La primavera de Cavanilles

“Tal espectáculo ofrecía allí la naturaleza en un año seco y en el mes de septiembre. ¿Quánto más hermoso debe ser  aquel recinto en la primavera después de las lluvias?”, se preguntaba Antonio José Cavanilles y Palop (1745-1804) en uno se sus viajes por la zona del río Palancia y la vega de Bejís. Pues, si el famoso botánico valenciano hubiera hecho este viaje estos días después de una de las primaveras más lluviosas desde hace años, seguro que se hubiera quedado maravillado ante la explosión de la naturaleza que se ofrece estos días por nuestra región.

Una experiencia que nosotros vivimos en una de las excursiones clásicas del Alto Palancia: la subida a la Peñaescabia, monte mágico en las estribaciones de la sierra de El Toro, pico imponente que con sus 1.317 metros de altura ya es visible desde lejos y parece ser el guardián de toda la cabecera del Palancia.

La ruta nos conducía primero por una pista forestal, más tarde por un sendero zigzageando hasta la cima. Una caminata de lo más agradable y – aunque con un desnivel de unos 500 metros – muy fácil de andar. Eso sí, estos días no habrá quien no se pare cada dos por tres. No sólo por disfrutar de las espléndidas vistas, sino también por el sinfín de flores, plantas curiosas y setas que se asoman entre ese bosque precioso de pino negro, tejos, sabinares, carrascas y arces.  Una diversidad difícil de encontrar en otros lugares, un paraíso que seduce a cualquiera. Oler los distintos aromas a miel, observar el vuelo de las águilas, fijarse en cómo nacen las hojas de los pinos o disfrutar con estos fascinantes dibujos-cara que se divisan en las cortezas de los árboles…

Y, como no podía ser de otra manera, a la vuelta nos acercamos al río Palancia, un paraje que incluso en años de sequía a Cavanilles le había impresionado: “… los vegetales viven alegres en aquellas quebradas y graderías naturales, donde crecen con lozanía los almeces, arces, fresnos, espinos, cornejos, cervales … Enrédanse entre ellos, y no pocas veces los tapizan las parras, madreselvas, clemátides y zarzas…”
¿A qué esperáis?


Una hora – nada más

Una hora, a veces no hace falta más para olvidarse de un día agotador, una semana ajetreada. Es suficiente para llenarse de energía, aire fresco, aromas y colores. Tan sólo una hora de las 24 que tiene el día, el tiempo que el otro día nos bastó para dejarnos encantar por uno de los paseos más mágicos del Alto Palancia: el sendero por la ribera del río Palancia en el paraje de los Cloticos de Bejís. Ahí, donde nace ese agua tan buena y donde aún se encuentra naturaleza en estado puro. Un pequeño paraíso. El mundo del murmullo continuo del agua, de cascadas y preciosas pozas.


60 minutos para dejarse seducir por los olores y colores del otoño, por las hojas variopintas de álamos, fresnos y avellanos, de sauces, chopos, olmos  y cornejos. Una hora para contemplar las últimas flores de estas plantas valientes dispuestas a desafiar al invierno que viene. Un mundo de colores que hace que una hora se convierta en una des esas pequeñas eternidades.




¡¡¡Agua a la vista!!!

Evidentemente, estos días de calor inhumano no son para emprender grandes caminatas. Pero dispuestos a levantarse con las gallinas, el “paseo” que dimos el otro día, incluso con estas temperaturas, es genial. ¿Por qué? Porque no sólo ofrece encantadoras vistas, ofrece casi todo el rato ¡¡¡vistas al agua!!! Y también incluye ducha de pantano y baño en aguas termo-medicinales gratis. ¿Dónde? En la vecina Montanejos que elegimos para una caminata de unos 8 kilómetros llamada “Sendero de Los Estrechos”.

Después de unos 2 kilómetros de llevadero ascenso, llegamos arriba de la pared del estrecho que abre paso al río Mijares. Desde arriba se aprecian los caminos caprichosos que se busca el agua y que seducen también a los amantes del barranquismo y del kayak. Al otro lado se divisan los distintos miradores que hacen parar el tránsito de muchos viajeros entre Puebla de Arenoso y Montanejos.

Acercándonos a la presa del embalse de Arenoso, el aliviadero del embalse ese día nos recibió con un generoso chorro de agua, que a mitad de la caminata nos pareció una ducha divina. A partir de entonces el camino nos llevó por un precioso bosque en la falda del pico del Morron y del Colladilla, enganchando al Sendero de la Bojera y llegando ya al esperado fin: un baño deliciosamente refrescante en “Los Baños de la Reina” donde el río Mijares entre las impresionantes paredes del estrecho se convierte en un pequeño lago paradisíaco.

¿Ahora no tienes tiempo para recorrer nuestros pasos? No importa, ya que el agua termal sale a unos 25 grados, en los Baños de la Reina te puedes bañar hasta bien entrado el otoño. Irresistible, ¿a qué sí? Además, según las leyendas, estas aguas medicinales prometen eterna juventud y belleza…