Nuestra casa está inmersa en una finca de 20.000 metros cuadrados.

Olivos robustos, higueras y nogales, pinos y coscojas dan al terreno, escalonado suavemente en terrazas, su encanto rural.

Siempre se respira el agradable olor a romero y tomillo, y según la estación del año la finca se convierte en un improvisado huerto rústico de espárragos silvestres, setas y moras, ofreciendo una gama de colores siempre diferente. A ello hay que sumar el gran protagonismo de nuestra huerta, garante de sensaciones ricas que seducen el paladar.

Alrededor de la casa hay un sinfín de rincones con espléndidas vistas de la cercana Jérica y del valle del río Palancia que invitan a relajarse. Desde cualquiera de ellos, al atardecer, y antes de emprender un breve y entretenido paseo hacia el pueblo, vale la pena presenciar la puesta del sol ante el panorama de los impresionantes 1.334 metros de la Peña Escabia.