La Campanera de Jérica

vicenta
Vicenta y su madre, igualmente Vicenta, tocando las campanas. Foto: Ayuntamiento

 

A Vicenta no le gustaba hablar. Sin embargo, había un tema que casi la hacía enmudecer y entonces se tardaba mucho en romper el hielo para que ella abriese su maleta de los recuerdos y contara su vida como campanera de Jérica. Y es que hasta su muerte, esta torre campanario -hoy el mejor reclamo de la villa- le emocionaba más que a cualquier otra persona. La razón se encuentra en ese baúl de los recuerdos: Para Vicenta Mompó Aliaga esta torre durante muchísimos años no solo fue su hogar sino también su lugar de trabajo. Durante unos 30 años vivió, hasta bien entrados los años 70, en una vivienda de apenas 15 metros cuadrados y día tras día hacía sonar las campanas del pueblo. Ella era la campanera de Jérica, en aquel entonces una profesión en absoluto común para una mujer. Es más, la palabra “campanera” hasta hoy día no ha logrado entrar en el diccionario de la Real Academia de la Lengua. 

vicenta7_casa rural shariqua
Foto antigua de la torre. Fuente: Fotos Antiguas Alto Palancia.

La torre, único monumento de estilo mudéjar de la Comunidad Valenciana, hoy se abre en muy contadas ocasiones al público, se enciende un par de días a la semana como gran emblema del pueblo, pero muy pocos saben de la vida de su campanera. Una vida que, después de haber tenido que abandonar su querida torre, durante largos años transcurrió en una residencia del municipio vecino, Segorbe. Fue su segundo hogar que compartió con su hermana menor Victoria hasta su muerte. Oyendo a las dos hablar de su vida en la torre de Jérica, uno podía llegar a pensar que eran las difíciles condiciones las que a Vicenta le hacían mirar atrás con gran pesar… Pero no fue así.

Su vida en la torre se resumía en: 15 metros cuadrados para una familia de 4 personas – madre, padre, dos hijas- como vivienda diminuta ubicada entre un establo para el cerdo en el primer piso y un almacén de trigo en el tercero. Sin luz ni agua corriente, y un mero agujero como retrete. Para llegar había que subir una estrecha escalera de caracol – 20 escalones hasta la vivienda, otros 30 hasta el lugar de trabajo. Vivir en condiciones es otra cosa. Más aún teniendo en cuenta que Vicenta seguía viviendo así cuando a pocos kilómetros en la costa valenciana ya alborotaba el primer boom turístico.

vicenta4_casa rural shariqua
Casa-Museo de la antigua familia campanera.

 

Aunque el pulso de la vida en aquellos años 70 para Vicenta fuera totalmente otro, a ella que entonces tenía unos 40 años, no le preocupaba. A ella solo le importaba una cosa: que las campanas sonaran bien y a tiempo. Y justamente ahí se avecinó el problema que aún decenios más tarde le provocaba un nudo en la garganta al recordar aquellos momentos… Y es que después de 30 años de vida en la torre, fue la técnica la que puso fin a su trabajo como campanera. El repique de las campanas se mecanizó y se automatizó. A Vicenta no sólo le tocó el paro, sino también tuvo que abandonar su querida torre. “He llorado durante días”, contaba en un encuentro pocos años antes de morir. Cuando las campanas por primera vez sonaban con el único esfuerzo de la técnica y la electricidad, para Vicenta se derrumbó su mundo. “Desde entonces nada fue como era”, recordaba con cara seria y unos ojitos redondos llenos de decepción, para acto seguido avisar con tono firme y gesto brusco a su hermana: “Ya hemos hablado bastante, ¡vámonos, Victoria!”

vicenta6_casa rural shariqua
Vicenta y Victoria en el jardín de la residencia en Segorbe.

 

A Victoria, sin embargo, le encantaba hablar de la torre. Quizás porque sólo fue su casa durante unos pocos años y así le era más fácil permitirse cierta nostalgia. “Con doce años me mandaron como sirvienta a una casa de una señora en Valencia”, rememoraba el momento cuando la torre para ella se convirtió en estancia de fin de semana. Hablando señalaba una inmensa foto de la torre sobre su cama. Un regalo de unos vecinos. Vicenta no lo quería ni ver.

casa rural shariqua casa rural shariqua

casa rural shariqua
Balcón de lujo con vistas de torre a torreta.

