Invierno, una estación que no sólo despierta emociones agridulces, más de uno siente un verdadero amor-odio hacía estos meses del año. Una relación ambigua causada por dilemas cotidianos con difícil solución. Viene la primera nevada -¡genial!- pero con ella también un frío que pela… Apetece pasar largas horas al lado de la chimenea -¡perfecto!- pero hay que cortar un montón de leña… Disfrutamos de impresionantes amaneceres y atardeceres -¡qué bonito!- pero oscurece tan temprano… ¡¡Aaayyy!!
Normal que el invierno levante pasiones, discusiones, discrepancias. Pero tiene muchas caras bonitas de las que muy poco se habla. Es la estación que trae el silencio, la naturaleza dormida, el desnudo de los árboles y con ello nos descubre paisajes fluviales o rincones normalmente escondidos. Son días con un aire cristalino y un cielo despejado que abre nuevos horizontes. Días para disfrutar de paseos por calles desiertas, impregnadas con el olor a estufa encendida. Es tiempo para asombrarse ante una pequeña flor intrépida y brotes esperando su gran momento. En fin, es la estación para disfrutar de un ritmo ralentizado llena de infinitos detalles.























