de ribera con sus chopos, sauces y fresnos. Entre las plantas más valientes hay flores filigranas y pequeños arbustillos que se han buscado su hueco en una de las muchas rocas que bordean la senda. Cada uno de ellos un sorprendente ejemplo de supervivencia.

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Un verde intenso y brillante de hojas recién estrenadas contrasta con las paredes rojizas y anaranjadas del barranco y el infinito azul del cielo. ¿Quieres más? Pues sólo hace falta esperar un poco y ya apetecerá un baño en una de las muchas pozas del Río Maimona.

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Al final, la senda de nuevo se aleja del río y nos lleva de vuelta a la Ermita de San Martín. Han pasado tres horas de las más bonitas que puede regalar la primavera. Habrá que repetir.

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Paseo pausado

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rio palancia bejis4_casa rural shariquaTierra rojiza que contrasta con grandes campos de almendros en flor, pinos negros y carrascos acompañados de un denso rio palancia bejis1_casa rural shariquasotobosque, olivos fuertes descansando de la última cosecha y preciosas vistas a un valle encabezado por una imponente mole de montaña. Así se resume una bonita caminata por el valle del Río Palancia en Bejís. Una caminata de un par de horas que gracias a una extensa red de pistas forestales más bien merece la calificación de paseo, apto para cualquier amante de la naturaleza en busca de una amena y reconfortante excursión.

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Este paseo circular arranca en el “PRV-275 Fuentes del Palancia”, pero en vez de bordear las orillas del Río Palancia, primero coge altura en dirección del Cerro Simón. Es una pista que se abre camino entre campos y un denso bosque y en varias ocasiones nos ofrece una bonita panorámica con la silueta de Bejís al fondo.

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Como no puede ser de otra forma, es la Peñaescabia que acapara la mayor atención. Esa singular montaña que debajo de sus 1.318 metros da cobijo a un excepcional ecosistema en el cual se sienten a gusto el gato montés, la gineta, el águila perdicera o el buitre.

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Es el hogar de animales frágiles con nombres tan bonitos como la preciosa mariposa isabelina “Graellsia isabellae” o el huidizo murciélago de bosque “Barbastella barbastellus”. Un sitio donde crecen a gusto las carrascas, los quejigos, las sabinas y los tejos.

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rio palancia bejis22_casa rural shariquaDespués de haber disfrutado de las vistas desde el Mirador del Collado Royo toca bajar de nuevo a las orillas del Río Palancia.

Se llega a los Cloticos, una emblemática zona donde nace la fuente del agua mineral de Bejís y donde el río demuestra su lado más juguetón: Pequeñas cascadas, pozas y pequeños “rápidos” acompañan al caminante en este tramo final llamado “Ríos Arriba”.

 

 

 

Último aviso

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Caminantes con ganas de conocer una de las rutas por el Alto Palancia, acérquense rápidamente a nuestra comarca: Quedan pocos días para emprender bonitas caminatas sin tener que madrugar para evitar horas con mucho calor. Nosotros hemos despedido la temporada primaveral con una de nuestras favoritas, un clásico que no cansa nunca: subir a la Peñaescabia en Bejís, gozar de extraordinarias vistas, vivir un festival para los sentidos, dejarse seducir por aromas intensos, flores como alfombras mágicas… para después bajar por uno de los barrancos más encantadores de la región: el Barranco del Resinero, un juguetón riachuelo con aguas cristalinas y un entorno que enamora.

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Ampliando horizontes

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Si te encantan las vistas panorámicas de 360 grados, hay una caminata que no te puedes perder. Es una sierracaudiel_casa rural shariquaruta circular por la Sierra de Caudiel que pasa por muchas fuentes, viejas masías e impresionantes llanuras. Una ruta que arranca en el Collado de Arenillas y que se puede disfrutar gracias a los esfuerzos del Club Excursionista Alto Palancia que la recuperó el año pasado dejándose la piel y muchas gotas de sudor. Sólo pocos meses después uno puede hacerse una idea del trabajo realizado porque ya empiezan a volver a crecer los arbustillos, la maquia y las flores al borde del camino, demostrando una impresionante fuerza y salud.

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Y es que todo el recorrido nos lleva por una naturaleza exuberante caracterizada por carrascas, pino rodeno, romero, sierracaudiel14_casa rural shariquasierracaudiel8_casa rural shariquaquejigos y aliagas, pero también por algún que otro arce, acebo o tejo. Vetustas hiedras convertidas en árboles abrazan a las rocas y frágiles líquenes y musgos pintan preciosos contrastes con la piedra rojiza de la sierra. A lo largo de la “Senda El Vergel”, también conocida como “la ruta de las cinco fuentes”, vale la pena fijarse en la gran variedad de la vegetación, pero uno tampoco se cansa de admirar las impresionantes vistas.

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En la lejanía saluda la majestuosa Peñagolosa, mucho más cerca quedan las montañas de la Sierra Espina, la Espadán y la Calderona. Una panorámica completada por el precioso valle de Montán y las bien esculpidas Canteras de Gullirno en la misma Sierra de Caudiel. Después de haber pasado por debajo de esa pequeña cordillera se llega a la llanura del Alto de la Covarada.