 

Originariamente, recordaba Victoria, su familia había vivido en la parte baja del pueblo. Con el inicio de la guerra civil huyeron a Valencia y cuando volvieron, “de nuestra casa sólo quedaban escombros”. En el año 1947 les ofrecieron la torre como hogar, ya que el padre era el campanero del pueblo y, ¿por qué no vivir casa rural shariquadonde ya se trabajaba? Rápidamente la pequeña Vicenta se entusiasmó con el toque de campanas, aprendió el del ángelus, de fiesta, de arrebato, de difuntos… Sabía distinguir entre entierros para hombre, mujer, niño, adulto, rico o pobre. La niña que de pequeña había sufrido una infección cerebral y casi no había acudido a la escuela, había encontrado su pasión. Tanta pasión que cuando su padre Basilio murió nadie dudaba que sería ella la nueva encargada de tocar las campanas y darle cuerda al viejo reloj de la torre.

En la vida cotidiana las campanas se tocaban “cómodamente” desde la cocina donde ya la madre de Vicenta varias veces al día había cambiado la cuchara de cocina por el oficio de campanera. Una larga cuerda que pasaba por unos agujeros atravesando varios pisos lo hacía posible. Sólo para acontecimientos importantes había que subir arriba y en casos concretos poner en marcha hasta la campanacasa rural shariqua “La Mayor”. Ocasiones en que Vicenta necesitaba ayuda para poder mover los 2.600 kilos de campana sonando por ejemplo en un “entierro general” de personalidades importantes o jericanos acomodados. “Pero esto pasaba pocas veces”, recordaba la anciana, “la mayoría eran pobres y por lo tanto sólo había entierros sencillos.” En estos casos, por siete pesetas Vicenta hacía sonar dos campanas más pequeñas. “Ton-ton-tin-ton.” Sólo cuando alguien le era muy cercano y querido, tiraba un par de veces más del cordón. “Pero en seguida alguien del pueblo se daba cuenta y se quejaron”, recordaba y una tímida sonrisa iluminaba su rostro.

De esto ya han pasado unos años en los cuales las campanas también anunciaron la muerte de Vicenta y Victoria. Años en que el “vole”, el volteo manual de las campanas, durante las fiestas de Jérica recuerda cómo suenan estos instrumentos musicales cuando se mueven con pasión. Quien en esta ocasión tenga la suerte de echar un vistazo a la antigua vivienda de Vicenta y Victoria – hoy convertida en casa-museo- podrá ver la foto de la primera mujer que en Jérica tocaba las campanas como si le fuera la vida en ello.

volteadores
El volteo de campanas durante las fiestas tiene una larga tradición en Jérica. Foto: Ayuntamiento

 

 

 

 

 

3 x 3

teresa_casa rural shariquaTres horas caminando, tres pueblos y un sinfín de impresiones, bonitas vistas y un viaje al pasado. Esto es lo que ofrece el bonito paseo circular entre los pueblos de Teresa, Torás y Bejís, mejor dicho su pedanía Ventas de Bejís. Después de haber disfrutado de la preciosa panorámica de Teresa desde lo alto del pueblo, la caminata arranca por el camino antiguo que une Teresa y Torás, hoy señalizado como PR-63.2. Un camino que lleva por campos de olivos y almendros, obsequia con imponentes enebros y sanísimos quejigos repletos de bellotas. No puede faltar ese campito alejado del pueblo y aparentemente fuera de cualquier camino, donde un agricultor se esfuerza y afronta todo tipo de dificultades para llegar con su tractor y cuidar de unos pocos arbolitos. ¡Qué valor!

teresa1_casa rural shariqua teresa3_casa rural shariqua teresa2_casa rural shariqua teresa4_casa rural shariqua

Pronto se ofrecen bonitas vistas a la montaña “fetiche”, la Peñaescabia. Poco antes de llegar a Torás se pasa teresa6_casa rural shariquacerca del Refugio Peñarroya del Frente de Levante (1938). Llegando al pueblo, los bares de la Plaza Mayor se prestan para una primera pausa, antes de continuar por el Camino de la Huerta en dirección a Bejís. Tiempo para observar fauna y flora, venerables olivos, majestuosas águilas y diminutos petirrojos, tiempo para disfrutar de las vistas a las montañas.

