Almendra apreciada

Prohibido machacarlas, triturarlas, mezclarlas. Cuando se cosechan tan pocas, hay que darles protagonismo y saborearlas una por una. Así que nuestras almendras este año se merecen una preparación igual de simple que sabrosa. Almendras especiadas… Son irresistibles.

Primero se quita la piel de las almendras. Para ello las dejáis un rato en agua muy caliente hasta que se arruguen un poco. Una vez peladas se tuestan en el horno a unos 200 grados y bien rociadas de un buen aceite de oliva (el de Jérica, vamos ;-)). Cuando toman color, se sacan y se espolvorean con pimentón o con comino (en su versión más suave con ajenuz) y como último espolvorear sal gorda.

¿Qué buenas!… ¿Ahora entendéis por qué nuestras pocas almendras aún nos van a durar menos de lo normal?

Dulce de Membrillo

Es un manjar de otoño, de navidad y de todos los demás momentos dulces del año. Y sobre todo es una de las mejores maneras de tener membrillo a mano para comerlo como golosina, para acompañar con quesos, para combinarlo en ensaladas… Y así durante meses y meses.

Para hacer el dulce de membrillo necesitáis:

800 g de membrillo
500 g de azúcar
azúcar fino para rebozar la fruta

Quitar el vello de la piel con un trapo. Lavar los frutos y cortar en trozos grandes. Poner en una cazuela grande con agua y cocer durante unos 15 minutos hasta que estén blandos.

Descorazonar y pelar los trozos de membrillo. Triturar la carne y pesar unos 500 gramos. Mezclar la carne con el azúcar y llevar a hervir. No dejéis de mover ya que se quema muy fácil. Después de unos 20 minutos debe haber espesado bastante.

Colocar papel vegetal en la bandeja del horno y extender la masa de membrillo encima con un grosor de medio centímetro. Dejar secar durante unos 3 días en un lugar fresco y seco. Cortar en rombos y mover rápidamente en el azúcar fino. Para guardar, forrar un caja con papel vegetal, poner los rombos encima y cerrar herméticamente.
¡¡¡Dulces meses venideros!!!

Higo especia(l)

Con especias como alholva, también llamado fenogreco y científicamente conocido como “Trigonella foenumgraecum“, con harina de mostaza y comino está claro que esta mermelada de higo va a salir muy especial. Y el momento casi lo requiere, ya que faltan pocos días y ya no quedará ningun higo en el árbol. Así que hay que aprovechar y probar cosas nuevas. La mermelada que os sugerimos hoy es ideal para acompañar con quesos.

Los ingredientes:
400 g de higos
400 g de melocotón
200 ml de zumo de manzana
1 cucharadita de harina de mostaza
1 cucharadita de alholva
1/2 cucharadita de comino (o, para quienes no gustan su sabor fuerte, 1 cucharadita de ajenuz)
30 ml de vinagre de balsámico
600 g de azúcar
1/2 cucharadita de ácido cítrico

Después de haber pelado higos y melocotones, se pasan por el triturador. Se mezcla con las especias – si se usa comino, tostarlo un poquito antes -, el azúcar y el ácido cítrico y se pone a hervir. Acordaros de no dejar de mover la masa ya que al higo le gusta “quemarse”. Después de unos 15 mintos hacer la prueba si ya está espesando (dejar caer unas gotas sobre un plato recién sacado de la nevera y si no “corre” está perfecta) y como último añadir el vinagre de balsámico. Meter todo en botes bien esterilizados y a disfrutar!

Muffins de Mora

Seguimos con “momentos mora” y os sugerimos esta receta de muffins de mora. ¡Qué buenos!!

Los ingredientes:
250 g de harina
2,5 cucharaditas de levadura en polvo
0,5 cucharadita de bicarbonato de sodio
1 pizca de sal
1 huevo
120 g de azúcar
1 sobre de azúcar de vainilla
250 g de yogur de coco
75 ml de aceite vegetal
300 g de mora

Se mezclan la harina, la levadura, el bicarbonato de sodio y la sal. En otro recipiente hay que batir el huevo con el azúcar durante unos 8 minutos hasta que esté bien espumoso. Añadir el yogur y el aceite. Como último añadir la mezcla de la harina y una tercera parte de las moras y mover suavemente con una cuchara de metal.