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A partir de ese momento el camino ya casi discurre al mismo nivel, nos lleva por masías abandonadas, campos medio trabajados y poco más tarde se abren las vistas hacía Higueras y Pavías. A través del “Cordal de los Contrabandistas” finalmente se alcanza el punto más alto de la ruta y de la sierra, el famoso “Alto desierracaudiel18_casa rural shariqua la Palomas” con sus 1.156 metros de altura.

Falta poco para completar los 14 kilómetros de esa ruta circular que pasando por el Pórtico de la Ventisca nos lleva al punto de partida. Cinco horas llenando los pulmones de aire puro y abriendo nuevos horizontes.

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Faena de fuertes féminas

 

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Foto: Carlos Sarthou. Archivo: Vicente Asensio Hervas

Es uno de los lugares donde las paredes -o los techos, o el cielo- han oído mucho, muchísimo. Y esto desde hace siglos. Los lavaderos pertenecen a la historia de los pueblos y sobre todo a la de las mujeres. Desde antaño, y en algunos lugares hasta hoy en día, no sólo han servido para lavar la ropa y los trastos voluminosos, sino también durante mucho tiempo fueron un importante lugar de encuentro para las mujeres. El centro cívico femenino donde sobre todo se trabajaba muy, muy duro, pero también se disfrutaba de la compañía de las demás, se charlaba, se intercambiaban las últimas novedades del pueblo, se buscaba y se daba consejos. Se reía, se comía, se cantaba…, en fin, todo lo que puede ocurrir a lo largo de un día. Porque a menudo las coladas duraban horas y horas…

Si la Real Academia define lavadero como “lugar utilizado habitualmente para lavar” bien hace, porque no siempre se trataba de un sitio especialmente adecuado. A menudo era el propio río o arroyo que pasaba por el pueblo, la acequia, un pozo o una fuente que sirvieron para emplearse a fondo contra polvo, manchas, grasa y demás. 

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A este pequeño mundo las mujeres solían venir cargadas no sólo con ropa sucia. También había que traer el jabón hecho en casa con sosa y grasa, cepillos y hasta raspadores. Y ya empezaba la ardua faena de restregar, enjuagar, enjabonar, frotar, clarear, retorcer, escurrir… Para blanquear la ropa, a veces se enjabonaba y se colgaba al sol durante todo un día para luego aclararla. Pero no siempre con este proceso se lograba el resultado esperado y entonces tocaba una faena aún más agotadora: la colada. Y es que aunque hoy se habla de “hacer la colada” como si de un simple lavado se tratara, originariamente “colar la ropa” significaba otra labor bien distinta.

Para limpiar y blanquear la ropa se aprovechaba la ceniza y su efecto “lejía”. Un proceso que era llevado a cabo en casa y para el cual se precisaba de muchas manos ayudando y de un coladero en forma de cesto de mimbre, cuba, tinaja, tina de piedra o incluso de un tronco de madera vaciado. Una faena fatigosa que en un libro de escuela para niñas de principios del siglo pasado se describía así:

La colada se hace, ordinariamente, como sigue: en un colador (generalmente una cuba de madera), con un agujero lateral cerca del fondo, se pone la ropa, pieza por pieza, lo más extendida posible. Se cubre la tapa o boca del colador con un lienzo fuerte y sin agujeros, y sobre ese lienzo se pone ceniza vegetal reciente y limpia de carbón. Entonces se echa agua caliente sobre la ceniza. El agua disuelve los álcalis que hay en la ceniza, se filtran a través de la ropa y se limpian. El agua o lejía que sale del colador se recoge, se calienta de nuevo y se vierte otra vez sobre la ceniza. La operación se repite durante diez, doce o más horas, según la cantidad de ropa, su clase, la suciedad que tuviere, etc. Después se saca la ropa, se aclara o lava en agua limpia y corriente, y se la seca al sol.

(“LA NIÑA INSTRUIDA: Fisiología e higiene aplicada a la economía, medicina y farmacia domésticas para su lectura en colegios de niñas” de Victoriano F. Ascarza, 1927)

Lo dicho. Nada que ver con “hacer la colada”. Y ya el didacta Ascarza debía haber pensado cómo animar a tan dura empresa y avisaba a las “niñas instruidas” que “la suciedad trae enfermedades, hace huir al marido y al padre de casa y atrae la desdicha”. Pues eso. Y aunque la primera lavadora -o lo que más se asemejaba- ya había sido inventada en el año 1691 por el ingeniero John Tyzacke y algo más tarde en 1779 le seguía la primera escurridora diseñada por George Jee, lavar la ropa durante siglos fue sinónimo de dejarse la piel.

Si aún hoy en día en algunos pueblos rurales se puede ver a mujeres refregando la ropa en las viejas losas de los lavaderos, puede que sea por cierta nostalgia, pero sobre todo hay un argumento práctico: Ningún programa de lavadora y ningún detergente dan una primera limpieza a la ropa sufrida en el campo como un lavado a mano. “Además, con esta ropa tan sucia, me rompería la lavadora”, explica una de las asiduas a las técnicas tradicionales. Y añade: “Luego va a la lavadora.”