teresa7_casa rural shariqua teresa8_casa rural shariqua teresa9_casa rural shariqua

Pronto se llega a la orilla del Río Palancia y a otro testigo de tiempos difíciles: un puente roto como monumento como recuerdo de la horrible riada de 1957. Al lado, un sendero local -y el viejo PR-80- bordea la orilla y adentra al caminante en un precioso paisaje fluvial.

teresa10_casa rural shariqua teresa12_casa rural shariqua teresa13_casa rural shariqua

Minutos más tarde aparece Ventas de Bejís, uno de los muchos barrios de Bejís que ha preservado un teresa14_casa rural shariquaambiente de antaño, una enorme tranquilidad y el sabor a la dura vida rural. Vale la pena echar un vistazo al bonito lavadero y unas históricas pilas de piedra a la salida de la aldea. teresa15_casa rural shariqua

La ruta sigue durante un kilómetro por la carretera en dirección a Teresa, para, a la altura de una señal de acotado de pesca, bajar de nuevo al río. Huertas abandonadas, huertas cuidadas, una vieja fábrica de luz, pequeñas casitas en ruina, árboles en modo invierno, arbustos poco antes de quitarse su vestido de otoño. El paisaje impresiona al igual que la panorámica de Teresa, que esta vez aparece desde la llanura del Río Palancia.

teresa18_casa rural shariqua teresa17_casa rural shariqua teresa19_casa rural shariqua teresa20_casa rural shariqua

Cuenta atrás

 

adventskalender

Será un souvenir especial que nuestros huéspedes se llevarán a su casa después de este fin de semana. Sólo: Puede que alguien no sepa muy bien qué hacer con él, ni el porqué ni cuándo este utensilio se introdujo en el mundo mediterráneo. Y no estará sólo. Millones de españoles lo habrán visto alguna vez, quizás incluso lo compraron -puede que ya en octubre- y probablemente lo habrán usado haciendo uso de su fantasía. Hablamos del alter-ddr-weihnachtskalender-1984“Adventskalender” -Calendario de Adviento-, un imprescindible acompañante de la navidad germana con orígenes en la Alemania protestante del siglo XIX. Un invento que hace años irrumpió en la navidad española y dejó desconcertado a más de uno pensando que con los conejos de pascua ya lo había visto todo.

Aunque a primera vista parece raro esconder números y solapitas en un dibujo, tiene su explicación. Tanto hoy como entonces el calendario que abarca desde los números 1 al 24 sirve de ayuda en una importante cuenta atrás: Hacia la Nochebuena – Día de Nacimiento y, según país, Día de Regalos. Sin embargo, el calendario vivió bastantes variaciones hasta convertirse en esta dulce seducción que hoy en día atrae sobre todo a los niños (y los niños grandes).

Por lo visto fueron protestantes alemanes los que pusieron las bases para el invento. Para contar los últimos días hasta navidad pintaban 24 rayas de tiza advent100_01_gren la pared o la puerta que se iban borrando día a día. Los católicos, por su parte, se conformaban con añadir una pajita por día al belén. Mientras esta última tradición difícilmente daba más de sí, las rayas de tiza pronto se convertieron en pequeños cuadros que se colocaban en el salón.

Una idea que le sirvió al editor Gerhard Lang para en 1902 idear el primer Calendario de Adviento impreso: Un cartón, 24 dibujitos para recortar y el mismo número de casillas donde pegarlas. Un éxito. En los años 20 ya había varias imprentas diseñando calendarios con pequeñas puertas detrás de las cuales aparecían dibujos invernales, navideños, cristianos…

kalender

 

La fama llegó en los años 50 cuando el calendario ya se producía de forma industrial y no sólo ofrecía dibujos sino detrás de cada puerta también una figurita de chocolate. Cierto que desde entonces la untitledfabricación a gran escala ha mermado tanto el encanto del diseño de los calendarios con motivos en su día románticos, angelicales, misteriosos y festivos como la calidad del chocolate. Así que no es de extrañar que desde hace años están en auge los calendarios hechos a mano, llenados individualmente y con un toque personal. Como recipiente sirven cajitas, calcetines, botes, saquitos…, de relleno -y según edad- chocolates, caramelos, juguetes, galletas, corbatas, licorcitos, juguetes de mayores… 

Instrucciones para indecisos se encuentran online y en tiendas de bricolaje.