Rellenar los moldes con la masa, hundir el resto de las moras en ella y hornear a 200 g durante unos 25 a 30 minutos. Dejar enfriar unos 5 minutos y quitar de los moldes. ¡Y ya está!

Mermelada de Mora

Tal y como amenazamos, ahí va: Abrimos nuestro “MM” -el mes de la mora- con un montón de recetas y consejos que esperamos os sean útiles. Antes que nada: Ya se está acabando la cosecha, o sea, hay que salir al campo como sea para abastecerse para el resto del año. No, no vale coger cualquiera, las moras deben ser profundamente negras y brillantes, que es cuando más jugosas están.

Y para tener moras todo el año, nada mejor que lavarlas, secarlas y congelarlas. Así, por ejemplo, podéis hacer mermelada de mora y pera con tomillo hasta el verano que viene…

Los ingredientes:
750 g de mora
25o g de pera
una cucharadita de hojas de tomillo
700 g de azúcar
un poco de zumo de limón

Pelar las peras y cortarlas finamente. Mezclar con las moras y añadir el azúcar. Dejar reposar unas 8 horas para que suelten su jugo. Meter en un cazo, añadir el zumo de limón y poner a hervir unos 15 a 20 minutos. No dejéis de mover la masa ya que se puede quemar. Para comprobar si ya está espesando la mermelada, poner unas gotas sobre un plato recién sacado del congelador: Si la gota no “corre”, la mermelada está perfecta. Añadir el tomillo y poner en botes bien esterilizados.

Mermelada de higo blanco

Es como si le faltaran hojas y ramas a nuestra higuera blanca* que este verano no para de producir sus seductores frutos, especialmente aromáticos y dulces. Así que manos al cazo y a hacer mermelada. ¿Qué os parece una de higos blancos, peras y cardamomo? Aquí van los ingredientes:

700 g de higo blanco
300 g de pera
600 g de azúcar
1 poco de zumo de limón
unas cuantas semillas de cardamomo, anteriormente tostadas y machacadas (ojo!! el cardamomo es muy aromático, así que no os paséis!)

Para la elaboración pelar los higos, y – según el tamaño – cortar por la mitad o cuartearlos. Pelar las peras y cortarlas muy finas. Poner todo en un cazo, añadir el azúcar y el zumo de limón y poner a hervir. No dejéis de mover ya que se quema fácilmente. Después de unos 15 minutos podéis hacer la primera prueba para ver si ya empieza a espesar: Dejar caer unas gotitas de la mermelada en un plato recién sacado del congelador y si no “corre”, la mermelada ya está lista.

Añadir el cardamomo y meter en botes bien esterilizados.

*PD: Con el higo blanco tuvimos una de nuestras primeras iluminaciones agrícolas. Confesémoslo. Cuando nos metimos en el mundo de la huerta, el primer año no nos explicábamos cómo dos higueras separadas por menos de 5 metros podían ser tan distintas: Mientras una ya estaba en plena producción, los frutos de la otra casi no cambiaban de aspecto. Es más, se esforzaban en no ponerse morados y preferían podrirse  antes de madurar. Pues bien, internet y un libro de botánica nos revelaban el secreto:  No sólo existen higos morados sino también blancos, no sólo los hay a finales de verano, sino en caso de tener una “brevera” hay hasta dos cosechas – primero en primavera las brevas, más tarde los higos – y lo peor…  que habíamos perdido nuestra primera cosecha de higos blancos, aún más aromáticos que sus parientes morados. Cosas de campo.

El verano en el bote

Si hay una verdura que parece encerrar en su interior todo el verano, es el tomate. Qué largos se hacen los días hasta que se pueda cosechar el primer ejemplar, coloreado bajo el sol y con ese sabor indescriptible entre ácido y dulce, refrescante y seductor. No es de extrañar que este fruto al principio se ganó nombres como “pomum amoris” (manzana del amor), “pomi d’oro” (manzana de oro) y aún hoy es llamado “manzana del paraíso” por los austriacos.

Bueno, dejémonos de despepitarnos y volvamos a la cruda realidad de nuestra huerta. Y ahí se masca el “tomatemoto” por lo que habrá que pensar en las múltiples posibilidades de conservar los tomates para tener el verano a mano durante el resto del año: mermelada de tomate, tomate en su jugo, tomate en vinagre, tomate en aceite … o simplemente la forma más fácil de tener tomate para rato: secarlos al sol.