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Aunque queden unas pocas defensoras del lavado a lavadero, ya hace tiempo que mucha agua pasa por ellos sin ser usada. Muchos se han perdido con el tiempo o han sido destruidos. Otros han sido restaurados y algunos han tenido que ser vallados para protegerlos porque por lo visto no todos entienden que los lavaderos son de los testigos más sabios de los pueblos.

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teresa_casa rural shariquaTres horas caminando, tres pueblos y un sinfín de impresiones, bonitas vistas y un viaje al pasado. Esto es lo que ofrece el bonito paseo circular entre los pueblos de Teresa, Torás y Bejís, mejor dicho su pedanía Ventas de Bejís. Después de haber disfrutado de la preciosa panorámica de Teresa desde lo alto del pueblo, la caminata arranca por el camino antiguo que une Teresa y Torás, hoy señalizado como PR-63.2. Un camino que lleva por campos de olivos y almendros, obsequia con imponentes enebros y sanísimos quejigos repletos de bellotas. No puede faltar ese campito alejado del pueblo y aparentemente fuera de cualquier camino, donde un agricultor se esfuerza y afronta todo tipo de dificultades para llegar con su tractor y cuidar de unos pocos arbolitos. ¡Qué valor!

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Pronto se ofrecen bonitas vistas a la montaña “fetiche”, la Peñaescabia. Poco antes de llegar a Torás se pasa teresa6_casa rural shariquacerca del Refugio Peñarroya del Frente de Levante (1938). Llegando al pueblo, los bares de la Plaza Mayor se prestan para una primera pausa, antes de continuar por el Camino de la Huerta en dirección a Bejís. Tiempo para observar fauna y flora, venerables olivos, majestuosas águilas y diminutos petirrojos, tiempo para disfrutar de las vistas a las montañas.

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Pronto se llega a la orilla del Río Palancia y a otro testigo de tiempos difíciles: un puente roto como monumento como recuerdo de la horrible riada de 1957. Al lado, un sendero local -y el viejo PR-80- bordea la orilla y adentra al caminante en un precioso paisaje fluvial.

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Minutos más tarde aparece Ventas de Bejís, uno de los muchos barrios de Bejís que ha preservado un teresa14_casa rural shariquaambiente de antaño, una enorme tranquilidad y el sabor a la dura vida rural. Vale la pena echar un vistazo al bonito lavadero y unas históricas pilas de piedra a la salida de la aldea. teresa15_casa rural shariqua

La ruta sigue durante un kilómetro por la carretera en dirección a Teresa, para, a la altura de una señal de acotado de pesca, bajar de nuevo al río. Huertas abandonadas, huertas cuidadas, una vieja fábrica de luz, pequeñas casitas en ruina, árboles en modo invierno, arbustos poco antes de quitarse su vestido de otoño. El paisaje impresiona al igual que la panorámica de Teresa, que esta vez aparece desde la llanura del Río Palancia.

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Olfateando

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Habrá pocos que después de visitar las venideras Ferias de Trufa en El Toro y Sarrión se lleven el producto estrella a casa. Razones las hay varias. A la mayoría de los visitantes les asustará el impresionante precio que hay que pagar para convertirse en dueño de un “diamante negro” – o de sólo un trocito. Ante el ineludible desembolso, a otros les podrá el respeto y el miedo a fallar en la utilización del apreciado “fungi”. Aquí cualquier error sí que sale caro. Y los más escépticos simplemente no pueden creer que esta bola fea, rugosa, amorfa y con olor a las profundidades más profundas de la tierra sepa bien.

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Da igual, aunque uno no compre trufa, las dos ferias prometen. Sea por olfatear una trufa, dar el primer paso al mundo del “Tuber” comprando patés, huevos, aceites, salchichas… refinadas y aromatizadas con trufa, dejarse seducir por los puestos llenos de productos de la tierra, disfrutar de las degustaciones, las charlas informativas… y -en la feria de El Toro- de un espectáculo único: la demostración de la caza de trufa a patas y morro de un jabalí.

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Evidentemente no de un jabalí cualquiera, sino de Nina, a su vez nieta de la famosa Cochi que durante años feria de trufa9_casa rural shariquase hizo un nombre como jabalina experta e incasable en la búsqueda de trufas. Lo hizo de la mano de Serafín Izquierdo que acostumbró a Cochi a meter el morro en la tierra desde muy jabata. Una historia de éxito que continuó con Nina que debutó boyantemente el año pasado. Ah, por los que sí compréis (un trozo de) trufa y luego os acerquéis a ver a la jabalina: Evitar guardar la compra a la altura del órgano de olfato del animal y sobre todo cerca de partes apreciadas del propio cuerpo. Es que Nina no perdona…

La Feria de la Trufa de El Toro se celebra este fin de semana del 29 y 30 de noviembre, la de Sarrión una semana más tarde.