Quien se haya picado y piense en diseñar el calendario más grande o más caro…, debería pensárselo dos veces: El más grande se encuentra en el mercado navideño de Leipzig y mide 857 metros cuadrados. El más sofisticado fue ideado hace cuatro años en Holanda: En 24 tubitos de cristal se esconden el mismo número de diamantes con un valor de unos 2,5 millones de euros. Evidentemente nada que ver con rayas de tiza en la pared.

 

Olfateando

feria de trufa1_casa rural shariqua

Habrá pocos que después de visitar las venideras Ferias de Trufa en El Toro y Sarrión se lleven el producto estrella a casa. Razones las hay varias. A la mayoría de los visitantes les asustará el impresionante precio que hay que pagar para convertirse en dueño de un “diamante negro” – o de sólo un trocito. Ante el ineludible desembolso, a otros les podrá el respeto y el miedo a fallar en la utilización del apreciado “fungi”. Aquí cualquier error sí que sale caro. Y los más escépticos simplemente no pueden creer que esta bola fea, rugosa, amorfa y con olor a las profundidades más profundas de la tierra sepa bien.

feria de trufa3_casa rural shariqua feria de trufa2_casa rural shariqua feria de trufa_casa rural shariqua

Da igual, aunque uno no compre trufa, las dos ferias prometen. Sea por olfatear una trufa, dar el primer paso al mundo del “Tuber” comprando patés, huevos, aceites, salchichas… refinadas y aromatizadas con trufa, dejarse seducir por los puestos llenos de productos de la tierra, disfrutar de las degustaciones, las charlas informativas… y -en la feria de El Toro- de un espectáculo único: la demostración de la caza de trufa a patas y morro de un jabalí.

feria de trufa4_casa rural shariqua feria de trufa5_casa rural shariqua feria de trufa6_casa rural shariqua

Evidentemente no de un jabalí cualquiera, sino de Nina, a su vez nieta de la famosa Cochi que durante años feria de trufa9_casa rural shariquase hizo un nombre como jabalina experta e incasable en la búsqueda de trufas. Lo hizo de la mano de Serafín Izquierdo que acostumbró a Cochi a meter el morro en la tierra desde muy jabata. Una historia de éxito que continuó con Nina que debutó boyantemente el año pasado. Ah, por los que sí compréis (un trozo de) trufa y luego os acerquéis a ver a la jabalina: Evitar guardar la compra a la altura del órgano de olfato del animal y sobre todo cerca de partes apreciadas del propio cuerpo. Es que Nina no perdona…

La Feria de la Trufa de El Toro se celebra este fin de semana del 29 y 30 de noviembre, la de Sarrión una semana más tarde.

Albahaca “meets” chocolate

Cuando el verano se hace eterno, los inconvenientes no tardan en llegar. Uno, aunque de los menores, es que nuestro “arbustillo” de albahaca no deje de crecer… y se nos acaben la ideas qué hacer con tanto “Ocimum basilicum”. Ha dado su toque particular a muchas salsas y ensaladas, se ha convertido en pesto, ya está ocupando un terreno notable en el congelador y -cómo no- ha ayudado a ahuyentar a más de un mosquito.

albahaca1_casa rural shariqua albahaca_casa rural shariqua

Y ahora se estrena como acompañante ideal para momentos dulces. Hemos hecho chocolate con albahaca – una forma fácil y rápida de darle un nuevo aroma a dos productos bien conocidos. Sólo se necesita chocolate blanco, un poquito de mantequilla, un buen puñado de hojas de albahaca y una hora de paciencia. albahaca2_casa rural shariqua

La elaboración es simple: Meter los trocitos de chocolate y la mantequilla en un bol y derretirlo al baño maría. Añadir la albahaca picada y extender rápidamente sobre un plato revestido con papel de cocina.

Meter al frigorífico y unos 45 minutos más tarde ya se puede disfrutar de un chocolate con sabor mediterráneo.