Nosotros empezamos con los cherry, así que sólo hace falta cortarlos por la mitad, condimentar con sal y un poco de orégano, poner sobre una bandeja y exponer al sol unos tres días. Eso sí, hay que taparlos con una gasa para ahuyentar la competencia y meterlos en casa durante la noche. Una vez secos, se meten en botes, se cubren bien con un buen aceite de oliva, o sea el del Alto Palancia ;-), y se guardan en un lugar seco, fresco y oscuro. 

PD: A falta de balcón o terraza, también se pueden secar a una temperatura de unos 120 grados durante varias horas al horno.

Chutney de Calabacín

Tranquilos, no os lo vamos a contar de nuevo, los errores de cálculo, las capacidades calabacineras…, pero: Ha vuelto a pasar (y quienes no sabéis de qué estamos hablando,podéis verlo en: La amenaza). Pues sí, otra vez tenemos un montón de calabacines, verdes y amarillos, largos y redondos, pequeños con flor y grandes como pequeños bates de béisbol.

Y ahí va, nuestra propuesta calabacinera para esta temporada, un chutney para todos aquellos que tienden a lo dulce: Chutney de Calabacines y Dátiles.

Los ingredientes:
1 kg de tomates
800 g de calabacín
200 g de cebolla
150 g de dátiles (sin huesos)
30 g de jengibre fresco
4 guindillas pequeñas secas
0,5 cucharadita de cilantro
0,5 cucharadita de pimienta negra en grano
1 cucharadita de sal
0,5 ramita de citronela
300 g de azúcar moreno

Tenéis que pelar y cortar los tomates, los calabacines y las cebollas finamente. Rallar el jengibre, cortar los dátiles y machacar las guindillas, el cilantro y los granos de pimienta en un mortero. Cortar la citronela en aros finos. 

Meter todos los ingredientes en un cazo, añadir el azúcar y dejar cocer a fuego lento durante unos 60 minutos. No olvidéis de dar vueltas al chutney para que no se queme. Meter en botes bien esterilizados y guardar en un lugar fresco y oscuro.

Mermelada de Sandía

Sabe a sandía, sabe a verano, sabe a más… Hemos hecho una mermelada de sandía con un toque de menta y Blue Curaçao que no sólo es un buen inicio para un buen desayuno, sino también combina perfectamente con yogur, helado o como relleno de un pastel. Si queréis probarla, aquí van los ingredientes:

1 kg de sandía
800 gr de azúcar
zumo de limón
hojas de menta
Blue Curaçao

 

Preparar la carne de la sandía quitando todas la pepitas y cortándola en cubitos pequeños. Mezclar con el azúcar y dejar reposar de 8 a 10 horas para que suelte el agua. Poner a hervir y dejar cocer de 30 a 40 minutos a fuego lento. ¡No olvidéis moverla! Para probar si ya está espesando, poner unas gotitas en un plato recién sacado del congelador. Si la gota no se desliza, la mermelada está perfecta. Antes de ponerla en botes bien esterilizados, echar la menta finamente picada y un vasito de Blue Curaçao. Poner los botes boca abajo durante unos 5 minutos.

Licor de Cereza

Tiene que darse prisa quien aún quiera fabricar su propio licor de cereza. Nosotros hemos llegado tarde y  al ver que los pájaros definitivamente se habían adelantado con la cosecha de las últimas cerezas, hemos tenido que echar mano a los frutos congelados. Pero nos van a servir igual para hacer nuestro primer licor con un toque de canela y clavo. Con su aroma a invierno, será justamente ese el momento cuando se podrá probar.

Aquí van los ingredientes:
0,5  kg. de cereza
250 g. de azúcar candi blanco

1 rama de canela

10 almendras

5 clavos

1 pizca de flor de nuez moscada

1 l. de agua

1 botella de vodka

Lavar y deshuesar las cerezas. Poner en botellas con cuello ancho u algún recipiente similar. Añadir los ingredientes y las almendras y cubrir con el vodka.

Dejar reposar durante unas 4 semanas en un lugar oscuro y fresquito. Filtrar.

Preparar un sirope con el agua y el azúcar y mezclarlo con el licor. Meterlo en botellas, cerrar bien y dejar reposar un par de semanas más. ¡Chin-chin!