 

Formicidae formidable

hormiga3_casa rural shariqua

Dos antenas, seis patitas, una cintura de envidia, feromonas que siempre causan efecto y encima unos cerebros. Son el tipo de animal que fascina, sorprende y… te puede sacar de quiciooooooo!, mantenerte en alerta durante días, semanas, meses, años… Sí, hablamos de las hormigas, en concreto de “nuestras” hormigas que pueblan la finca, trabajan sin parar y alguna que otra vez nos hacen visitas igual de inesperadas que algo incómodas. Pero, seguimos adorándolas.

hormiga6_casa rural shariquaEs todo un espectáculo rural poder observar cómo no se resignan nunca a llevarse su trofeo aunque sea el doble o el triple más grande que ellas y tengan que emplear un real sentido común. Si una sóla no puede cosa que sucede pocas veces ya que son capaces de mover objetos del deseo hasta ¡50 veces más voluminosos que su propio peso!- se juntan para “tirar del mismo carro”.

Con impresionantes velocidades recorren distancias equivalentes a una buena caminata y de paso airean con sus pasillos hormiga_casa rural shariquasubterráneos la tierra. A lo largo de toda la finca las mini colinas, resultado de sus incansables excavaciones, les desvelan. Trabajo en equipo a lo grande.

Cierto que no siempre causan fascinación. Basta con pedir ayuda al mundo y googelear “remedios contra hormigas” para verse confrontado con 135.000 resultados que abarcan desde duchas con agua caliente pasando por chorros de aceite de lavanda hasta barreras de escayola. Aparte de que algunos consejos no parecen muy atractivos -¿quién quiere la cocina llena de yeso? -, más vale hacerse la idea que de poco servirán. Porque “formicidae” no sólo es un insecto formidable, además es enormemente inteligente. Y encima, estimando que existen entre mil y diez mil billones de ejemplares, el “enemigo” siempre nos sacará ventaja.

hormiga5_casa rural shariqua Así que intentamos no darles lugares apetecibles para visitar dentro de casa y ofrecerles terreno a remover a lo largo de la finca. Eso sí, esperando que  no formemos parte de algo parecido a lo que descubrió el biólogo suizo Laurent Keller: la colonia de hormigas más grande del mundo. Se extiende a lo largo de unos 5.700 kilómetros desde la costa de Italia hasta el noroeste de España y Portugal  y está formada por millones de nidos y miles de millones de animales. En este caso concreto, se trata de una hormiga argentina del tamaño de tan sólo 2 milímetros que corre camino a convertirse en el depredador “más grande” del mundo amenazando hormigas autóctonas y ecosistemas enteros – pasando de formidable a feroz.

hormiga4_casa rural shariqua

 

 

Mermelada “slow”

ciruela1_casa rural shariquaCada abuela “mermeladera” tenía la suya. Sin embargo, a todas esas recetas de “mermelada de ciruela a la antigua” nunca les faltaba un ingrediente muy especial: tiempo, amor y paciencia.

Sólo así era posible que con tan pocos ingredientes se preparara un producto con un sabor tan especial y apreciado. Es una auténtica mermelada “slow”, de textura suave y con un toque ácido y muy aromático. ¿Te atreves? Sólo te hacen falta un par de productos, un horno y unas tres horas de dedicación.

Aquí vienen los ingredientes:
– 3 kg de ciruela muy madura (mejor las de fruto de forma alargada, color oscuro y carozo fácilmente separable de la pulpa)
– 750 g de azúcar
– 1 buena pizca de clavo molido
– 3 ramas de canela
– ron

Precalentar el horno a 175 grados.

Primero se lavan y se deshuesan las ciruelas (¡guardar unos 12 huesos!). Cortarlas por la mitad y ponerlas en una cazuela (apta para horno) a calentar. Cocer unos 10 minutos para que estén algo más blandas y triturarlas un poquito.

Añadir 200 g de azúcar, el clavo y la canela, los huesos de ciruela, mover bien y meter la cazuela en el horno. Dejar 30 minutos sin mover.

Añadir otros 200 g de azúcar, mover una vez y dejar otra media hora sin mover en el horno.

Añadir el resto del azúcar, mover una vez y de vuelta al horno. Esta vez 60 minutos y sin mover.

Ya sólo falta quitar la canela y los huesos, echarle un buen chorro de ron, mezclarlo bien y meter la mermelada en botes bien esterilizados.

Bajo las nubes

 

casa rural shariqua

¿Emprender una caminata en pleno agosto? Sí, pero con tres ingredientes imprescindibles: El parte meteorológico prometiendo un día nublado, el despertador sonando a una hora indecente, y elegir un sendero que obsequia con bonitos trayectos entre árboles. Tres condiciones que estos días nos hicieron casa rural shariquasubir a la cima de la Rápita, preciosa montaña en el corazón de la Sierra Espadán.

Al llegar al collado de la famosa nevera justo entre las localidades de Algimia de Almonacid y Alcudia de Veo, el pico de la Rápita aún se esconde entre nubes bajas. También el mar en el horizonte logra tapar su brillo baja un manto de neblinas y nubes. Es el momento ideal para emprender el camino que casi desde el inicio no deja lugar a dudas: Habrá que superar una subida bastante fuerte hasta hacer cumbre.

rapita4_casa rural shariqua rapita10_casa rural shariqua

Si a mitad de camino el sol demuestra que no se deja impresionar por pronósticos meteorológicos y empieza a abrirse camino entre las nubes, no importa. Pronto habremos llegado a un bonito y denso bosque de pinos, encinas y algún que otro rugoso alcornoque que nos permiten avanzar sobre una blanda alfombra de pinocha y hojas secas, disfrutando de una sombra agradable.

rapita1_casa rural shariqua rapita2_casa rural shariqua rapita5_casa rural shariqua

rapita9_casa rural shariquaNo cabe duda que el bosque vive una de las más severas sequías, el monte bajo parece haberse contraído y deja al descubierto y sin protección a madrigueras y un montón de fauna menuda que se da prisa en escapar de las pisadas que se acercan. Mucho más evidente, que el mundo de los animales minúsculos, son las huellas y cicatrices que ha dejado la Guerra Civil. Pasamos por muchas trincheras, escavadas en tierra, escavadas en roca o construidas en piedra seca, todas ellas pertenecientes a la importante línea de resistencia republicana “XYZ”.

rapita8_casa rural shariqua rapita7_casa rural shariqua rapita6_casa rural shariqua

Alcanzados los 1.106 metros del Pico Rápita, llega el momento del merecido almuerzo. Esto sí, las fantásticas vistas que en días claros quitan el aliento, este día se esconden entre las nubes y el centelleo del cada vez más caliente aire de verano. Tampoco importa, más bien es una buena excusa para repetir en primavera u otoño con sus cielos tan limpios y brillantes.

rapita11_casa rural shariqua

 

 

Probando, probando

mermelada de melon_casa rural shariqua

Es lo que tienen. Si no eres familia numerosa, no preparas un picnic con amigos o una fiesta familiar, los frutos de las “cucurbitáceas” suelen ser demasiado grandes. Por ejemplo, la calabaza, pero también sandía o melón. Y ya estás buscando recetas. O experimentando. Como nosotros el otro día con unos restos de melón. Y ahí está, nuestra “Mermelada de Melón con Menta y un Toque de Blue Curaçao”.

Los ingredientes:
1 kg de melón
600 g de azúcar
15 g de pectina
un puñado de hojas de menta
1 copita de Blue Curaçao

Se corta el melón en trocitos y se deja macerar con 100 g de azúcar durante toda una noche (mejor en el frigorífico). Se pone a hervir y se añade el resto del azúcar mezclado con la pectina. Dejar hervir unos 5 minutos. Añadir las hojas de menta finamente picadas y al final un buen chorrito de Curaçao. Meter la mermelada en botes bien esterilizados y dejar boca abajo unos 5 minutos. Qué color más chulo, ¿verdad?

 

Tapeo para perezosos

casa rural shariqua

Cuando este fin de semana se termine la “Ruta de la Tapa” en Segorbe, que no cunda el pánico, nadie tiene que quedarse sin un pequeño tentempié más bebida por el módico precio de 2,50 euros. En Jérica la idea ha gustado tanto que toma el testigo y organiza su primer “Fin de Semana de la Tapa”. Un total de 10 bares y restaurantes van a crear una tapa especial para el evento y quien sea capaz de tomarse 10 de ellas, entre el 21 y 22 de junio, podrá depositar su “cartón del tapeante” en un bombo de la suerte: Al final del fin de semana suculento se sorteará una cena entre los participantes.

Será una ruta hasta para el más perezoso, ya que nueve de los diez establecimientos se encuentran en la misma calle a lo largo de unos 200 metros. Para llegar al décimo, nos espera un bonito paseo por las huertas hasta Novaliches, la pequeña pedanía de Jérica. ¿Te apuntas?